INTRODUCCIÓN.

El sueño constituye una necesidad biológica fundamental para el mantenimiento de la salud y el adecuado funcionamiento del organismo. Durante el sueño tienen lugar diversos procesos fisiológicos relacionados con la recuperación metabólica, la regulación hormonal, la consolidación de la memoria y el mantenimiento de funciones cognitivas esenciales. Asimismo, la duración y calidad del sueño experimentan cambios a lo largo del ciclo de vida, asociados con procesos de crecimiento, envejecimiento y transformación biológica. Sin embargo, el sueño no puede entenderse únicamente como un fenómeno biológico. Desde una perspectiva social, los patrones de sueño se encuentran también condicionados por factores sociales y culturales. Las condiciones de trabajo, la asistencia escolar, la organización de la vida familiar, las responsabilidades domésticas, los medios de transporte, las condiciones de vivienda y las normas culturales relacionadas con los horarios cotidianos influyen en la cantidad de tiempo que las personas dedican al descanso. Diversas investigaciones han mostrado que el tiempo de sueño puede variar según características sociodemográficas como el sexo, la edad, la escolaridad, la situación conyugal, la condición étnica, la participación en actividades económicas y el contexto de residencia. Estas diferencias reflejan desigualdades sociales que afectan la disponibilidad de tiempo para el descanso y el bienestar, por lo que el análisis del sueño también constituye una herramienta para comprender las condiciones de vida de la población. En México, estas diferencias adquieren particular relevancia debido a la diversidad social, económica y cultural existente entre las entidades federativas. Estados con mayores niveles de marginación, una elevada proporción de población rural o indígena y diferentes estructuras productivas pueden presentar patrones de uso del tiempo distintos a los observados en entidades con mayor urbanización. En este sentido, estudiar el tiempo dedicado al sueño permite identificar posibles desigualdades asociadas con las condiciones laborales, familiares y territoriales que caracterizan a cada población. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 (ENUT 2024) proporciona información detallada sobre la distribución del tiempo de las personas residentes en México, incluyendo las horas dedicadas al sueño. Gracias a su diseño muestral probabilístico y representatividad estatal, la encuesta permite analizar las diferencias existentes entre diversos grupos de población y entre entidades federativas. En la presente investigación se analizará el tiempo semanal de sueño de la población residente en el estado de Chiapas. A través de técnicas de estadística descriptiva, comparación de medias y regresión lineal múltiple, se explorará la relación entre el tiempo de sueño y diversas características sociodemográficas, con el propósito de identificar los factores asociados a los patrones de descanso observados en la población chiapaneca. Este análisis permitirá comprender de qué manera variables como el sexo, la edad, la escolaridad, la pertenencia étnica y otras condiciones sociales influyen en el tiempo destinado al sueño dentro de una de las entidades con mayor diversidad cultural y desigualdad social del país.

CONTEXTO DE LA ENTIDAD FEDERATIVA ANALIZADA: CHIAPAS.

El estado de Chiapas se localiza en la región sureste de México y constituye una de las entidades con mayor diversidad geográfica, biológica y cultural del país. Limita al norte con Tabasco, al oeste con Veracruz y Oaxaca, al este con la República de Guatemala y al sur con el océano Pacífico. Cuenta con una superficie aproximada de 73,289 km², lo que representa alrededor del 3.7 % del territorio nacional. Su relieve es predominantemente montañoso, con importantes regiones de selva, valles, planicies y zonas costeras, características que han influido históricamente en la distribución de la población, el desarrollo económico y el acceso a servicios públicos.

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Chiapas tenía una población de 5,543,828 habitantes, ubicándose entre las entidades más pobladas del país. Según las Proyecciones de la Población de México y de las Entidades Federativas 2020-2070 elaboradas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO), la población del estado continuará creciendo durante las próximas décadas, aunque a un ritmo menor como consecuencia de la disminución de la fecundidad y del proceso de transición demográfica que experimenta México.

En cuanto a la composición por sexo, la población se distribuye de manera relativamente equilibrada: aproximadamente el 51.4 % corresponde a mujeres y el 48.6 % a hombres. Respecto a la estructura por edad, Chiapas continúa siendo una entidad con una población relativamente joven. Una proporción importante de sus habitantes se concentra en edades infantiles y juveniles, aunque, al igual que el resto del país, comienza a observarse un incremento gradual de la población adulta mayor derivado del aumento en la esperanza de vida y de la reducción de la fecundidad. Esta composición etaria resulta especialmente relevante para el presente estudio, ya que las necesidades de sueño y la organización del tiempo cotidiano varían considerablemente entre niños, jóvenes, adultos y personas mayores.

Uno de los rasgos más distintivos de Chiapas es su nivel de urbanización. A diferencia de otras entidades del país donde la mayor parte de la población reside en grandes ciudades, en Chiapas existe una elevada proporción de habitantes que viven en localidades rurales. De acuerdo con el INEGI, aproximadamente 49 % de la población reside en localidades rurales, mientras que cerca del 51 % habita en localidades urbanas. Esta distribución territorial implica diferencias importantes en el acceso a infraestructura, transporte, servicios educativos y de salud, así como en las actividades económicas predominantes. Las personas que viven en comunidades rurales suelen recorrer mayores distancias para acceder a servicios o centros de trabajo y, en muchos casos, desarrollan actividades agropecuarias que dependen de los ciclos naturales de luz, factores que pueden influir en sus horarios de descanso y, por tanto, en el tiempo destinado al sueño.

