Introducción.

El sueño constituye una necesidad biológica fundamental para el mantenimiento de la salud y el adecuado funcionamiento del organismo. Durante el sueño tienen lugar diversos procesos fisiológicos relacionados con la recuperación metabólica, la regulación hormonal, la consolidación de la memoria y el mantenimiento de funciones cognitivas esenciales. Asimismo, la duración y calidad del sueño experimentan cambios a lo largo del ciclo de vida, asociados con procesos de crecimiento, envejecimiento y transformación biológica.

Sin embargo, el sueño no puede entenderse únicamente como un fenómeno biológico. Desde una perspectiva antropológica, los patrones de sueño se encuentran también condicionados por factores sociales y culturales. Las condiciones de trabajo, la asistencia escolar, la organización de la vida familiar, las responsabilidades domésticas, los medios de transporte, las condiciones de vivienda y las normas culturales relacionadas con los horarios cotidianos influyen en la cantidad de tiempo que las personas dedican al descanso.

Diversas investigaciones han mostrado que el tiempo de sueño puede variar según características sociodemográficas como el sexo, la edad, la escolaridad, la situación conyugal, la condición étnica, la participación en actividades económicas y el contexto de residencia. En consecuencia, el estudio del sueño constituye una oportunidad para analizar la interacción entre procesos biológicos, condiciones sociales y prácticas culturales, uno de los principales objetos de estudio de la Antropología Física contemporánea.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 (ENUT 2024) proporciona información detallada sobre la distribución del tiempo de las personas residentes en México, incluyendo las horas dedicadas al sueño. Gracias a su diseño muestral probabilístico y representatividad estatal, la encuesta permite analizar las diferencias existentes entre diversos grupos de población y entre entidades federativas.

En esta práctica se analizará el tiempo semanal de sueño de la población residente en una entidad federativa seleccionada. A través de técnicas de estadística descriptiva, comparación de medias y regresión lineal múltiple, se explorará la relación entre el tiempo de sueño y diversas características sociodemográficas, con el propósito de identificar los factores asociados a los patrones de descanso observados en la población estudiada.

Ciudad de México

La Ciudad de México (CDMX), la capital del país, constituye un nicho ecológico y humano radicalmente artificial y denso, caracterizado por un ritmo de vida sumamente acelerado que ejerce presiones únicas sobre el comportamiento y la fisiología de sus habitantes. Geográficamente situada en el Valle de México, a una altitud promedio de 2,240 metros sobre el nivel del mar, funciona como el núcleo político y económico de una de las zonas metropolitanas más grandes del mundo. Con una población que supera los 9.2 millones de habitantes dentro de sus límites político administrativos (Instituto Nacional de Estadística y Geografía [INEGI], 2020), (y más de 22 millones en su zona conurbada), la CDMX presenta un grado de urbanización prácticamente total (99.5%).

Demográficamente, la pirámide poblacional de la CDMX refleja una transición avanzada hacia el envejecimiento. Aunque persisten sectores jóvenes significativos, la proporción de adultos en edades productivas y adultos mayores ha aumentado de forma constante. Étnicamente, el contexto urbano de la capital se caracteriza por una amplia diversidad fruto de procesos migratorios históricos y contemporáneos desde múltiples estados de la República. De acuerdo con los datos censales oficiales, una parte significativa de su población se autoadscribe como indígena (vinculada a lenguas como el náhuatl, otomí y mixteco) o afrodescendiente, enfrentando en muchos casos condiciones de discriminación y segregación espacial en las periferias de la ciudad.

Socioeconómicamente, la CDMX concentra la mayor parte de las actividades del sector terciario (servicios, finanzas y comercio) del país, conviviendo con una vasta economía informal. La configuración del espacio urbano ha generado una profunda segregación: los centros de empleo formal se concentran en alcaldías céntricas (como Cuauhtémoc, Benito Juárez y Miguel Hidalgo), mientras que las zonas habitacionales de la población de menores ingresos se desplazan hacia las periferias (como Iztapalapa, Tláhuac, Milpa Alta o los municipios conurbados del Estado de México).

Esta separación espacial se traduce en crisis de movilidad humana crónicas. Los habitantes de la periferia invierten un promedio de entre 2 y 4 horas diarias en traslados dentro de transportes públicos saturados, lo que devalúa el tiempo disponible para actividades vitales. Además, la exposición constante a altos índices de contaminación acústica (tráfico, industria) y lumínica artificial nocturna altera la fisiología del sueño al inhibir la secreción natural de melatonina. De este modo, la CDMX opera como un entorno “cronodisruptivo”, donde la infraestructura y la economía colonializan el tiempo de recuperación biológica de las poblaciones más vulnerables.

Metodología

Para este estudio se utilizaron los microdatos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT 2024), diseñada y levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La ENUT tiene como objetivo principal proporcionar información estadística de alta calidad sobre el tiempo dedicado por la población a las distintas actividades cotidianas, tanto remuneradas como no remuneradas. Su diseño muestral es probabilístico, estratificado y por conglomerados, lo que garantiza su representatividad a nivel nacional, por áreas urbanas y rurales, y para cada una de las 32 entidades federativas, incluyendo la submuestra específica de la Ciudad de México empleada en este trabajo.

