Introducción

El sueño es una necesidad biológica fundamental que influye directamente en la salud física, mental y el bienestar general de las personas. Sin embargo, la cantidad y calidad del sueño no se distribuyen de manera homogénea en la población, sino que están condicionadas por factores sociales, económicos y demográficos. En este sentido, el tiempo dedicado al sueño puede entenderse como un fenómeno social atravesado por desigualdades estructurales relacionadas con el sexo, la edad, la escolaridad, la condición de actividad económica y el contexto territorial, entre otros.

El estado de Puebla, con su diversidad socioeconómica y cultural, representa un caso de particular interés para el análisis de estos patrones. A partir de los datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, elaborada por el INEGI, el presente trabajo analiza los factores sociodemográficos asociados al tiempo semanal de sueño en la población poblana, con el objetivo de identificar qué características se asocian con mayores o menores horas de descanso.

Metodologia

El presente estudio tiene un enfoque cuantitativo de corte transversal. Los datos provienen de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se trabajó con la submuestra correspondiente al estado de Puebla, integrada por 2,751 personas.

La variable dependiente es el tiempo total de sueño semanal, medida en horas. Las variables independientes o factores sociodemográficos analizados fueron: sexo, grupo de edad, escolaridad, situación conyugal, autoadscripción indígena, autoadscripción afrodescendiente, condición de discapacidad, condición de actividad económica y tamaño de localidad.

El análisis se realizó en tres etapas, en primer lugar, se elaboró un análisis descriptivo de las características sociodemográficas de la muestra y estadísticas descriptivas del tiempo de sueño por categoría, en segundo lugar, se realizaron pruebas de comparación de medias: prueba t de Welch para variables dicotómicas y ANOVA de un factor para variables con más de dos categorías, acompañadas de sus respectivos tamaños de efecto, finalmente, se estimó un modelo de regresión lineal múltiple para identificar el efecto neto de cada variable sobre el tiempo de sueño, controlando por las demás

Cuadro 1. Características sociodemográficas de la muestra. Puebla, ENUT 2024
Variable Categoría n %
Sexo Hombre 1223 44.5
Mujer 1528 55.5
Grupo de edad 12-17 399 14.5
18-29 606 22.1
30-44 689 25.1
45-59 554 20.2
60 y más 500 18.2
Escolaridad Hasta primaria 1006 36.6
Secundaria 714 26.0
Bachillerato o equivalente 574 20.9
Superior 457 16.6
Situación conyugal Casadx / Unión libre 1405 55.1
Separadx / Divorciadx 38 1.5
Viudx 182 7.1
Solterx 927 36.3
Autoadscripción indígena Si 1524 56.4
No 1179 43.6
Autoadscripción afrodescendiente Si 74 2.7
No 2677 97.3
Condición de discapacidad Si 163 5.9
No 2588 94.1
Condición de actividad económica Ocupada 1675 60.9
Desocupada / Jubilada / Otra 155 5.6
Estudiante 296 10.8
Trabajo domestico 625 22.7
Tamaño de localidad 100,00 o más 711 25.8
Entre 15,000 a 99,999 381 13.8
Entre 2,500 a 14,999 718 26.1
Menos de 2,500 941 34.2
Note:
Fuente: Elaboración propia con información de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, INEGI.

Como se puede observar, la muestra está compuesta por 2,751 personas, de las cuales el 55.5% son mujeres y el 44.5% hombres, respectivamente el grupo de edad más numeroso es el de 30-44 años (25.1%), seguido por el de 18-29 años (22.1%), en cuanto a escolaridad, el 36.6% cuenta con hasta primaria, la mayoría se encuentra en unión libre o casadx (55.1%) y el 56.4% se autoadscribe como indígena, lo que refleja la importante presencia de población originaria en Puebla, el 60.9% se encuentra ocupada laboralmente y el 34.2% habita en localidades de menos de 2,500 habitantes.

Como primer factor analizaremos el sexo como una variable de la cual puede, o no, ser un factor de sueño

En esta grafica se puede ver que las mujeres de Puebla duermen en promedio más que los hombres, teniendo 38.7 y 37.2 horas de sueño semanales respectivamente, dado como resultado un promedio de 1.5 horas de sueño más a favor de las mujeres, esto se puede deber a diversos factores que se analizaran más adelante.

