Las donaciones en físico durante las tragedias: efectos económicos y ambientales sobre las comunidades afectadas frente a la asistencia humanitaria basada en mercados

Author

Ilich H. De La Hoz Siegler, MD. MPH. MPP. FMS. HM

Introducción

Las emergencias humanitarias provocadas por desastres naturales, conflictos armados o crisis complejas suelen movilizar enormes corrientes de solidaridad nacional e internacional. Tradicionalmente, esta solidaridad se ha expresado mediante el envío de alimentos, ropa, medicamentos, agua embotellada, materiales de construcción y otros bienes físicos. Aunque estas acciones responden a motivaciones altruistas y pueden resultar indispensables durante las primeras etapas de una crisis, la literatura contemporánea en economía del desarrollo, logística humanitaria y protección social ha demostrado que las donaciones en especie también pueden producir efectos adversos cuando se aplican en contextos donde los mercados mantienen algún grado de funcionamiento (1-4).

Durante las últimas dos décadas ha surgido un consenso creciente según el cual la efectividad de la ayuda depende menos de la cantidad de bienes distribuidos y más de su capacidad para proteger o restaurar los sistemas económicos locales. Como resultado, organismos como el Programa Mundial de Alimentos (WFP), el Banco Mundial y numerosas organizaciones humanitarias han promovido enfoques de asistencia basados en mercados, transferencias monetarias y compras locales como mecanismos para responder a las crisis sin desplazar la actividad económica existente (1-7).

Este enfoque no implica abandonar las donaciones físicas. Por el contrario, reconoce que estas siguen siendo esenciales cuando los mercados han colapsado completamente. Sin embargo, cuando las cadenas comerciales, el transporte y los establecimientos continúan operando total o parcialmente, la evidencia indica que las donaciones en especie prolongadas pueden contribuir al debilitamiento de mercados locales, erosionar capacidades productivas y ralentizar la recuperación económica (1-4).

Si bien cada emergencia requiere una evaluación específica, eventos recientes como el terremoto ocurrido en Colombia el 10 de agosto de 2026 ilustran la importancia de analizar cuidadosamente el estado real de los mercados antes de definir los mecanismos de ayuda. Cuando los sistemas comerciales mantienen capacidad de abastecimiento, la evidencia recomienda privilegiar intervenciones que fortalezcan la economía local en lugar de sustituirla (1,2,5). Mi subjetiva experiencia en terreno durante tragedias humanitarias en los distintos momentos de su desarrollo también lo confirma, la sostenibilidad y la acción consistente deben guiar nuestras acciones, es siempre mejor fortalecer capacidades locales aun cuando los efectos no sean tan espectaculares al comienzo. No es elegir no actuar, es hacerlo de forma inteligente y consistente con la evidencia atendiendo el principio de “Primum non nocere”.


La asistencia humanitaria basada en mercados: un cambio de paradigma

La asistencia humanitaria basada en mercados (Market-Based Humanitarian Assistance) surge de una observación fundamental: en muchas emergencias los bienes continúan existiendo, pero las familias han perdido ingresos, liquidez o capacidad de acceso para adquirirlos (2,3).

Esta perspectiva distingue entre tres tipos de situaciones:

  1. Mercados colapsados, donde no existen bienes disponibles y la ayuda física es indispensable.

  2. Mercados parcialmente funcionales, donde la oferta existe pero enfrenta restricciones.

  3. Mercados funcionales, donde los bienes están disponibles pero la población carece de recursos para comprarlos (2,3,7).

La relevancia de esta distinción es central. Mientras que en mercados colapsados las transferencias monetarias pueden resultar ineficaces, en mercados funcionales o parcialmente funcionales suelen generar mejores resultados económicos porque preservan el tejido empresarial y mantienen activas las cadenas comerciales locales (1-3,5).

El Programa Mundial de Alimentos ha documentado una expansión sostenida de las transferencias monetarias precisamente porque permiten combinar asistencia inmediata con fortalecimiento económico local. Según el WFP, estas modalidades ofrecen mayor flexibilidad para los beneficiarios y pueden estimular la actividad económica de las comunidades receptoras cuando los mercados continúan operando (5).