Definimos las variables, como: Variable Dependiente: Tiempo semanal de sueño acotado (tssem_a). Es una variable continua que mide el número total de horas que un individuo dedica al descanso nocturno y siestas durante una semana típica.
Variables Independientes o Sociodemográficas: Se incluyeron 9 variables predictoras, recodificadas como factores para establecer categorías de contraste claras y robustas dentro de los modelos estadísticos:

Sexo (sexo_c): Categorizada en “Hombre” (referencia) y “Mujer”.
Grupo de edad (edad): Dividida en rangos ontogénicos esenciales (“12-17” como referencia, “18-29”, “30-49”, “50-59” y “60 y más”).

Nivel escolar (nivel_escolar): Factorizado en “Básica o menos” (referencia), “Media superior” y “Superior”.

Situación conyugal (sit_cony): Categorizado en “En unión” (referencia), “Separado/Divorciado/Viudo” y “Soltero”.

Autoadscripción indígena (indigena): Variable binaria (“No” como referencia, “Sí”).

Autoadscripción afrodescendiente (afro): Variable binaria (“No” como referencia, “Sí”).

Condición de discapacidad (cond_disc): Variable binaria (“Con discapacidad” como referencia, “Sin discapacidad”).

Condición de actividad económica (cond_aee): Factorizado según su posición en el mercado laboral (“Ocupada” como referencia, “Desocupada” e “Inactiva”).

Tamaño de localidad (tam_loc): Clasificación espacial del entorno (“100,000 y más habitantes” como referencia, y localidades de menor densidad urbana).

¿Cómo hicimos este análisis? El procesamiento y análisis de datos se realizó con el software estadístico R y la interfaz RStudio, utilizando librerías especializadas como dplyr, ggplot2, purrr y car. El análisis se estructuró en cuatro fases consecutivas: Estadística Descriptiva: Construcción de distribuciones de frecuencias absolutas (\(n\)) y relativas (\(\%\)) para caracterizar la muestra (Cuadro 1) , acompañadas del cálculo de medidas de tendencia central (medias) y dispersión (desviación estándar, \(s\)) para la variable tssem_a (Cuadro 2).

Análisis Gráfico: Generación de gráficos de puntos y barras de error con intervalos de confianza al 95% para evaluar visualmente las diferencias entre subgrupos (Gráficas 1 a 9). Comparación de Medias y Validación de Supuestos: Para las variables binarias se empleó la prueba \(t\) de Student clásica y la versión de Welch para varianzas desiguales ; la magnitud de la diferencia se estimó con la \(d\) de Cohen. Para las variables multivaluadas se aplicó un Análisis de Varianza de una vía (ANOVA). La verificación de los supuestos se llevó a cabo mediante análisis gráfico de residuos (gráficos de diagnóstico de linealidad, normalidad y homogeneidad de varianzas) , y el tamaño del efecto global se computó a través de la eta cuadrada (\(\eta^2\)). Para las diferencias específicas posteriores, se determinó el uso de la prueba de Tukey HSD o la prueba de Games-Howell según el cumplimiento del supuesto de varianzas homogéneas.

Modelado Multivariado: Se estimó un modelo de regresión lineal múltiple para evaluar el efecto aislado y simultáneo de las variables explicativas sobre el tiempo de sueño. Se reportaron los coeficientes beta estimados (\(\beta\)), los errores estándar (\(EE\)) y los valores de significancia estadística (\(p\)). El ajuste global del modelo se evaluó mediante el coeficiente de determinación (\(R^2\) y \(R^2\) ajustado) y el estadístico \(F\). Finalmente, se evaluó la presencia de multicolinealidad.

Resultados

Cuadro 1. Distribución de las características sociodemográficas en Ciudad de México
Variable Categoría n %
Sexo Hombre 963 45.7
Sexo Mujer 1144 54.3
Grupo de edad 12-17 141 6.7
Grupo de edad 18-29 409 19.4
Grupo de edad 30-44 540 25.6
Grupo de edad 45-59 479 22.7
Grupo de edad 60-74 402 19.1
Grupo de edad 75 y más 136 6.5
Autoadscripción indígena No 1896 90.1
Autoadscripción indígena 208 9.9
Autoadscripción afrodescendiente No 2068 98.1
Autoadscripción afrodescendiente 39 1.9
Nivel escolar Básica o menos 253 12.0
Nivel escolar Media superior 600 28.5
Nivel escolar Secundaria 431 20.5
Nivel escolar Superior 822 39.0
Situación conyugal En unión 918 43.6
Situación conyugal Separada/Divorciada 224 10.6
Situación conyugal Soltera 834 39.6
Situación conyugal Viuda 131 6.2
Condición de discapacidad Con discapacidad 124 5.9
Condición de discapacidad Sin discapacidad 1983 94.1
Condición de actividad económica Desocupada 25 1.2
Condición de actividad económica Estudiante 222 10.5
Condición de actividad económica Jubilada o pensionada 165 7.8
Condición de actividad económica Ocupada 1328 63.0
Condición de actividad económica Otra situación 47 2.2
Condición de actividad económica Quehaceres del hogar o cuidado familiar 320 15.2
Tamaño de localidad 100,000 y más 1997 94.8
Tamaño de localidad 15,000 - 99,999 43 2.0
Tamaño de localidad 2,500 - 14,999 12 0.6
Tamaño de localidad Menos de 2,500 55 2.6
Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 (ENUT 2024).