La diversidad cultural constituye otro elemento central para comprender la realidad social de Chiapas. La entidad concentra una de las mayores proporciones de población indígena del país. Según el Censo de Población y Vivienda 2020, alrededor del 28 % de la población de tres años y más habla alguna lengua indígena, porcentaje muy superior al promedio nacional. Entre las principales lenguas indígenas destacan el tseltal, tsotsil, chol, tojolabal, zoque, mam y chuj, entre otras. Asimismo, aproximadamente el 1.6 % de la población se reconoce como afromexicana o afrodescendiente. La presencia de estos grupos refleja una amplia diversidad de formas de organización comunitaria, actividades productivas y prácticas culturales que pueden influir en la distribución cotidiana del tiempo y en los patrones de descanso.

Respecto a la actividad económica, Chiapas presenta una estructura productiva caracterizada por una importante participación tanto del sector primario como del sector terciario. La agricultura continúa siendo una actividad fundamental para miles de familias, destacando la producción de café, maíz, plátano, cacao, mango y caña de azúcar. También son relevantes la ganadería, la silvicultura y la pesca en determinadas regiones del estado. Paralelamente, el comercio, los servicios, la administración pública, el turismo y las actividades relacionadas con la educación y la salud concentran una proporción creciente del empleo. Destinos turísticos como San Cristóbal de las Casas, Palenque, el Cañón del Sumidero y las Cascadas de Agua Azul representan importantes fuentes de ingresos para numerosas comunidades.

Desde la perspectiva social, Chiapas continúa enfrentando importantes desafíos relacionados con las condiciones de vida de su población. De acuerdo con diversos indicadores oficiales, la entidad registra algunos de los niveles más altos de pobreza y marginación del país, así como rezagos en escolaridad, acceso a servicios básicos, infraestructura y cobertura de salud en diversas regiones, especialmente en comunidades rurales e indígenas. Estas condiciones generan diferencias significativas en la organización del tiempo cotidiano, ya que muchas personas deben dedicar largas jornadas al trabajo remunerado, a las labores agrícolas o al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Del mismo modo, los tiempos de traslado hacia centros educativos, hospitales o lugares de trabajo pueden ser considerablemente mayores que en entidades con mayor grado de urbanización.

Estas características resultan especialmente relevantes para el análisis del tiempo semanal de sueño. Diversos estudios han señalado que factores como el tipo de ocupación, el nivel educativo, el ingreso, el lugar de residencia, la carga de trabajo doméstico y las condiciones de vivienda pueden influir en la cantidad de horas que las personas destinan al descanso. En una entidad como Chiapas, donde convergen una amplia diversidad cultural, elevados niveles de ruralidad y marcadas desigualdades socioeconómicas, es posible que existan diferencias importantes en los patrones de sueño entre distintos grupos de población.

Por ello, el análisis de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 permitirá explorar si variables sociodemográficas como el sexo, la edad, la escolaridad, la condición de actividad económica, el estado conyugal, la pertenencia a población indígena y el contexto de residencia se asocian con diferencias en el tiempo semanal dedicado al sueño. De esta manera, el contexto demográfico y social de Chiapas proporciona un marco de referencia indispensable para interpretar los resultados estadísticos obtenidos y comprender cómo las condiciones estructurales del estado pueden influir en los hábitos de descanso de su población.

METODOLOGÍA

Tomando la base nacional se construyó una base específica de la entidad seleccionada, se aplicaron procesos de depuración, recodificación y construcción de variables para facilitar el análisis estadístico. Las variables o factores sociodemograficos considerados fueron: Sexo, Grupo de edad, Escolaridad, Situación conyugal, Autoadscripción indígena, Autoadscripción afrodescendiente, Condición de discapacidad, Condición de actividad económica, Tamaño de localidad.

Variable Dependiente.

La variable dependiente corresponde al tiempo semanal de sueño acotado, expresado en horas por semana. Esta variable se construyó a partir de la información reportada sobre las horas de sueño en días laborales y d´ías de descanso. Posteriormente se realizó un proceso de validación y acotamiento para reducir la influencia de valores extremos y garantizar una mejor distribución de la variable para los análisis estadísticos.

Variables Independientes.

Sexo

Grupo de edad

Escolaridad

Situación conyugal

Autoadscripción indígena

Autoadscripción afrodescendiente

Condición de discapacidad

Condición de actividad económica

Tamaño de localidad

ESTRATEGÍA DE ANÁLISIS.

El análisis se desarrollo en cuatro etapas:

En primer lugar se realizó una descripción de la estructura sociodemográfica de la población mediante distribuciones de frecuencia y porcentajes para cada una de las variables consideradas.

En segundo lugar se calcularon estadísticos descriptivos de la variable dependiente para cada categoría sociodemográfica, incluyendo número de casos(n), media aritmética y desviación estándar.

En tercer lugar se elaboraron gráficas de medias acompañadas de intervalos de confianza al 95%, con el propósito de visualizar las diferencias observadas en el tiempo semanal de sueño entre los distintos grupos de población. Posteriormente se aplicaron pruebas de comparación de medias. Para las variables dicotómicas se emplearon la prueba t Student y la prueba de t Welch. Para las variables con tres o más categorías se utilizó análisis de varianza (ANOVA) de una vía y cuando fue necesario, la prueba de ANOVA de Welch. Asimismo, se calcularon tamaños del efecto mediante el estadístico d Cohen para las comparaciones binarias y el coeficiente eta caudrada para los análisis de varianza.

