Introducción

Costa Rica es una democracia estable desde 1949. Antes de ese año se realizaban elecciones periódicamente, pero con prácticas de fraude comunes y variadas (Molina y Lehoucq 1999). Es luego de la breve guerra civil de 1948 cuando los actores políticos ininterrumpidamente cumplen el precepto democrático de aceptar la derrota cuando los votan en contra (Przeworski 1991; ver también Bowman 2000). Bajo el nuevo marco constitucional establecido en 1949, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) regula la competencia electoral con independencia y las mujeres adquieren el derecho a votar, lo cual amplía la inclusividad del régimen político a toda la población adulta. Si bien la proscripción del partido comunista que rigió hasta 1975 debilita la cualidad de competencia libre, en general, los derechos civiles y políticos de la ciudadanía se respetan en el periodo posguerra civil (Programa Estado de la Nación 2001). Costa Rica es, por lo tanto, una democracia consolidada.

Desde 1953 –la primera elección presidencial luego de la guerra civil– hasta 2018 se contabilizan 17 elecciones nacionales en las que se eligen simultáneamente presidente (de forma directa) y la totalidad de escaños del congreso unicameral, la Asamblea Legislativa, para periodos de cuatro años. Es decir, hay 17 transiciones pacíficas del poder, la mayoría con alternancia de partidos en la presidencia, cinco con continuidad del partido, pero ninguna con reelección consecutiva del presidente, pues la constitución del 49 la prohíbe (la reelección puede buscarse luego de dos periodos para el presidente y luego de un periodo para las personas legisladoras).