Efectos de corto plazo

Donaciones en físico: alivio inmediato y desplazamiento de la demanda

Las donaciones físicas cumplen una función insustituible cuando una catástrofe destruye infraestructura crítica, interrumpe las comunicaciones o impide el funcionamiento de los mercados. En estas circunstancias, los hogares necesitan bienes que simplemente no pueden obtener localmente y la asistencia en especie salva vidas (5,7).

No obstante, cuando existen comercios operativos o cadenas de suministro parcialmente funcionales, aparecen los primeros efectos de sustitución. Al recibir gratuitamente productos que antes adquirían en el mercado, los hogares reducen sus compras a comerciantes y productores locales. Este fenómeno desplaza la demanda desde la economía local hacia los bienes distribuidos por actores externos, reduciendo ingresos precisamente en el momento en que empresas y hogares intentan recuperarse (1-3).

Otro efecto frecuente es la congestión logística. Numerosas experiencias humanitarias han mostrado que grandes volúmenes de bienes no solicitados pueden saturar puertos, aeropuertos, bodegas y centros de distribución, dificultando la llegada de suministros prioritarios y aumentando los costos operativos de la emergencia (8,12).

Transferencias monetarias: estabilización del consumo y riesgos iniciales

Las transferencias monetarias permiten a los hogares adquirir directamente los productos que requieren, utilizando las redes comerciales existentes. Revisiones realizadas por el Banco Mundial concluyen que, en mercados funcionales, esta modalidad alcanza resultados comparables o superiores a la ayuda en especie en diversos indicadores de bienestar y seguridad alimentaria (1-3).

El principal riesgo en esta etapa es la inflación localizada. Sin embargo, la literatura muestra que dicha inflación no constituye una consecuencia automática de las transferencias monetarias. Generalmente aparece cuando coinciden cuatro factores: restricciones de oferta, aislamiento geográfico, interrupciones logísticas o escasa competencia entre vendedores (1-3).

Por tanto, la inflación debe entenderse como un riesgo contingente asociado a determinadas estructuras de mercado, no como una característica inherente de la asistencia monetaria.


Efectos de mediano plazo

Donaciones en físico: debilitamiento de cadenas de suministro

Los efectos más significativos de las donaciones físicas suelen aparecer durante los meses posteriores a la emergencia. En esta etapa, el problema deja de ser la asistencia directa a las familias y pasa a ser el impacto sobre las cadenas de suministro.

Una cadena de suministro incluye agricultores, fabricantes, distribuidores, transportistas, operadores logísticos, comerciantes y consumidores. Cuando la ayuda se adquiere fuera del territorio afectado y se distribuye gratuitamente, una parte sustancial de los recursos económicos destinados a la recuperación se transfiere hacia proveedores externos en lugar de circular dentro de la economía local (4,8,9).

Las consecuencias incluyen:

  • reducción de ventas para productores locales;

  • disminución de pedidos a proveedores nacionales;

  • menor utilización de transporte y almacenamiento local;

  • reducción de empleo en actividades comerciales;

  • pérdida de capital de trabajo para pequeñas empresas.

La investigación de Matopoulos, Kovács y Hayes sobre procesos de reconstrucción posterior a desastres mostró que el uso de proveedores y recursos locales fortaleció capacidades empresariales, mejoró el desempeño logístico y generó beneficios económicos persistentes más allá de la intervención humanitaria (4).

Transferencias monetarias: multiplicadores económicos y riesgos de especulación

En contraste, las transferencias monetarias introducen liquidez dentro de la economía afectada. Cuando los beneficiarios realizan compras locales, el dinero circula a través de comerciantes, distribuidores, transportistas y productores, generando efectos multiplicadores sobre ingresos y empleo (1,2,5).

No obstante, existen riesgos. Cuando pocos actores controlan la oferta disponible, pueden producirse conductas especulativas mediante aumentos de precios. Asimismo, en mercados con baja capacidad de respuesta, el incremento de la demanda puede ejercer presión sobre determinados bienes esenciales (1-3).