Finalmente, se estimó un modelo de regresión lineal múltipke con el objetivo de evalual el efecto simultáneo de las variables sociodemográficas sobre el tiempo semanal de sueño. La variable dependiente fue el tiempo semanas de sueño acotado, mientras que las variables independientes correspondieron a las características sociodemográficas previamente descritas.

RESULTADOS.

Características sociodemográficas de la población analizada (Cuadro 1).

Cuadro 1. Características sociodemográficas de la muestra. Chiapas, ENUT 2024
Variable Categoría n %
Sexo Hombre 1496 44.9
Mujer 1836 55.1
Grupo de edad 12-17 601 18.1
18-29 736 22.1
30-44 908 27.3
45-59 604 18.2
60 y más 477 14.3
Escolaridad Hasta primaria 1637 49.1
Secundaria 835 25.1
Bachillerato o equivalente 535 16.1
Superior 325 9.8
Situación conyugal Casada / Unión libre 1911 57.4
Separada / Divorciada 201 6.0
Viuda 148 4.4
Soltera 1072 32.2
Autoadscripción indígena 1656 50.0
No 1655 50.0
Autoadscripción afrodescendiente 50 1.5
No 3282 98.5
Condición de discapacidad 136 4.1
No 3196 95.9
Condición de actividad económica Ocupada 1762 52.9
Desocupada / Jubilada / Otra 213 6.4
Estudiante 334 10.0
Trabajo doméstico 1023 30.7
Tamaño de localidad 100,000 y más 452 13.6
15,000 a 99,999 280 8.4
2,500 a 14,999 668 20.0
menos de 2,500 1932 58.0
Note:
Fuente: Elaboración propia con información de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, INEGI.

El Cuadro 1 presenta la distribución de la muestra según diversas características sociodemográficas de la población residente en el estado de Chiapas. En total, se analizaron 3,332 personas, observándose una mayor participación de mujeres (55.1 %) en comparación con los hombres (44.9 %).

En cuanto a la edad, el grupo más representado corresponde a las personas de 30 a 44 años (27.3 %), seguido por el grupo de 18 a 29 años (22.1 %). Los grupos de 45 a 59 años (18.2 %) y 12 a 17 años (18.1 %) presentan proporciones similares, mientras que las personas de 60 años y más constituyen el grupo de menor representación (14.3 %).

Respecto al nivel de escolaridad, casi la mitad de la muestra cuenta con hasta primaria (49.1 %), seguida por quienes poseen secundaria (25.1 %). En menor proporción se encuentran las personas con bachillerato o equivalente (16.1 %) y aquellas con educación superior (9.8 %), lo que refleja una predominancia de niveles educativos básicos en la población analizada.

En relación con la situación conyugal, la mayoría de las personas se encuentra casada o en unión libre (57.4 %), seguida por quienes se declaran solteras (32.2 %). Las personas separadas o divorciadas (6.0 %) y viudas (4.4 %) representan una proporción considerablemente menor.

La distribución según autoadscripción indígena muestra una composición equilibrada, ya que el 50.0 % de la muestra se reconoce como indígena y el 50.0 % no se identifica de esta manera. En contraste, únicamente el 1.5 % de las personas se autoadscribe como afrodescendiente, mientras que el 98.5 % no lo hace.

En cuanto a la condición de discapacidad, la gran mayoría de la población (95.9 %) no reporta alguna discapacidad, mientras que el 4.1 % sí presenta esta condición.

Respecto a la actividad económica, poco más de la mitad de la muestra corresponde a personas ocupadas (52.9 %). Asimismo, destaca la proporción de personas dedicadas al trabajo doméstico (30.7 %), seguida por los estudiantes (10.0 %) y, en menor medida, por quienes se encuentran desocupados, jubilados o en otra condición (6.4 %).

Finalmente, en cuanto al tamaño de localidad, la mayor parte de la población reside en localidades con menos de 2,500 habitantes (58.0 %), seguida por localidades de 2,500 a 14,999 habitantes (20.0 %). En contraste, las localidades de 100,000 habitantes o más representan el 13.6 % de la muestra y las de 15,000 a 99,999 habitantes el 8.4 %, lo que evidencia una importante presencia de población rural en el estado de Chiapas.

A continuación empezaremos por explorar mediante gráficas de intervalos de confianza la variable tiempo de sueño semanas de acuerdo a las características sociodemográficas. Para facilitar el análisis las primeras gráficas muestran los intervalos para las variables dicotómicas.

La gráfica muestra que, en Chiapas, las mujeres presentan un promedio semanal de sueño ligeramente superior al de los hombres. Además de esta diferencia en las medias, se observa que los intervalos de confianza al 95 % no se traslapan, lo que sugiere que la diferencia entre ambos grupos no se debe únicamente a la variabilidad muestral. Este resultado se confirma mediante la prueba t de Student, la cual arrojó un valor p menor a 0.05, indicando que existe una diferencia estadísticamente significativa en el tiempo de sueño según el sexo. Desde una perspectiva sociodemográfica, este comportamiento podría estar asociado con diferencias en la organización de las actividades cotidianas, las jornadas laborales y los patrones de uso del tiempo entre hombres y mujeres en la entidad, lo que influye en la cantidad de horas destinadas al descanso.