Este hallazgo puede parecer contraintuitivo si se considera que las mujeres enfrentan una mayor carga de trabajo no remunerado. Sin embargo, desde una perspectiva sociológica, puede interpretarse a partir de la división sexual del trabajo y la organización del tiempo: los hombres tienden a tener jornadas laborales remuneradas más largas y rígidas, lo que reduce su tiempo disponible para el descanso, por su parte, las mujeres, aunque con mayor carga doméstica, pueden tener mayor flexibilidad en la gestión de sus tiempos cotidianos, especialmente en contextos rurales o semiurbanos como los de Puebla. Esto no significa que duerman mejor, sino que pueden dormir más horas, lo cual no necesariamente equivale a un descanso de mayor calidad.

Como siguiente factor se anazara la autopercepción indigena para tener un factor más, esto se agrega considerando que mas del 50% de la población de dicho estado se considera perteneciente a alguna etnicidad.

Las personas que se autadscriben como indígenas duermen en promedio más que quienes no lo hacen con un 38.4 y 37.4 horas respectivamente.

Este resultado es sugerente pues nos indica que las diferencias en el tiempo de sueño asociadas a la pertenencia étnica no operan de forma autónoma, sino que están mediadas por otras condiciones estructurales como la escolaridad, el tamaño de localidad o la actividad económica, variables en las que históricamente la población indígena y afrodescendiente ha enfrentado mayores desigualdades.

Como bien sabemos la discapacidad es un factor limitante, es por ello que he decidido agregarlo al analisis como un factor de sueño:

Las personas con discapacidad muestran una media de sueño ligeramente mayor (38.9 horas) que quienes no la tienen (38.0 horas), con intervalos de confianza que se solapan considerablemente. Esto se confirma en el Cuadro 3, donde la prueba t no resulta significativa (p = 0.232).

Ahora vamos a analizar el sueño por edad

Se observa una curva en forma de U: los adolescentes de 12-17 años duermen más (40.5 horas semanales), el tiempo de sueño disminuye progresivamente hasta alcanzar su mínimo en el grupo de 30-44 años (36.9 horas), y luego aumenta nuevamente en las personas de 60 años y más (38.8 horas).

La etapa de vida adulta intermedia (30-44 años) concentra simultáneamente las mayores demandas laborales, familiares y de cuidado. Es la etapa en que las personas suelen tener hijos pequeños, jornadas laborales intensas y mayores responsabilidades económicas, todo lo cual comprime el tiempo disponible para el sueño. En contraste, la adolescencia y la vejez, aunque por razones distintas, implican menores presiones de este tipo. Este hallazgo es consistente con lo que la sociología del tiempo llama la “crisis de tiempo” en la adultez media, donde el sueño se convierte en uno de los primeros sacrificios ante la sobrecarga de roles.

Ahora analizaremos la escolaridad como un factor de sueño

Como se observa hay una tendencia clara, a mayor escolaridad, menor tiempo de sueño. Las personas con hasta primaria duermen en promedio 39.6 horas semanales, mientras que quienes tienen educación superior duermen 35.1 horas.

Este hallazgo desafía la idea de que la educación siempre mejora las condiciones de vida, las personas con mayor escolaridad tienden a insertarse en mercados laborales más exigentes, con jornadas más largas, mayor uso de tecnología y mayores presiones de productividad, todo lo cual reduce el tiempo de sueño. Por otro lado, puede existir un efecto de estilo de vida: las personas con educación superior suelen tener agendas más saturadas de actividades, tanto laborales como sociales y culturales. En contraste, las personas con menor escolaridad, frecuentemente insertas en trabajos físicos o informales con horarios más regulares, o en contextos rurales con menor exposición a estímulos nocturnos como pantallas y vida nocturna, pueden tener patrones de sueño más alineados con los ciclos naturales.

Ahora analizaremos el sueño por actividad economica

Las personas ocupadas duermen significativamente menos (37.0 horas) que quienes realizan trabajo doméstico (40.1 horas) o están desocupadas/jubiladas (39.9 horas).