La composición demográfica sistematizada en el Cuadro 1 (N=2107) constituye, en sí misma, el mapa de las variables que modulan el sueño en la Ciudad de México. Los datos censales configuran un perfil marcadamente hegemónico: el sujeto de estudio predominante es un individuo plenamente urbanizado, inserto en la dinámica de la población ocupada y con acceso a la educación superior. Antropológicamente, este sesgo de la muestra no es un artefacto azaroso del muestreo, sino el reflejo de la centralidad macroeconómica de la ciudad, la cual estandariza los ritmos circadianos en torno a las demandas productivas del sector profesional y de servicios.

Por el contrario, las poblaciones que encarnan los márgenes históricos y geográficos de la exclusión social aparecen como minorías estadísticas dentro del instrumento institucional. Lejos de restar validez al análisis, la dispersión gráfica de estos grupos minorizados evidencia la heterogeneidad adaptativa y la vulnerabilidad crónica de los cuerpos que habitan la periferia social y espacial; realidades fragmentadas que la norma estadística de la centralidad urbana tiende a invisibilizar en sus promedios macrosociales.

Cuadro 2. Estadísticas descriptivas del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas en Ciudad de México
Variable Categoría n Media s LI 95% LS 95%
Sexo Hombre 963 50.43 9.43 49.84 51.03
Sexo Mujer 1144 50.62 9.32 50.07 51.16
Grupo de edad 12-17 141 55.99 7.90 54.67 57.30
Grupo de edad 18-29 409 50.20 8.67 49.35 51.04
Grupo de edad 30-44 540 49.86 8.74 49.12 50.60
Grupo de edad 45-59 479 48.72 9.07 47.90 49.53
Grupo de edad 60-74 402 50.15 9.81 49.19 51.12
Grupo de edad 75 y más 136 56.06 10.87 54.22 57.91
Autoadscripción indígena No 1896 50.66 9.22 50.25 51.08
Autoadscripción indígena 208 49.27 10.59 47.82 50.72
Autoadscripción afrodescendiente No 2068 50.57 9.30 50.17 50.97
Autoadscripción afrodescendiente 39 48.47 12.54 44.41 52.54
Nivel escolar Básica o menos 253 52.74 10.99 51.38 54.10
Nivel escolar Secundaria 431 50.99 9.48 50.09 51.88
Nivel escolar Media superior 600 50.29 9.43 49.53 51.04
Nivel escolar Superior 822 49.79 8.59 49.20 50.38
Situación conyugal En unión 918 49.94 9.30 49.33 50.54
Situación conyugal Separada/Divorciada 224 48.92 10.31 47.56 50.28
Situación conyugal Viuda 131 53.20 11.13 51.27 55.12
Situación conyugal Soltera 834 51.21 8.72 50.61 51.80
Condición de discapacidad Con discapacidad 124 54.11 14.28 51.57 56.65
Condición de discapacidad Sin discapacidad 1983 50.31 8.93 49.92 50.70
Condición de actividad económica Desocupada 25 54.60 6.03 52.11 57.09
Condición de actividad económica Estudiante 222 53.21 8.74 52.05 54.36
Condición de actividad económica Jubilada o pensionada 165 53.39 10.12 51.83 54.94
Condición de actividad económica Ocupada 1328 48.98 8.67 48.51 49.45
Condición de actividad económica Otra situación 47 57.51 13.75 53.47 61.55
Condición de actividad económica Quehaceres del hogar o cuidado familiar 320 52.30 10.03 51.20 53.41
Tamaño de localidad 100,000 y más 1997 50.61 9.38 50.20 51.03
Tamaño de localidad 15,000 - 99,999 43 51.00 7.16 48.80 53.20
Tamaño de localidad 2,500 - 14,999 12 46.17 10.36 39.59 52.75
Tamaño de localidad Menos de 2,500 55 48.16 9.87 45.49 50.83
Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 (ENUT 2024).

Este desglose aporta información sobre la plasticidad fenotípica del sueño en la Ciudad de México. Un hallazgo crítico es la elevada dispersión interna, con desviaciones estándar (s) que oscilan entre las 7 y 14 horas semanales en casi todas las categorías, antropológicamente, esta varianza es reflejo de la diversidad adaptativa somática ante el estrés urbano. No obstante, la capacidad del organismo para defender la homeostasis metabólica está rígidamente condicionada por la estructura socioeconómica. El cuadro matematiza el costo del mercado laboral: la población ‘Ocupada’ exhibe la media más baja y homogénea de la muestra, evidenciando la expropiación del tiempo biológico por el en la productividad urbana. En contraparte, los grupos exentos de esta rigidez, como la población ‘Con discapacidad’ o en ‘Otra situación’, recuperan su variabilidad intrínseca registrando las desviaciones más agudas. Así, los datos demuestran que el sueño opera como un marcador somático de desigualdad, donde los promedios institucionales ocultan el desgaste diferenciado que impone la ciudad.