En esta gráfica se observa una diferencia clara en el tiempo promedio de sueño entre la población que se considera indígena y aquella que no. Las personas indígenas registran un promedio de sueño semanal mayor, mientras que los intervalos de confianza de ambos grupos no presentan traslape, lo que constituye un primer indicio de que la diferencia entre las medias es estadísticamente significativa. Este comportamiento sugiere que la pertenencia a una población indígena puede estar relacionada con patrones distintos de organización del tiempo cotidiano. Factores como el tipo de ocupación, el ritmo de vida, la residencia en contextos rurales o comunitarios y las dinámicas familiares pueden influir en la distribución del tiempo destinado al descanso. En consecuencia, los resultados evidencian que la condición indígena constituye una característica sociodemográfica asociada con diferencias en la duración promedio del sueño.

La gráfica indica que las personas que no se identifican como afrodescendientes presentan un promedio de sueño superior al registrado por la población afrodescendiente. Sin embargo, la amplitud del intervalo de confianza correspondiente al grupo afrodescendiente es considerablemente mayor, lo que refleja una mayor variabilidad en las observaciones o, probablemente, un menor tamaño de muestra para este grupo dentro de la encuesta. Debido a ello, aunque existe una diferencia en las medias, los intervalos de confianza muestran un amplio grado de incertidumbre, por lo que no es posible afirmar únicamente con base en la gráfica que exista una diferencia estadísticamente significativa. Este resultado sugiere interpretar los datos con cautela, ya que la representatividad del grupo afrodescendiente puede influir en la precisión de las estimaciones obtenidas.

Las personas con discapacidad presentan un promedio semanal de sueño ligeramente superior al de quienes no tienen esta condición. No obstante, los intervalos de confianza muestran un traslape importante y la prueba de hipótesis reporta un valor p mayor a 0.05, lo que indica que la diferencia observada no es estadísticamente significativa. En otras palabras, la variación en el tiempo promedio de sueño entre ambos grupos puede atribuirse al azar y no a un efecto asociado con la condición de discapacidad. Aunque descriptivamente se aprecia una media mayor en las personas con discapacidad, la evidencia estadística disponible no permite sostener que exista una diferencia real en la población de Chiapas. Este resultado pone de manifiesto la importancia de complementar la observación gráfica con pruebas de inferencia estadística antes de establecer conclusiones sobre las diferencias entre grupos.

A partir de los datos de la ENUT 2024 para Chiapas, el tiempo semanal de sueño según el grupo de edad describe un comportamiento en forma de “U”. El grupo de 12 a 17 años registra el promedio de descanso más alto con aproximadamente 58.5 horas semanales, el cual desciende progresivamente conforme avanza la edad hasta alcanzar su punto más bajo en los adultos de 45 a 59 años (53.8 horas), para posteriormente repuntar en la vejez entre las personas de 60 años y más (55.7 horas). La diferencia entre la juventud y la edad adulta en etapa productiva resulta estadísticamente significativa, reflejando el impacto de las cargas laborales y de cuidado sobre la compresión del tiempo de descanso en las etapas intermedias de la vida.

Los datos muestran una relación inversamente proporcional entre el nivel de escolaridad y las horas semanales de sueño en la población de Chiapas. Mientras que las personas con instrucción “Hasta primaria” y “Secundaria” promedian más de 56 horas semanales de descanso (8 horas diarias), aquellas con educación “Superior” registran el nivel más bajo con apenas 50.9 horas (7.2 horas diarias). La caída entre la educación media superior y la educación superior es pronunciada y estadísticamente significativa, visibilizando cómo una mayor incorporación al ámbito académico y profesional calificado reduce de manera considerable el tiempo destinado al descanso.

En cuanto a la situación conyugal, las personas solteras reportan la media de sueño más alta con aproximadamente 57 horas semanales, superando de manera estadísticamente significativa a quienes se encuentran casadas o en unión libre (54.9 horas). Por su parte, las personas viudas promedian 55.4 horas, mientras que el grupo de separadas o divorciadas muestra una media cercana a las 54.4 horas; no obstante, este último grupo presenta el intervalo de confianza más amplio de la muestra, lo que indica una mayor variabilidad e incertidumbre en la estimación del dato debido a un menor tamaño de muestra o a dinámicas más heterogéneas.

El tiempo de descanso evidencia una tendencia decreciente conforme aumenta el grado de urbanización del entorno residencial. Los habitantes de localidades rurales de menos de 2,500 habitantes disfrutan del mayor promedio de sueño semanal (56.5 horas), seguidos por quienes viven en localidades de 2,500 a 14,999 habitantes (55.6 horas) y de 15,000 a 99,999 habitantes (55.0 horas). La diferencia más marcada y estadísticamente significativa se observa respecto a las grandes urbes de 100,000 y más habitantes, donde la media cae a 51.6 horas semanales, reflejando el impacto de los tiempos de traslado, el ritmo de vida urbano y las extensas jornadas sobre el descanso.

El análisis según condición de actividad económica demuestra que la inserción al mercado laboral es el principal factor de compresión del sueño en Chiapas. La población ocupada registra la media más baja de descanso de todos los grupos con 53.9 horas semanales, marcando una distancia estadísticamente significativa frente a las personas desocupadas, jubiladas u otras (58.2 horas), los estudiantes (57.9 horas) y quienes realizan trabajo doméstico no remunerado (57.2 horas). Esto confirma que las exigencias de la jornada de trabajo remunerado restan de manera directa tiempo al descanso biológico en comparación con otras condiciones de actividad.

Estadísticas descriptivas del tiempo semanal de sueño (Cuadro 2).