Por esta razón, las agencias humanitarias más avanzadas suelen complementar las transferencias monetarias con sistemas de monitoreo de precios, análisis permanentes de mercado y mecanismos de protección de la competencia (1-3).


Haití: una advertencia sobre la sustitución productiva

El caso de Haití constituye una de las experiencias más discutidas en la literatura sobre ayuda alimentaria y desarrollo agrícola.

Sin embargo, es importante evitar explicaciones simplistas. El deterioro de la producción arrocera haitiana no fue causado exclusivamente por la ayuda humanitaria. Diversos estudios identifican una combinación de factores, entre ellos la liberalización comercial de los años noventa, la reducción de aranceles, la entrada masiva de arroz estadounidense subsidiado y determinadas modalidades de ayuda alimentaria que reforzaron la dependencia de las importaciones (10-13).

Como resultado, muchos agricultores locales enfrentaron crecientes dificultades para competir en precio, lo que contribuyó a una reducción progresiva de la producción nacional y al fortalecimiento de la dependencia alimentaria externa (10-13).

La importancia del caso haitiano radica en que ilustra cómo políticas e intervenciones externas bien intencionadas pueden interactuar con vulnerabilidades estructurales preexistentes y terminar debilitando capacidades productivas locales.


África: la evidencia que impulsó la transformación humanitaria

Gran parte de la evolución hacia modelos basados en mercados proviene de la experiencia acumulada en África.

Uno de los ejemplos más relevantes es el Productive Safety Net Programme (PSNP) de Etiopía. Este programa combinó transferencias monetarias, apoyo alimentario focalizado y programas de trabajo comunitario orientados a la creación de activos productivos y restauración ambiental. Las evaluaciones mostraron mejoras en seguridad alimentaria, reducción de la venta forzada de activos durante períodos de sequía y fortalecimiento de la resiliencia de los hogares rurales (1-3).

Asimismo, programas implementados por el WFP en Kenia, Somalia y Uganda demostraron que, incluso durante crisis severas, muchos mercados conservaban capacidad de abastecimiento. En estos contextos, las transferencias monetarias permitieron sostener la actividad comercial local y evitar parte de los efectos de desplazamiento asociados a las donaciones físicas prolongadas (5,7).

Otro ejemplo relevante corresponde a las iniciativas de compras locales y regionales promovidas por el WFP. Bajo este modelo, los alimentos son adquiridos directamente a agricultores y cooperativas cercanas a las zonas afectadas. Esto permite reducir tiempos logísticos, fortalecer productores locales y mantener los recursos financieros de la ayuda dentro de las economías receptoras (5,6).


Los efectos ambientales de las donaciones en especie

El debate sobre ayuda humanitaria ha estado tradicionalmente dominado por consideraciones económicas y sociales. Sin embargo, la dimensión ambiental adquiere cada vez mayor relevancia.

La ayuda en especie depende de cadenas logísticas intensivas en transporte. Alimentos, agua embotellada, ropa y materiales de emergencia suelen recorrer miles de kilómetros mediante barcos, aviones y camiones antes de llegar a los beneficiarios. Estas operaciones generan emisiones significativas de gases de efecto invernadero y consumen importantes cantidades de energía fósil (6,8,9).

Además, las operaciones humanitarias producen grandes volúmenes de residuos asociados a cartón, plástico, empaques, pallets y materiales de embalaje. Cuando los sistemas locales de gestión de residuos han sido afectados por la emergencia, estos materiales pueden transformarse en nuevas cargas ambientales y sanitarias para las comunidades receptoras (8,12).

La literatura también identifica el problema de las donaciones no solicitadas. Medicamentos próximos a vencer, ropa inadecuada, alimentos culturalmente incompatibles o materiales técnicamente inutilizables constituyen ejemplos frecuentes de recursos que consumen combustible, espacio logístico y mano de obra para finalmente convertirse en residuos (8,12).

Por el contrario, los enfoques basados en mercados tienden a reducir estos impactos porque utilizan redes comerciales ya existentes y disminuyen la necesidad de transportar grandes volúmenes de mercancías a largas distancias (4,6).