Este resultado evidencia cómo el mercado laboral organiza y regula el tiempo de los cuerpos. Las personas insertas en el trabajo remunerado formal o informal están sujetas a horarios externos que estructuran su jornada y comprimen el tiempo de descanso. Es importante notar que quienes realizan trabajo doméstico no remunerado duermen más horas que las personas ocupadas, lo que podría sugerir que, aunque el trabajo doméstico es igualmente demandante, ofrece mayor flexibilidad temporal para el descanso. Sin embargo, este dato debe interpretarse con cautela, ya que no dice nada sobre la calidad del sueño ni sobre las condiciones materiales en que este ocurre.

Ahora analizaremos la situación conyugal y el sueño

Las personas viudas muestran el mayor tiempo de sueño (40.2 horas), mientras que las separadas/divorciadas el menor (36.6 horas).

la situación conyugal no opera de forma independiente sobre el sueño, sino que su efecto está entrelazado con otras condiciones estructurales. Las personas viudas, por ejemplo, suelen ser de mayor edad y estar fuera del mercado laboral, lo que explicaría su mayor tiempo de sueño. De igual modo, las personas separadas o divorciadas pueden enfrentar mayores presiones económicas y laborales tras la ruptura conyugal, lo que reduciría su tiempo de descanso.

Ahora el tamaño de localidad como factor

Las personas en localidades de 100,000 habitantes o más duermen menos (36.4 horas) que quienes habitan en localidades más pequeñas. Las localidades de entre 2,500 y 14,999 habitantes registran el mayor promedio (39.1 horas).

Desde la sociología urbana, este hallazgo es coherente con la idea de que las grandes ciudades generan ritmos de vida más acelerados, con mayores tiempos de traslado, mayor exposición a estímulos nocturnos, jornadas laborales más extensas y mayor presión económica. Las localidades intermedias y rurales, en cambio, tienden a organizarse en torno a ritmos más acordes con los ciclos naturales de luz y oscuridad, con menor contaminación lumínica y sonora, y con formas de organización del tiempo cotidiano menos mediadas por las exigencias del mercado.

Cuadro 2. Estadísticas descriptivas del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas. Puebla, ENUT 2024.
Variable Categoria n mean sd LI95 LS95
Sexo Hombre 1223 37.220 6.931 36.83117 37.60883
Mujer 1528 38.712 7.158 38.35281 39.07119
Grupo de edad 12-17 399 40.533 6.023 39.94022 41.12579
18-29 606 37.693 6.912 37.14158 38.24442
30-44 689 36.900 6.606 36.40587 37.39413
45-59 554 37.428 6.989 36.84474 38.01126
60 y más 500 38.755 8.274 38.02800 39.48200
Escolaridad Hasta primaria 1006 39.634 7.564 39.16602 40.10198
Secundaria 714 38.510 6.267 38.04954 38.97046
Bachillerato o equivalente 574 37.076 6.463 36.54616 37.60584
Superior 457 35.061 6.903 34.42643 35.69557
Situación conyugal Casadx / Unión libre 1405 37.714 6.824 37.35687 38.07113
Separadx / Divorciadx 38 36.622 6.368 34.52889 38.71511
Viudx 182 40.230 8.718 38.95490 41.50510
Solterx 927 38.360 6.924 37.91369 38.80631
Autoadscripción indígena Si 1524 38.407 6.892 38.06071 38.75329
No 1179 37.433 7.089 37.02794 37.83806
Autoadscripción afrodescendiente Si 74 36.176 6.569 34.65409 37.69791
No 2677 38.100 7.104 37.83077 38.36923
Condición de discapacidad Si 163 38.870 9.134 37.45723 40.28277
No 2588 37.997 6.946 37.72927 38.26473
Condición de actividad económica Ocupada 1675 36.955 6.701 36.63386 37.27614
Desocupada / Jubilada / Otra 155 39.864 9.608 38.33945 41.38855
Estudiante 296 39.031 6.339 38.30588 39.75612
Trabajo domestico 625 40.063 7.149 39.50144 40.62456
Tamaño de localidad 100,00 o más 711 36.426 7.288 35.88939 36.96261
Entre 15,000 a 99,999 381 37.121 6.693 36.44680 37.79520
Entre 2,500 a 14,999 718 39.112 7.272 38.57919 39.64481
Menos de 2,500 941 38.838 6.702 38.40924 39.26676

Sexo: Los hombres duermen en promedio 37.2 horas semanales , mientras que las mujeres duermen 38.7 horas. Los intervalos de confianza no se traslapan, lo que anticipa una diferencia estadísticamente significativa.