A continuación, el Cuadro 2 sintetiza las estadísticas descriptivas referentes al tiempo semanal de sueño de la población en Chiapas, con base en la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. La información se desagrega según las diversas variables sociodemográficas utilizadas, permitiendo visibilizar cómo se distribuye el tiempo de descanso a partir de las condiciones estructurales y los roles de vida de las personas.

Cuadro 2. Estadísticas descriptivas del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas. Chiapas, ENUT 2024
Variable Categoría n Media DE LI 95% LS 95%
Sexo Hombre 1496 55.06 9.24 54.59 55.53
Mujer 1836 56.00 8.89 55.59 56.40
Grupo de edad 12-17 601 58.58 8.46 57.91 59.26
18-29 736 56.11 8.57 55.49 56.73
30-44 908 54.29 8.63 53.72 54.85
45-59 604 53.77 9.23 53.03 54.51
60 y más 477 55.72 10.00 54.82 56.62
Escolaridad Hasta primaria 1637 56.59 9.04 56.15 57.03
Secundaria 835 56.29 9.00 55.68 56.90
Bachillerato o equivalente 535 54.21 8.45 53.49 54.93
Superior 325 50.89 8.59 49.95 51.83
Situación conyugal Casada / Unión libre 1911 54.91 8.75 54.51 55.30
Separada / Divorciada 201 54.43 9.58 53.09 55.76
Viuda 148 55.37 11.63 53.48 57.26
Soltera 1072 57.01 8.93 56.48 57.55
Autoadscripción indígena 1656 56.52 8.62 56.11 56.94
No 1655 54.60 9.41 54.15 55.05
Autoadscripción afrodescendiente 50 53.40 7.22 51.35 55.45
No 3282 55.61 9.08 55.30 55.92
Condición de discapacidad 136 56.91 12.95 54.71 59.11
No 3196 55.52 8.86 55.21 55.83
Condición de actividad económica Ocupada 1762 53.87 8.62 53.47 54.27
Desocupada / Jubilada / Otra 213 58.21 11.75 56.62 59.80
Estudiante 334 57.87 8.91 56.91 58.83
Trabajo doméstico 1023 57.22 8.61 56.69 57.74
Tamaño de localidad 100,000 y más 452 51.63 9.15 50.79 52.48
15,000 a 99,999 280 54.97 9.23 53.88 56.06
2,500 a 14,999 668 55.56 9.78 54.82 56.31
menos de 2,500 1932 56.59 8.48 56.21 56.97
Note:
Fuente: Elaboración propia con información de la ENUT 2024.

Las estadísticas descriptivas muestran que el tiempo semanal de sueño presenta diferencias entre los distintos grupos sociodemográficos de la población residente en Chiapas. En cuanto al sexo, las mujeres registran un promedio de 56.00 horas semanales de sueño, ligeramente superior al de los hombres (55.06 horas), aunque la diferencia observada es menor a una hora semanal. Respecto al grupo de edad, se observa una disminución del tiempo de sueño conforme aumenta la edad adulta. Los adolescentes de 12 a 17 años presentan el mayor promedio (58.58 horas semanales), mientras que las personas de 45 a 59 años registran el menor promedio (53.77 horas). Posteriormente, el promedio aumenta ligeramente en las personas de 60 años y más (55.72 horas), lo que puede estar relacionado con la disminución de la participación laboral y una mayor disponibilidad de tiempo para el descanso. En relación con la escolaridad, se identifica un patrón descendente. Las personas con hasta primaria presentan el mayor promedio de sueño (56.59 horas), mientras que quienes cuentan con educación superior registran el promedio más bajo (50.89 horas). Este comportamiento podría reflejar las mayores exigencias académicas y laborales asociadas con niveles educativos más altos. Por situación conyugal, las diferencias son moderadas. Las personas viudas presentan el promedio más alto (55.37 horas), mientras que las separadas o divorciadas registran el menor promedio (54.43 horas), aunque las diferencias entre categorías son relativamente pequeñas. En cuanto a la autoadscripción indígena, las personas indígenas duermen en promedio 56.52 horas semanales, mientras que quienes no se consideran indígenas presentan un promedio de 54.60 horas, lo que representa casi dos horas adicionales por semana para la población indígena. La autoadscripción afrodescendiente muestra una diferencia menor, con un promedio de 53.40 horas para quienes se reconocen afrodescendientes y 55.61 horas para quienes no. Respecto a la condición de discapacidad, las personas con discapacidad presentan un promedio ligeramente superior (56.91 horas) en comparación con quienes no tienen discapacidad (55.52 horas). Las diferencias más marcadas aparecen según la condición de actividad económica. Las personas desocupadas, jubiladas o en otra condición registran el mayor promedio de sueño (58.21 horas), seguidas por los estudiantes (57.87 horas) y quienes realizan trabajo doméstico (57.22 horas). En contraste, la población ocupada presenta el menor promedio (53.87 horas), lo cual sugiere que las responsabilidades laborales limitan el tiempo disponible para dormir. Finalmente, el tamaño de localidad también evidencia diferencias importantes. La población residente en localidades de 100,000 habitantes o más presenta el menor promedio de sueño (51.63 horas), mientras que quienes viven en localidades menores de 2,500 habitantes alcanzan el promedio más alto (56.59 horas).

Las estadísticas descriptivas evidencian que el tiempo semanal de sueño no es homogéneo entre la población de Chiapas. Las mayores diferencias se observan según la edad, la escolaridad, la condición de actividad económica y el tamaño de localidad. En particular, las personas ocupadas, con mayor nivel educativo y residentes en zonas urbanas presentan menores horas de sueño, mientras que adolescentes, personas indígenas, habitantes de localidades rurales y quienes no participan en el mercado laboral registran mayores tiempos de descanso.