Cómo evitar la dependencia

La dependencia constituye uno de los principales argumentos utilizados contra las transferencias monetarias. Sin embargo, la evidencia indica que la dependencia no surge simplemente por recibir ayuda, sino por recibir ayuda sin una estrategia orientada a la recuperación económica (1-3).

Los programas exitosos suelen incorporar:

  • estrategias de salida graduales;

  • fortalecimiento de medios de vida;

  • apoyo a pequeños productores;

  • rehabilitación de infraestructura económica;

  • compras locales;

  • participación de organizaciones comunitarias.

El PSNP etíope representa nuevamente un caso ilustrativo porque combinó asistencia con construcción de activos productivos y mecanismos orientados a fortalecer la autonomía futura de los hogares (1-3).

La localización de la ayuda también desempeña un papel fundamental. Cuando los recursos destinados a la emergencia son gestionados mediante proveedores, organizaciones y trabajadores locales, aumentan las probabilidades de que los beneficios económicos permanezcan en la comunidad después de finalizada la asistencia (4,6).


Conclusión

La evidencia disponible no respalda una oposición absoluta entre donaciones físicas y transferencias monetarias. Ambas herramientas cumplen funciones importantes en contextos distintos.

Sin embargo, la literatura contemporánea muestra que las donaciones en especie resultan más apropiadas cuando los mercados han colapsado completamente, mientras que las intervenciones basadas en mercados suelen producir mejores resultados económicos cuando existe capacidad local de abastecimiento (1-7).

Las donaciones físicas prolongadas pueden contribuir al desplazamiento de la demanda, al debilitamiento de cadenas de suministro, a la erosión de capacidades productivas y al incremento de costos ambientales asociados al transporte y la generación de residuos (4,8,9,12). Las transferencias monetarias también presentan riesgos, especialmente inflación localizada, especulación o dependencia, pero estos dependen principalmente de las características del mercado y del diseño institucional del programa (1-3).

La principal lección de la asistencia humanitaria moderna es que ayudar no consiste únicamente en movilizar recursos hacia una zona afectada. Consiste en hacerlo de manera que se protejan las capacidades económicas, sociales y ambientales que permitirán a las comunidades recuperarse por sí mismas. En última instancia, la ayuda más sostenible no es la que reemplaza los mercados, sino la que contribuye a que vuelvan a funcionar.

Referencias

  1. Gentilini U. Revisiting the Cash versus Food Debate: New Evidence for an Old Puzzle? World Bank Research Observer. 2015.

  2. Gentilini U. The Other Side of the Coin: The Comparative Evidence of Cash and In-Kind Transfers in Humanitarian Situations. Washington DC: World Bank; 2016.

  3. Jeong D, Trako I. Cash and In-Kind Transfers in Humanitarian Settings: A Review of Evidence and Knowledge Gaps. World Bank Policy Research Working Paper No. 10026; 2022.

  4. Matopoulos A, Kovács G, Hayes O. Local resources and procurement practices in humanitarian supply chains: an empirical examination of large-scale house reconstruction projects. Decision Sciences. 2014;45(4):621-646.

  5. World Food Programme. Food Assistance: Cash and In-Kind. Rome: WFP.

  6. Humanitarian Logistics Association. Local Procurement Framework. 2024.

  7. CALP Network. Cash, Vouchers and In-Kind Goods and Services.

  8. Moshtari M, Altay N, Heikkilä J, Gonçalves P. Procurement in Humanitarian Organizations: Body of Knowledge and Practitioner’s Challenges. International Journal of Production Economics. 2021;233:108017.

  9. Stumpf J, Besiou M, Wakolbinger T. Assessing the value of supply chain management in the humanitarian context. Journal of Humanitarian Logistics and Supply Chain Management. 2023;13(1):1-9.

  10. FAO. Haiti: Escalating Violence and Economic Shocks Compound Hunger Crisis. 2024.

  11. FAO. Haiti Humanitarian Needs and Response Plan 2024.

  12. Tay HL, Loh HS, Chen HS. Exploring humanitarian procurement: a systematic review. Cogent Business & Management. 2025;12:2445182.

  13. The Haitian Times. Farmers in Haiti’s Maniche drive rice production revival aiming to restore battered agriculture sector. 2025.