Variables sociodemográficas binarias

Visualmente, el punto rosa (mujer) está ligeramente más arriba que el punto azul (hombre), esto nos indica que, en la muestra analizada, las mujeres reportaron en promedio un poco más de horas de sueño semanales que los hombres. Las líneas que se extienden hacia arriba y hacia abajo de los puntos representan el margen de error o la variabilidad de esa estimación con un 95% de certeza. Ambas barras son bastante largas, abarcan un rango amplio de horas, cruzando la línea de las 50 horas de sueño semanales en la base (50.43 hrs para los hombres y 50.62 para las mujeres) lo que sugiere que hay una alta variabilidad interna en los datos: hay personas que duermen muchísimo y otras que duermen muy poco en ambos sexos. Cuando dos intervalos de confianza al 95% se solapan de esta manera, no existe una diferencia estadísticamente significativa entre las medias de ambos grupos.

Ahora, la Ciudad de México es un ecosistema cultural y socioeconómico profundamente fragmentado, al meter en el mismo espectro estadístico a una mujer de clase alta en Santa Fe y a una mujer de la periferia que hace tres horas de trayecto en transporte público, la enorme variabilidad socioeconómica (género, clase, territorio) dilata los intervalos de confianza, ocultando realidades específicas. el entorno urbano de la Ciudad de México no afecta a todos por igual, esa enorme dispersión nos está diciendo que la población está sometida a un gradiente de presiones ambientales, socioeconómicas y de estilo de vida brutales Pero en cuanto a sexo biológico nos interesa, es muy probable que las presiones que hacen que un hombre duerma poco (jornadas laborales extenuantes en transporte o construcción) sean cualitativamente distintas a las razones por las que una mujer duerme poco (dobles jornadas donde entra el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado a parte de su actividad laboral).

El sexo, por sí solo y de forma aislada, no segmenta el comportamiento del sueño en la ciudad, esto podría indicar que en la Ciudad de México los factores estructurales urbanos afectan de manera semejante a ambos sexos como lo son los tiempos de traslado, horarios laborales, la exposición tecnológica, el ritmo acelerado de vida, el acceso a transporte público o individual, incluso la situación de salud de la persona. En otras palabras, el estrés de la ciudad parece ser más determinante que el sexo biológico por sí mismo en cuanto a horas de sueño se refiere.

La media estimada del grupo “No indígena” se encuentra claramente por encima de las 50 horas semanales (50.66 hrs), en contraste, la media del grupo “Sí indígena” cae significativamente por debajo de esa línea (49.27 hrs), visualmente hay una brecha notable en los puntos centrales. Este solapamiento entre dos intervalos de confianza de muestras independientes, indica que existe una diferencia estadísticamente significativa entre las medias.

La “condición indígena” en un contexto urbano como la CDMX no es una categoría puramente genética o fenotípica aislada, sino, es una categoría política, económica y sociocultural que dicta cómo un cuerpo interactúa con su entorno, la caída de la media en la población indígena por debajo de las 50 horas semanales (menos de 7 horas diarias en promedio) es un indicador de alta presión ambiental. El sueño es un regulador metabólico e inmunológico. Una privación crónica de esta necesidad elevaría los niveles de cortisol y el desgaste. Lo que vemos en el grupo verde es un perfil poblacional con mayor vulnerabilidad epidemiológica y desgaste biológico acelerado debido al entorno urbano que no es amable con este.

¿Por qué duermen menos? En la CDMX, la población indígena migrante o residente suele enfrentarse a la segregación espacial, habitando las periferias de la cuenca o zonas con menor conectividad, esto se traduce en un incremento masivo en los tiempos de traslado, el cuerpo sacrifica horas de reparación celular o sueño para invertirlas en la movilidad y la supervivencia económica dentro del ecosistema urbano.

El hecho de que la barra verde sea tan larga nos está diciendo que bajo la etiqueta de “condición indígena” coexisten realidades radicalmente opuestas en la CDMX: el extremo inferior de la barra: representa a los individuos en condiciones de altísima precarización laboral (comercio informal de jornadas extendidas, trabajo del hogar sin derechos laborales, personal de seguridad con turnos de 24x24). Aquí el entorno exprime el tiempo biológico del individuo. El extremo superior de la barra: nos muestra que existen nichos o estrategias comunitarias/familiares donde se logra preservar el tiempo de descanso, o bien, refleja la diversidad de pueblos originarios residentes de la CDMX (como en Milpa Alta o Xochimilco) cuyas dinámicas de tiempo y territorio difieren por completo de la población indígena migrante en zonas más urbanizadas.

Técnicamente, la barra azul queda completamente contenida dentro del gigantesco rango de la barra morada, la media del grupo afromexicano está notablemente por debajo de las 50 horas (48.47 hrs de sueño semanales), pero debido a la enorme longitud del intervalo (morado), estadísticamente podría decir que no hay una diferencia significativa entre las medias con un 95% de confianza ya que es un tamaño muestral mlimitado, es decir, la n que se autoadscribe como afromexicana, es de 39, en comparación a la que no de autoascribe, cin una n de 2,068.