Comparación del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas (Cuadro 3).

A continuación, se presenta el análisis del Cuadro 3, el cual permite comprobar si las diferencias observadas en el tiempo de descanso entre los distintos grupos de la población son estadísticamente reales o solo producto del azar:

Cuadro 3. Comparación del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas. Resultados de pruebas estadísticas. Chiapas, ENUT 2024
Variable Prueba t/F gl p Tamaño del efecto Medida
Sexo t de Welch -2.963 3144.24 0.003 -0.104 d de Cohen
Grupo de edad ANOVA 28.772 4.00 <0.001 0.033 η²
Escolaridad ANOVA 43.207 3.00 <0.001 0.037 η²
Situación conyugal ANOVA 13.753 3.00 <0.001 0.012 η²
Autoadscripción indígena t de Welch 6.124 3283.80 <0.001 0.213 d de Cohen
Autoadscripción afrodescendiente t de Welch -2.138 51.39 0.037 -0.244 d de Cohen
Condición de discapacidad t de Welch 1.239 140.42 0.217 0.153 d de Cohen
Condición de actividad económica ANOVA 47.037 3.00 <0.001 0.041 η²
Tamaño de localidad ANOVA 38.308 3.00 <0.001 0.033 η²
Fuente: Elaboración propia con información de la ENUT 2024.

Los resultados de las pruebas de comparación permiten determinar si las diferencias observadas en las medias son estadísticamente significativas. En primer lugar, existe una diferencia significativa entre hombres y mujeres (p = 0.003). Sin embargo, el tamaño del efecto (d de Cohen = -0.104) es muy pequeño, indicando que, aunque la diferencia existe desde el punto de vista estadístico, su magnitud práctica es reducida. El grupo de edad presenta diferencias altamente significativas (p < 0.001). No obstante, el tamaño del efecto (η² = 0.033) indica que la edad explica únicamente una pequeña proporción de la variabilidad del tiempo de sueño. La escolaridad también presenta diferencias significativas (p < 0.001), con un tamaño del efecto pequeño (η² = 0.037). Esto confirma que el nivel educativo influye en el tiempo destinado al sueño, aunque su capacidad explicativa es limitada. La situación conyugal muestra diferencias estadísticamente significativas (p < 0.001), pero con el menor tamaño del efecto entre todas las variables analizadas (η² = 0.012), indicando una influencia reducida. En contraste, la autoadscripción indígena presenta diferencias significativas (p < 0.001) y el mayor tamaño del efecto entre las variables evaluadas mediante pruebas t (d = 0.213). Aunque sigue siendo un efecto pequeño, representa una diferencia relativamente más importante que la observada para el sexo. La autoadscripción afrodescendiente también presenta diferencias significativas (p = 0.037), aunque con un tamaño del efecto pequeño (d = -0.244). Debe considerarse que el número de personas afrodescendientes en la muestra es reducido, por lo que estos resultados deben interpretarse con cautela. Por otra parte, la condición de discapacidad no presenta diferencias estadísticamente significativas (p = 0.217), lo que indica que el tiempo de sueño no difiere de manera importante entre personas con y sin discapacidad. Finalmente, tanto la condición de actividad económica como el tamaño de localidad muestran diferencias altamente significativas (p < 0.001). Aunque los tamaños del efecto son pequeños (η² = 0.041 y η² = 0.033, respectivamente), estas variables destacan entre las que presentan mayor capacidad para explicar las diferencias observadas en el tiempo semanal de sueño.

Las pruebas estadísticas confirman que la mayoría de las características sociodemográficas se asocian significativamente con el tiempo semanal de sueño. Sin embargo, los tamaños del efecto indican que dichas asociaciones son, en general, de magnitud pequeña. La condición de actividad económica, la escolaridad, la edad y el tamaño de localidad destacan como los factores que generan las diferencias más consistentes, mientras que la condición de discapacidad no muestra una asociación significativa.

A continuación, con el propósito de identificar los factores asociados al tiempo semanal de sueño de manera independiente, se estimó un modelo de regresión lineal múltiple que incorpora diversas características sociodemográficas de la población residente en Chiapas. Este análisis permite evaluar el efecto de cada variable sobre el tiempo de sueño, controlando simultáneamente la influencia del resto de los factores incluidos en el modelo, lo que facilita una comprensión más precisa de los determinantes del descanso en la población estudiada.

Cuadro 4. Modelo de regresión lineal múltiple para el tiempo semanal de sueño. Chiapas, ENUT 2024
Variable Categoría β EE p
Sexo Hombre (referencia)
Mujer -0.06 0.37 0.880
Grupo de edad 12-17 (referencia)
18-29 -1.06 0.61 0.083
30-44 -2.81 0.67 <0.001
45-59 -3.71 0.72 <0.001
60 y más -2.66 0.79 <0.001
Escolaridad Hasta primaria (referencia)
Secundaria -0.69 0.40 0.088
Bachillerato o equivalente -2.08 0.48 <0.001
Superior -3.49 0.61 <0.001
Situación conyugal Casada / Unión Libre (referencia)
Separada / Divorciada 0.80 0.66 0.225
Viuda -0.05 0.80 0.950
Soltera 0.83 0.48 0.084
Autoadscripción indígena No (referencia)
0.67 0.33 0.042
Autoadscripción afrodescendiente No (referencia)
-1.71 1.25 0.172
Condición de discapacidad No (referencia)
0.45 0.81 0.579
Condición de actividad económica Ocupada (referencia)
Desocupada / Jubilada / Otra 3.92 0.67 <0.001
Estudiante 1.51 0.65 0.021
Trabajo doméstico 2.40 0.42 <0.001
Tamaño de localidad 100,000 y más (referencia)
15,000 a 99,999 2.66 0.66 <0.001
2,500 a 14,999 2.55 0.55 <0.001
menos de 2,500 2.84 0.51 <0.001
Fuente: Elaboración propia con información de la ENUT 2024.