Grupo de edad: El grupo de 12-17 años presenta la media más alta y los intervalos más amplios. El grupo de 30-44 años registra la media más baja. A partir de los 45 años el tiempo de sueño aumenta gradualmente, llegando a 38.8 horas en el grupo de 60 y más.

Escolaridad: Existe un gradiente descendente muy claro. Las personas con hasta primaria duermen 39.6 horas, las de secundaria 38.5 horas, bachillerato 37.1 horas y quienes tienen educación superior únicamente 35.1 horas, la media más baja de toda la muestra.

Situación conyugal: Las personas viudas registran la media más alta con los intervalos más amplios, posiblemente por el tamaño pequeño del grupo. Las personas separadas/divorciadas duermen menos (36.6 horas, DE = 6.37), aunque también son el grupo más pequeño.

Autoadscripción indígena: Las personas que se autadscriben como indígenas duermen en promedio 38.4 horas, frente a 37.4 horas de quienes no se autadscriben. La diferencia es de aproximadamente una hora semanal.

Autoadscripción afrodescendiente: Las personas que se autadscriben como afrodescendientes duermen menos que quienes no lo hacen, aunque el grupo afrodescendiente es muy pequeño, lo que limita la precisión de la estimación, si bien este dato tambien nos dice algo sobre la percepción que tenemos de nosotrxs mismxs.

Condición de discapacidad: Las personas con discapacidad duermen en promedio 38.9 horas frente a 38.0 horas de quienes no la tienen. La desviación estándar más alta en el grupo con discapacidad indica mayor variabilidad en sus patrones de sueño.

Actividad económica: Las personas ocupadas duermen menos (37.0 horas,dando un total de 6.70 al día). En contraste, quienes realizan trabajo doméstico duermen 40.1 horas y las personas desocupadas/jubiladas 39.9 horas. Las estudiantes se ubican en un punto intermedio con 39.0 horas.

Tamaño de localidad: Las personas en localidades grandes de 100,000 o más habitantes duermen menos, mientras que quienes habitan en localidades de entre 2,500 y 14,999 habitantes duermen más.

Cuadro 3. Comparación del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas. Resultados de pruebas estadísticas. Puebla, ENUT 2024
Variable Prueba t/F gl p Tamaño del efecto Medida
Sexo t de Welch -5.530 2652.11 <0.001 -0.211 d de Cohen
Grupo de edad ANOVA 19.937 4.00 <0.001 0.028 η²
Escolaridad ANOVA 50.983 3.00 <0.001 0.053 η²
Situación conyugal ANOVA 8.017 3.00 <0.001 0.009 η²
Autoadscripción indígena t de Welch 3.585 2497.71 <0.001 0.140 d de Cohen
Autoadscripción afrodescendiente t de Welch -2.481 77.79 0.015 -0.271 d de Cohen
Condición de discapacidad t de Welch 1.199 174.00 0.232 0.123 d de Cohen
Condición de actividad económica ANOVA 36.698 3.00 <0.001 0.039 η²
Tamaño de localidad ANOVA 24.439 3.00 <0.001 0.026 η²
Fuente: Elaboración propia con información de la ENUT 2024.

Los resultados muestran que la mayoría de las variables sociodemográficas se asocian de forma significativa con el tiempo de sueño:

Variables significativas (p <0.001): sexo, grupo de edad, escolaridad, situación conyugal, autoadscripción indígena, condición de actividad económica y tamaño de localidad. Todas presentan diferencias estadísticamente significativas en el tiempo de sueño semanal.

Autoadscripción afrodescendiente: También resulta significativa aunque con p = 0.015, con un efecto negativo (d = -0.271), siendo las personas afrodescendientes quienes duermen menos. Es el tamaño de efecto más grande en valor absoluto entre las variables dicotómicas.

Condición de discapacidad: Es la única variable que no resulta estadísticamente significativa (p = 0.232), con un tamaño de efecto muy pequeño (d = 0.123).

En cuanto a los tamaños de efecto, todos son pequeños, lo cual es esperable en fenómenos sociales complejos. Los más relevantes son la escolaridad (η² = 0.053) y el grupo de edad (η² = 0.028) entre las variables con ANOVA, y la autoadscripción afrodescendiente (d = -0.271) y el sexo (d = -0.211) entre las dicotómicas.