Culturalmente hablando, esto es un reflejo fiel de la realidad sociohistórica de la población afrodescendiente en las grandes urbes mexicanas, la población afromexicana en la CDMX suele ser de migración reciente o estar dispersa en el tejido urbano. Al no formar un bloque territorial homogéneo en la ciudad, sus condiciones de vida varían. La longitud de la barra morada representa esa heterogeneidad adaptativa, desde personas afrodescendientes con inserción profesional estable, hasta migrantes enfrentando dinámicas de precarización e informalidad extrema en la urbe.

Aunque la media no sea estadísticamente significativa por cuestiones de tamaño muestral, la tendencia visual de la media hacia abajo de las 50 horas es un indicador biológico de cuidado. El racismo estructural y la discriminación fenotípica operan en las sociedades urbanas como estresores crónicos, las poblaciones afrodescendientes minoritarias en contextos urbanos presentan mayores niveles de cortisol y peor calidad de sueño debido a la hipervigilancia y el estrés alostático (McEwen, B. S. 2006), derivado de la discriminación cotidiana.

Aquí no hay ningún tipo de solapamiento entre los intervalos de confianza al 95%. El límite inferior del grupo “Con discapacidad” (54.11 hrs de sueño a la semana), queda muy por encima del límite superior del grupo “Sin discapacidad” (50.31 hrs de sueño a la semana). Estadísticamente, esto demuestra una diferencia sumamente significativa (p<0.01) entre las medias de sueño de ambas poblaciones. A primera vista, la media de las personas con discapacidad se encuentra notablemente por encima de las 50 horas semanales y muy por encima de la media de las personas sin discapacidad. La barra de “Con discapacidad” es bastante larga, indicando que dentro de este grupo hay una variabilidad interna considerable en las horas de descanso reportadas.

Desde una perspectiva biológica, muchas condiciones de discapacidad ya sean motoras, intelectuales, psicosociales o sensoriales, conllevan alteraciones metabólicas, procesos inflamatorios crónicos o un mayor gasto energético basal para realizar las actividades cotidianas. El cuerpo, bajo estas condiciones, requiere metabólicamente más horas de sueño y descanso para alcanzar la restauración celular. El incremento en la media de horas podría reflejar una respuesta biológica compensatoria: el organismo exige más tiempo de recuperación para lidiar con el desgaste físico diario.

Antropológicamente, el sueño en una megaciudad está relacionado al mercado laboral y los tiempos de traslado. La población “Sin discapacidad” muestra una media significativamente más baja porque está masivamente inserta en la dinámica hiperproductiva de la CDMX, por el contrario, las personas con discapacidad en México enfrentan tasas de exclusión laboral estructural altísimas. Tienen, por vías de la exclusión social, una mayor disponibilidad de tiempo biológico para destinarlo al descanso o al reposo forzado/necesario. El entorno urbano “libera” su tiempo cronológico al mismo tiempo que los margina económicamente.

El extremo superior de la barra en la gráfica puede representar a personas con discapacidad que cuentan con redes de apoyo familiar o comunitario sólidas que les permiten resguardar su salud y extender sus horas de descanso y recuperación biológica, en su contraparte, el extremo inferior podría representar a aquellos individuos con discapacidades que alteran directamente el ciclo circadiano (dolor crónico, trastornos del neurodesarrollo o condiciones psicosociales) o que, al no tener redes de soporte, experimentan el peor escenario de vulnerabilidad adaptativa y falta de descanso en entornos precarizados.

Variables sociodemográficas multivaluado

Al desglosar por Grupo de edad, la gráfica dibuja una curva en forma de U o V, revelando un patrón clásico de ontogenia y ciclo vital humano atravesado por las presiones socioeconómicas de una gran ciudad como lo es la Ciudad de México. Los extremos superiores no se solapan con el resto, los grupos de 12-17 años (55.99 hrs semanales) y 75 años y más (56.06 hrs semanales) tienen medias más elevadas. Sus intervalos de confianza no se solapan en absoluto con ninguno de los grupos que van de los 18 a los 74 años. Esta diferencia es altamente significativa, sin embargo, entre ellos dos (adolescentes vs. adultos mayores avanzados) sí hay solapamiento, por lo que estadísticamente duermen una cantidad de tiempo similar.

Pero en la adultez, si observamos los bloques de 18-29, 30-44 y 60-74 años, notamos que sus intervalos de confianza se cruzan de forma horizontal a alturas muy similares (alrededor de las 50 horas), dando a entender que entre estos tres grupos no hay diferencias estadísticas significativas. El grupo de 45-59 años marca el punto más bajo de toda la gráfica, cayendo significativamente por debajo de las 50 horas. Su intervalo apenas toca el borde inferior de los grupos contiguos, marcando el periodo de máxima privación de sueño de la población.

El tiempo de sueño cambia biológicamente con la edad y se moldea con la estructura productiva de la CDMX. 12-17 años (Adolescencia): Fisiológicamente, el cerebro y el cuerpo adolescente se encuentran en una fase crítica de desarrollo, maduración del sistema nervioso y brote de crecimiento somático. El sueño es metabólicamente intocable; el organismo exige estas horas para mantener la homeostasis del desarrollo, además, culturalmente, suelen estar protegidos por redes familiares del mercado laboral formal, aunque sabemos por experiencia que hay adolescentes que sí trabajan, en la gráfica podemos ver que esto no afecta su sueño, ya que incluso el extremo inferior de la barra está muy por encima que el extremo superior del siguiente grupo (18-29 años). 75 años y más (Vejez avanzada): Aquí operan dos factores, biológicamente, aunque el sueño suele fragmentarse con la senescencia, es decir, el proceso de envejecimiento, el retiro definitivo del mercado laboral elimina la fricción de los horarios laborales rígidos y los traslados; social y personalmente se recupera el control sobre el tiempo biológico, en la mayoría de los casos, permitiendo que las horas totales semanales de sueño aumenten mediante siestas o periodos de reposo extendidos.