El modelo de regresión lineal múltiple permite identificar el efecto independiente de cada característica sociodemográfica sobre el tiempo semanal de sueño, controlando simultáneamente el resto de las variables incluidas en el análisis. En cuanto al sexo, no se observa una asociación estadísticamente significativa entre hombres y mujeres (β = -0.06; p = 0.880), por lo que las diferencias descriptivas desaparecen al controlar por las demás variables. Respecto a la edad, tomando como referencia a las personas de 12 a 17 años, los grupos de 30 a 44 años, 45 a 59 años y 60 años o más presentan una reducción significativa en las horas semanales de sueño. La mayor disminución corresponde al grupo de 45 a 59 años (β = -3.71; p < 0.001), lo que indica que este grupo duerme, en promedio, cerca de cuatro horas menos por semana que los adolescentes. En escolaridad, quienes cuentan con bachillerato o educación superior presentan un tiempo significativamente menor de sueño respecto a las personas con hasta primaria. La reducción es más pronunciada entre quienes poseen educación superior (β = -3.49; p < 0.001), lo que sugiere que mayores niveles educativos se relacionan con menores horas de descanso. La situación conyugal no presenta asociaciones estadísticamente significativas, indicando que, una vez controladas las demás variables, el estado civil no explica diferencias en el tiempo de sueño. En contraste, la autoadscripción indígena mantiene una asociación positiva y significativa (β = 0.67; p = 0.042). Esto significa que las personas indígenas duermen, en promedio, aproximadamente dos tercios de hora más por semana que quienes no se identifican como indígenas, independientemente de otras características sociodemográficas. La autoadscripción afrodescendiente y la condición de discapacidad no presentan efectos significativos dentro del modelo. En cuanto a la actividad económica, las personas desocupadas, jubiladas u otras presentan el mayor incremento en el tiempo de sueño (β = 3.92; p < 0.001), seguidas por quienes realizan trabajo doméstico (β = 2.40; p < 0.001) y los estudiantes (β = 1.51; p = 0.021). Esto confirma que la participación en el mercado laboral constituye uno de los principales factores asociados con una menor disponibilidad de tiempo para dormir. Finalmente, el tamaño de localidad muestra un efecto consistente. En comparación con quienes viven en localidades de 100,000 habitantes o más, las personas residentes en localidades más pequeñas duermen entre 2.5 y 2.8 horas adicionales por semana (p < 0.001 en todos los casos). Este resultado sugiere que las condiciones propias de los entornos urbanos, como mayores tiempos de traslado, jornadas laborales más intensas o estilos de vida más acelerados, pueden reducir el tiempo destinado al descanso.

El modelo de regresión evidencia que los factores con mayor asociación independiente con el tiempo semanal de sueño son la edad, la escolaridad, la condición de actividad económica, la autoadscripción indígena y el tamaño de localidad. En particular, las personas ocupadas, con mayor nivel educativo, de edades intermedias y residentes en localidades urbanas presentan menores horas de sueño, mientras que la pertenencia a población indígena y la residencia en localidades rurales se asocian con un mayor tiempo de descanso. Por el contrario, el sexo, la situación conyugal, la autoadscripción afrodescendiente y la condición de discapacidad no muestran asociaciones significativas una vez controlado el efecto del resto de las variables incluidas en el modelo.

DISCUSIONES.

El presente estudio analizó los factores sociodemográficos asociados al tiempo semanal de sueño de la población residente en Chiapas utilizando información de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. Los análisis descriptivos mostraron diferencias importantes entre diversos grupos de población; sin embargo, el modelo de regresión lineal múltiple permitió identificar cuáles de estas asociaciones se mantienen una vez controlado el efecto simultáneo del resto de las variables.

Uno de los principales hallazgos es que las diferencias observadas entre hombres y mujeres en el análisis descriptivo desaparecen en el modelo multivariado. Esto indica que el sexo, por sí mismo, no constituye un determinante independiente del tiempo de sueño, sino que las diferencias inicialmente observadas pueden explicarse por otros factores como la edad, la escolaridad, la condición de actividad económica o el contexto de residencia. Este resultado coincide con investigaciones que señalan que las diferencias de género en el sueño suelen estar mediadas por desigualdades sociales, laborales y familiares más que por el sexo biológico (Mallampalli & Carter, 2014).

La edad mostró una asociación significativa con el tiempo de sueño. En comparación con los adolescentes, los adultos de 30 a 44 años, de 45 a 59 años y las personas de 60 años o más registraron una menor duración semanal del sueño, siendo el grupo de 45 a 59 años el que presentó la mayor reducción. Este patrón resulta consistente con la evidencia internacional, la cual señala que durante la etapa de mayor actividad laboral y familiar las personas suelen disponer de menos tiempo para dormir debido al incremento de las responsabilidades laborales y domésticas (Krueger & Friedman, 2009).