Cuadro 4. Modelo de regresión lineal múltiple para el tiempo semanal de sueño. Puebla, ENUT 2024
Variable Categoría β EE p
Sexo Hombre (referencia)
Mujer 0.96 0.30 0.001
Grupo de edad 12-17 (referencia)
18-29 -2.70 0.55 <0.001
30-44 -3.94 0.62 <0.001
45-59 -3.76 0.65 <0.001
60 y más -4.02 0.71 <0.001
Escolaridad Hasta primaria (referencia)
Secundaria -1.31 0.37 <0.001
Bachillerato o equivalente -2.34 0.41 <0.001
Superior -3.41 0.48 <0.001
Situación conyugal Casadx / Unión Libre (referencia)
Separadx / Divorciadx 0.42 1.11 0.703
Viudx 0.70 0.59 0.237
Solterx 0.27 0.40 0.504
Autoadscripción indígena No (referencia)
Si -0.10 0.30 0.739
Autoadscripción afrodescendiente No (referencia)
Si -1.27 0.81 0.118
Condición de discapacidad No (referencia)
Si -0.18 0.60 0.762
Condición de actividad económica Ocupada (referencia)
Desocupada / Jubilada / Otra 2.48 0.63 <0.001
Estudiante -0.82 0.55 0.138
Trabajo domestico 2.15 0.38 <0.001
Tamaño de localidad 100,000 y más (referencia)
Entre 15,000 a 99,999 -0.54 0.45 0.229
Entre 2,500 a 14,999 0.82 0.41 0.048
Menos de 2,500 0.39 0.39 0.326
Fuente: Elaboración propia con información de la ENUT 2024.

El modelo de regresión permite identificar qué variables mantienen un efecto significativo sobre el tiempo de sueño controlando por las demás, es decir, el efecto neto de cada una.

Sexo: Ser mujer se asocia con 0.96 horas más de sueño semanal respecto a los hombres (p = 0.001), efecto que se mantiene aun controlando por todas las demás variables.

Grupo de edad: Todos los grupos duermen significativamente menos que los adolescentes de 12-17 años. El efecto aumenta con la edad adulta: el grupo de 18-29 años duerme 2.70 horas menos (p <0.001), el de 30-44 años duerme 3.94 horas menos (p <0.001), el de 45-59 años 3.76 horas menos (p <0.001), y el de 60 y más duerme 4.02 horas menos (p <0.001). Este último resultado sugiere que las personas mayores duermen menos de lo que aparenta la estadística descriptiva, una vez que se controla por escolaridad, actividad económica y otras variables.

Escolaridad: A mayor escolaridad, menos horas de sueño. Respecto a quienes tienen hasta primaria: secundaria implica 1.31 horas menos (p <0.001), bachillerato 2.34 horas menos (p <0.001) y educación superior 3.41 horas menos (p <0.001). Es una de las variables con mayor efecto en el modelo.

Situación conyugal: Ninguna categoría resulta significativa en el modelo múltiple (todas con p > 0.20), lo que indica que las diferencias observadas en el análisis bivariado se explican por otras variables como la edad o la actividad económica.

Autoadscripción indígena y afrodescendiente: Tampoco resultan significativas en el modelo múltiple (p = 0.739 y p = 0.118 respectivamente), lo que sugiere que sus efectos observados en el análisis bivariado están mediados por otras variables sociodemográficas.

Condición de discapacidad: No es significativa ni en el análisis bivariado ni en la regresión (p = 0.762).

Actividad económica: Es una de las variables con mayor peso en el modelo. Respecto a las personas ocupadas, quienes están desocupadas/jubiladas duermen 2.48 horas más (p <0.001) y quienes realizan trabajo doméstico duermen 2.15 horas más (p <0.001). Las estudiantes no muestran diferencia significativa (p = 0.138).

Tamaño de localidad: Solo la categoría de localidades entre 2,500 y 14,999 habitantes muestra una diferencia significativa respecto a las grandes ciudades. Las demás categorías no alcanzan significancia estadística en el modelo múltiple.