El desplome que ocurre a partir de los 18 años y que toca fondo en el grupo de 45-59 años es la viva imagen de la máxima carga de estrés laboral y familiar: Las personas de 45-59 años son las más desgastadas, en las sociedades urbanas contemporáneas, este grupo sostiene la mayor presión de la estructura social, sufren la presión de la consolidación laboral, muchas veces en la informalidad o con puestos de alta responsabilidad y jornadas extenuantes, mientras sostienen económicamente tanto a hijos jóvenes como a padres ancianos en proceso de dependencia.

Se podría inferir que sacrifican su sueño para maximizar la productividad y el cuidado de la red familiar. Es el momento del ciclo vital donde el entorno socioeconómico de la CDMX extrae la mayor cantidad de energía del individuo, disparando los riesgos epidemiológicos de enfermedades metabólicas y cardiovasculares debido a este valle crónico de descanso. Para concluir, se puede decir que el impacto ambiental de la CDMX se ensaña con el cuerpo humano justamente en la madurez productiva.

Las medias caen de manera escalonada a medida que aumenta el nivel educativo, el grupo con educación “Básica o menos” duerme 52.74 horas semanales, mientras que el grupo con educación “Superior” se queda en la base, con 49.79 horas semanales. Si comparamos el primer grupo (“Básica o menos”) con los dos últimos (“Media superior” y “Superior”), no hay absolutamente ningún solapamiento entre sus intervalos de confianza. El límite inferior de la barra de educación básica está muy por encima del límite superior de las barras de educación media superior y superior. Esta diferencia es altamente significativa, Existe un ligero solapamiento entre “Secundaria” y “Media superior”, lo que indica que la transición inmediata entre estos dos niveles no altera el patrón de sueño de forma drástica, pero la tendencia general a la baja se mantiene firme.

En antropología, el nivel de escolaridad en una sociedad urbana e industrializada no es solo un indicador de conocimiento, sino un marcador de grupo socioeconómico y tipo de actividad laboral. Esta gráfica rompe con el prejuicio de que “a menor nivel socioeconómico, peores indicadores biológicos”. Aquí vemos lo contrario en cuanto a cantidad de horas, y puede ser debido a: La población con educación Superior suele insertarse de forma masiva en el sector terciario, corporativo, administrativo o profesional, estos grupos laborales en la CDMX se caracterizan por jornadas laborales extendidas e hiperconectividad: el trabajo intelectual o de oficina contemporáneo frecuentemente desborda los límites físicos de la oficina (correos, mensajes, trabajo en casa por la noche). La vigilia se prolonga artificialmente, retrasando la hora de inicio del sueño. Regresando un poco al transporte y la residencia, aunque este sector pueda tener mejores ingresos, una gran parte de los profesionistas jóvenes y de clase media en la CDMX realiza traslados masivos desde zonas periféricas o conurbadas hacia los centros financieros (Reforma, Santa Fe, Insurgentes), sacrificando su tiempo biológico en el tráfico. Por el contrario, el grupo de educación Básica o menos muchas veces se inserta en el autoempleo, el comercio local o trabajos con dinámicas horarias distintas que, si bien pueden ser físicamente desgastantes, no siempre exigen la misma estructura de horarios de oficina prolongados, siendo a veces auto empleos matutinos que los dejan descansar gran parte de la tarde, claro, que, en casos como vendedores ambulantes de comida, tienen que despertarse muy temprano para cubrir la demanda de la venta.

Las demandas neurocognitivas y el estrés asociados a puestos de alta responsabilidad que son típicos de la población con educación superior, generan una alta demanda de recuperación, sin embargo, el entorno les impide cumplirla. Para finalizar, profundizando un poco más según mi experiencia y lo que he visto, es posible que aunque el grupo con educación “Básica o menos” duerme más horas semanales totales, es muy probable que ese sueño ocurra en entornos con mayor contaminación auditiva, condiciones habitacionales menos óptimas o mayor incertidumbre económica, haciendo de esta cantidad de sueño una calidad menor, a su vez, el grupo “Superior” duerme menos horas, pero probablemente en entornos con mejor infraestructura de descanso.

Ahora si recordamos la Gráfica 5 (Edad), vimos que el punto más bajo del sueño estaba entre los 45 y 59 años, al cruzarlo mentalmente con esta Gráfica 6, por pura curiosidad, podemos deducir que el perfil sociodemográfico que menos duerme en la Ciudad de México es el de adultos en plena madurez productiva con educación superior.