El nivel educativo también mostró una asociación inversa con el tiempo destinado al sueño. Las personas con bachillerato y, especialmente, aquellas con educación superior, reportaron menos horas de descanso que quienes cuentan únicamente con educación primaria o menor. Este resultado puede relacionarse con jornadas laborales más extensas, mayores exigencias profesionales y estilos de vida propios de ocupaciones de mayor especialización, factores que diversos estudios han identificado como determinantes de una reducción en la duración del sueño (Grandner, 2017).

En cuanto a la autoadscripción indígena, el modelo confirma una asociación positiva con el tiempo semanal de sueño incluso después de controlar las demás variables sociodemográficas. Este hallazgo sugiere que existen características culturales, territoriales y de organización cotidiana que favorecen una mayor duración del descanso en comparación con la población no indígena. Es posible que la mayor proporción de población indígena residente en localidades rurales, donde los horarios mantienen una relación más estrecha con los ciclos naturales de luz y oscuridad, contribuya a explicar esta diferencia. No obstante, futuras investigaciones deberían incorporar variables relacionadas con condiciones de vivienda, ocupación y calidad del sueño para comprender mejor este fenómeno.

Por el contrario, la autoadscripción afrodescendiente y la condición de discapacidad no presentaron asociaciones estadísticamente significativas en el modelo ajustado. Estos resultados deben interpretarse con cautela, ya que el reducido tamaño de algunos grupos poblacionales puede limitar la precisión de las estimaciones y disminuir la capacidad para detectar diferencias reales.

Uno de los factores con mayor magnitud de asociación fue la condición de actividad económica. Las personas ocupadas registraron menos tiempo de sueño que estudiantes, personas dedicadas al trabajo doméstico y quienes se encontraban desocupadas, jubiladas o en otras condiciones de actividad. Este resultado respalda la evidencia que identifica al trabajo remunerado como uno de los principales determinantes de la reducción del tiempo disponible para el descanso, particularmente cuando existen jornadas prolongadas, múltiples empleos o largos tiempos de traslado (Basner & Dinges, 2014).

Asimismo, el tamaño de localidad mostró una asociación consistente con el tiempo semanal de sueño. Las personas residentes en localidades pequeñas durmieron significativamente más que quienes habitan en ciudades de 100 mil habitantes o más. Este hallazgo coincide con investigaciones que documentan que la urbanización, la contaminación lumínica, el ruido ambiental, la movilidad cotidiana y las mayores exigencias laborales características de los entornos urbanos suelen reducir la duración del sueño (Grandner, 2017).

En conjunto, los resultados evidencian que el tiempo destinado al sueño constituye un fenómeno socialmente determinado y que las diferencias observadas responden principalmente a las condiciones de vida, la inserción laboral, el nivel educativo y el contexto territorial más que a características demográficas aisladas. Debido a que la ENUT es una encuesta de corte transversal, los resultados permiten identificar asociaciones, pero no establecer relaciones causales. Además, la información corresponde al tiempo declarado por las personas entrevistadas y no incluye indicadores sobre calidad del sueño, presencia de trastornos del sueño o enfermedades crónicas, aspectos que podrían influir de manera importante en los patrones observados.

CONCLUSIONES.

El análisis de la ENUT 2024 permitió identificar diversos factores asociados al tiempo semanal de sueño de la población residente en Chiapas. Aunque los análisis descriptivos mostraron diferencias entre hombres y mujeres, el modelo de regresión evidenció que estas desaparecen al controlar simultáneamente otras características sociodemográficas, lo que indica que el sexo no constituye un factor independiente asociado con la duración del sueño.

Los resultados muestran que la edad, la escolaridad, la condición de actividad económica, la autoadscripción indígena y el tamaño de localidad son los principales factores relacionados con el tiempo de sueño. En particular, las personas de edades intermedias, con mayores niveles educativos, ocupadas y residentes en localidades urbanas presentan una menor duración semanal del sueño, mientras que la población indígena y quienes viven en localidades rurales dedican más tiempo al descanso.

Estos hallazgos ponen de manifiesto que el sueño debe entenderse como un comportamiento influido por las condiciones sociales, económicas y territoriales en las que viven las personas. En consecuencia, las políticas públicas orientadas a mejorar el bienestar y la salud de la población deberían considerar no sólo aspectos relacionados con los hábitos individuales, sino también factores estructurales como las jornadas laborales, la movilidad urbana, las condiciones de empleo y las desigualdades territoriales.

Finalmente, este estudio demuestra la utilidad de la ENUT como una fuente de información para analizar desigualdades en el uso del tiempo y proporciona evidencia que puede servir de base para futuras investigaciones. Se recomienda que estudios posteriores incorporen variables relacionadas con la calidad del sueño, el estado de salud, las enfermedades crónicas, las condiciones de vivienda y el ingreso, así como modelos analíticos más complejos que permitan profundizar en los determinantes del descanso y generar evidencia útil para el diseño de políticas públicas.

BIBLIOGRAFÍA.

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Basner, M., & Dinges, D. F. (2014). Sleep duration in the United States 2003–2012: A cross-sectional population-based study. Sleep, 37(3), 595–597. https://doi.org/10.5665/sleep.3508

Grandner, M. A. (2017). Sleep, health, and society. Sleep Medicine Clinics, 12(1), 1–22. https://doi.org/10.1016/j.jsmc.2016.10.012

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Mallampalli, M. P., & Carter, C. L. (2014). Exploring sex and gender differences in sleep health: A Society for Women’s Health Research Report. Journal of Women’s Health, 23(7), 553–562. https://doi.org/10.1089/jwh.2014.4816