Conclusiones

El presente análisis sobre los factores sociodemográficos asociados al tiempo de sueño semanal en Puebla, a partir de los datos de la ENUT 2024, permite identificar patrones que revelan cómo las desigualdades estructurales se inscriben en los cuerpos y en la organización cotidiana del tiempo. Con una media general de aproximadamente 38 horas semanales (aproximadamente 5.4 horas diarias), el tiempo de sueño de la población poblana no se distribuye de forma homogénea, sino que está condicionado por la posición que cada persona ocupa en la estructura social.

Uno de los hallazgos más consistentes es el efecto de la escolaridad: a mayor nivel educativo, menor tiempo de sueño, con una diferencia de casi 4.5 horas semanales entre quienes tienen educación superior (35.1 horas) y quienes cuentan con hasta primaria (39.6 horas). Este resultado desafía la idea de que la educación mejora uniformemente todas las dimensiones del bienestar, y sugiere que la inserción en mercados laborales más exigentes y en estilos de vida más acelerados, asociados a mayor escolaridad, tiene un costo concreto en el tiempo de descanso.

En la misma línea, la actividad económica muestra que las personas ocupadas duermen cerca de 3 horas menos a la semana que quienes realizan trabajo doméstico (37.0 frente a 40.1 horas). Esto evidencia cómo el mercado laboral regula y comprime el tiempo de los cuerpos, convirtiendo el sueño en uno de los primeros sacrificios ante las exigencias productivas. Que el trabajo doméstico no remunerado permita dormir más horas que el trabajo remunerado no significa que sea menos demandante, sino que ofrece mayor autonomía en la organización del tiempo cotidiano.

El grupo de edad confirma que el sueño está estrechamente ligado al ciclo de vida y a las cargas que cada etapa implica. Los adolescentes de 12-17 años duermen más (40.5 horas semanales) y el tiempo de sueño cae progresivamente hasta su mínimo en el grupo de 30-44 años (36.9 horas), que enfrenta simultáneamente las mayores presiones laborales, económicas y de cuidado. A partir de los 45 años el tiempo de sueño se recupera gradualmente, llegando a 38.8 horas en el grupo de 60 y más. Este hallazgo es coherente con lo que la sociología del tiempo denomina la “crisis de tiempo” en la adultez media.

El sexo opera también como un factor estructural relevante: las mujeres duermen en promedio 1.5 horas más a la semana que los hombres (38.7 frente a 37.2 horas), diferencia que se mantiene significativa incluso controlando por las demás variables (β = 0.96, p = 0.001). Lejos de interpretarse como una ventaja, este dato refleja las distintas formas en que la división sexual del trabajo organiza el tiempo de hombres y mujeres, con jornadas laborales remuneradas más rígidas para ellos y mayor flexibilidad temporal, aunque no necesariamente menor carga, para ellas.

El tamaño de localidad introduce la dimensión territorial: las personas en grandes ciudades duermen menos (36.4 horas semanales) que quienes habitan en localidades intermedias de 2,500 a 14,999 habitantes (39.1 horas) o en localidades rurales de menos de 2,500 habitantes (38.8 horas). Esto refleja cómo los ritmos urbanos acelerados, con mayores tiempos de traslado y mayor exposición a estímulos nocturnos, erosionan el tiempo de descanso.

La situación conyugal muestra que las personas viudas duermen más (40.2 horas) y las separadas o divorciadas menos (36.6 horas). Sin embargo, en la regresión múltiple ninguna categoría resulta significativa, lo que indica que estas diferencias están mediadas por otras condiciones estructurales como la edad o la actividad económica.

Finalmente, variables como la autoadscripción étnica y la condición de discapacidad muestran diferencias en el análisis bivariado que desaparecen al controlar por otras variables en la regresión. Esto sugiere que sus efectos están mediados por condiciones estructurales como la escolaridad, la actividad económica o el territorio, lo que refuerza la idea de que las desigualdades en el sueño no son producto de características individuales aisladas, sino de posiciones sociales complejas e interrelacionadas.

En conjunto, los resultados apuntan a que el sueño es un fenómeno profundamente social: no solo depende de factores biológicos o individuales, sino de la posición que cada persona ocupa en la estructura de clases, en la división sexual del trabajo, en el mercado laboral y en el territorio. Dormir suficiente no es simplemente una cuestión de hábitos personales, sino un reflejo de las condiciones materiales y simbólicas en que se desarrolla la vida cotidiana.

Referencias

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2024). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. INEGI. https://www.inegi.org.mx/programas/enut/2024/