En antropología el tamaño de la localidad en el contexto de la zona metropolitana de la CDMX no se lee como campo vs. ciudad, sino como centralidad frente a periferia y zonas de transición. Aquí podemos ver algo curioso que sucede en localidades semiurbanas, la población de 2,500 a 14,999 habitantes, una paradoja que responde a la pregunta ¿por qué este grupo duerme tan poco y tiene tanta variabilidad? En la estructura urbana de la Cuenca de México, que es donde las localidades de este tamaño suelen estar, corresponden a asentamientos periféricos, zonas conurbadas de reciente creación o pueblos tradicionales en proceso de absorción urbana (ubicados en los límites de alcaldías del sur/oriente). Los habitantes de estas localidades semiurbanas frecuentemente no trabajan en sus comunidades; se desplazan masivamente hacia los centros hiperurbanizados (el grupo de 100,000 y más) para trabajar en el sector servicios o el comercio. Esto implica los tiempos de traslado más largos de la región, frecuentemente de 2 a 3 horas de ida y las mismas o más de vuelta. El cuerpo paga el costo del transporte sacrificando directamente las horas de sueño. Aun así, coexisten en estas zonas personas que logran mantener dinámicas de vida locales como comercio interno, agricultura periurbana, y que resguardan su sueño (el extremo superior de la barra), junto con los trabajadores que sufren la peor privación de sueño y la mayor carga de estrés por movilidad laboral de toda la ciudad (el extremo inferior de la barra).

En el grupo de Menos de 2,500 habitantes los ciclos de actividad suelen estar más ligados a dinámicas comunitarias, agropecuarias o locales, lo que reduce la dependencia absoluta de los horarios de oficina y los traslados extenuantes a la gran urbe, permitiendo tener un sueño más estable.

En el grupo de 100,000 y más con esa media justo arriba de las 50 horas y un intervalo de confianza sumamente estrecho, nos dice muchísimo sobre la estandarización del cuerpo humano bajo los ritmos del capitalismo industrial y de servicios. La barra es corta porque hay poca libertad biológica, ese intervalo tan compacto refleja una tremenda homogeneidad conductual. No importa tu variabilidad genética individual; si vives en una zona densamente urbana, puede que estés obligado a adaptarte a los mismos horarios de entrada al trabajo o la escuela, el tráfico y las mismas dinámicas de consumo y rendimiento en general.

Aquí vemos cómo el cuerpo de los habitantes de la CDMX es literalmente moldeado por su rol en el sistema productive, antes del análisis antropológico, hay algunas cosas que resaltar como que la media del grupo “Ocupada” cae dramáticamente a los niveles más bajos, situándose firmemente de las 48.98 horas semanales. Lo más importante es que su intervalo de confianza no se solapa en absoluto con ninguna de las otras cinco categorías. Además, al ser una barra minúscula y ultraprecisa, refleja que la gran mayoría de la población económicamente activa de la muestra se concentra aquí. Los grupos de “Desocupada”, “Estudiante” y “Jubilada o pensionada” mantienen medias muy similares, sus intervalos se solapan ampliamente de manera horizontal, indicando que estadísticamente comparten un rango de tiempo de descanso equiparable.

Finalmente, el grupo de “Quehaceres del hogar o cuidado” se sitúa en un punto intermedio crítico, rondando las 52.5 horas, significativamente por encima de la población ocupada, pero por debajo de los estudiantes y jubilados, que puede explicarse porque su actividad suele ser más intermitente, ya que pueden dedicarse a cuidar del hogar o de alguien enfermo, haciendo su calidad del sueño algo precario.
Y el grupo de “Otra situación” muestra una media alta, pero con la barra más larga de la gráfica, denotando un grupo heterogéneo y minoritario en la muestra, pero creo que es el grupo más atípico, ya que existes muchas posibilidades de cualesquiera sea su otra situación, se me ocurren que sean personas rentistas que no necesitan trabajar ni estudiar, personas en extrema marginalidad institucional que subsisten fuera del sistema formal medible, individuos bajo confinamiento o situaciones de dependencia muy específicas, que no entran en la definición formal de discapacidad o jubilación y personas en periodos sabáticos o de transición vital prolongada o hasta gente que es mantenida por sus padres o pareja, que no se preocupan por tener una actividad laboral.

El hecho de que la categoría “Ocupada” esté completamente segregada en la base de la gráfica nos dice que el empleo formal e informal en la CDMX es el principal agente de privación crónica de sueño. Al promediar unas 7 horas o menos diarias, este grupo se encuentra en un estado de deuda de sueño. Fisiológicamente, este es el grupo bajo mayor carga alostática por desgaste productivo, la rigidez de los horarios laborales, combinada con los traslados masivos, obliga al organismo a recortar las horas de sueño, la consolidación de la memoria y la regulación metabólica para usarlo trabajando en su actividad económica.

Estadísticamente en el pico de la población “Viuda” la media se dispara notablemente 53.20 horas semanales, al comparar su intervalo con los dos primeros grupos “En unión” y “Separada/Divorciada”, no hay absolutamente ningún solapamiento, la diferencia es altamente significativa, sin embargo, su barra vertical es bastante larga, lo que indica una dispersión interna considerable. El grupo “Separada/Divorciada” marca el punto más bajo de la gráfica, cayendo hacia las 49 horas mientras que la población soltera muestra una media intermedia, alrededor de las 51.3 horas, pero con un intervalo de confianza sumamente corto y compacto, su intervalo no se cruza ni con”Separada/Divorciada” ni con el pico “En unión”, marcando una categoría estadísticamente independiente.

En antropología, la situación conyugal no es solo un estatus civil legal; define el tipo de presiones y demandas de energía que ocurren dentro del grupo doméstico, los cuerpos de la CDMX reaccionan fisiológicamente a si comparten el espacio, los recursos o las cargas de trabajo reproductivo, las medias más bajas se concentran en las personas que están o estuvieron en una estructura de pareja conyugal.

En unión: Estar en pareja en contextos urbanos competitivos suele correlacionarse con la etapa de crianza activa de los hijos y consolidación del hogar. El tiempo biológico del sueño se sacrifica para sincronizarse con las demandas laborales de la pareja y las tareas de cuidados.

Separada/Divorciada: El desplome aquí es el reflejo del estrés de un hogar monoparental, antropológicamente sabemos que en México las rupturas conyugales frecuentemente dejan a las mujeres a cargo exclusivo de los hijos y de la economía doméstica. Este grupo duerme menos porque sostiene dobles o triples jornadas de trabajo sin el amortiguador de una pareja que comparta la fricción económica o los tiempos de traslado de la ciudad, es así que el cuerpo encarna el estrés de la disolución del vínculo a través de la vigilia obligada.

Viuda: ¿Por qué el grupo de viudez duerme significativamente más? Aquí opera un cruce demográfico directo con la Gráfica 5 (Edad): la viudez es un estatus concentrado mayoritariamente en los grupos de 60-74 años y 75 años y más. Fisiológicamente, este pico de sueño reproduce el patrón de los adultos mayores que ya se retiraron del mercado laboral activo, al perder a la pareja y muchas veces con los hijos ya emancipados, las demandas de cuidado diario disminuyen drásticamente en el hogar, así el cuerpo recupera la soberanía sobre su tiempo cronológico, permitiendo que las horas totales semanales de descanso se expandan.

La población soltera en la CDMX (que demográficamente tiende a ser más joven, cruzándose con el bloque de 18-29 años de la Gráfica 5) muestra una estabilidad notable. Puede que no estén sujetos a las demandas de una pareja ni de cuidados intensivos del hogar, o hijos, logran defender un sueño con mejor descanso con 51.21 horas semanales. Su barra compacta demuestra que la soltería urbana impone un ritmo de vida muy estandarizado en la juventud de la ciudad.

Cuadro 3. Pruebas de comparación del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas
Variable Prueba Estadístico gl p Tamaño del efecto Medida
Sexo t de Student -0.441 2105 0.659 -0.019 d de Cohen
Sexo t de Welch -0.441 2036.39 0.66 -0.019 d de Cohen
Autoadscripción indígena t de Student 2.032 2102 0.042 -0.148 d de Cohen
Autoadscripción indígena t de Welch 1.818 242.67 0.07 -0.148 d de Cohen
Autoadscripción afrodescendiente t de Student 1.385 2105 0.166 0.224 d de Cohen
Autoadscripción afrodescendiente t de Welch 1.039 38.79 0.305 0.224 d de Cohen
Condición de discapacidad t de Student 4.401 2105 <0.001 -0.407 d de Cohen
Condición de discapacidad t de Welch 2.928 129.09 0.004 -0.407 d de Cohen
Grupo de edad ANOVA clásico 24.738 5, 2101 <0.001 0.056 η²
Grupo de edad ANOVA de Welch 25.099 5, 639.69 <0.001 NA No aplica
Nivel escolar ANOVA clásico 6.936 3, 2102 <0.001 0.010 η²
Nivel escolar ANOVA de Welch 5.771 3, 820.9 <0.001 NA No aplica
Situación conyugal ANOVA clásico 8.507 3, 2103 <0.001 0.012 η²
Situación conyugal ANOVA de Welch 7.213 3, 433.69 <0.001 NA No aplica
Condición de actividad económica ANOVA clásico 23.616 5, 2101 <0.001 0.053 η²
Condición de actividad económica ANOVA de Welch 21.454 5, 161.35 <0.001 NA No aplica
Tamaño de localidad ANOVA clásico 2.131 3, 2103 0.094 0.003 η²
Tamaño de localidad ANOVA de Welch 1.812 3, 38.48 0.161 NA No aplica

Este cuadro aporta la confirmación inferencial del modelo, discriminando cuáles variables sociodemográficas ejercen una presión estadísticamente significativa sobre el organismo. Los resultados ratifican que el sexo biológico carece de impacto en el tiempo de descanso (p=0.659), desplazando la causalidad hacia determinantes puramente estructurales. El mercado laboral y la crono-segregación metropolitana emergen como los principales vectores de desgaste biológico, evidenciado por los valores altamente significativos en condición de actividad económica, grupo de edad y situación conyugal (p<0.001 en pruebas clásicas y de Welch). Un hallazgo metodológico crucial radica en las variables de vulnerabilidad étnica y geográfica: la auto adscripción indígena roza el umbral de significancia en la prueba clásica (p=0.042), mientras que el tamaño de localidad no alcanza significancia matemática (p=0.094). Desde la antropología física, esta aparente laxitud estadística, acompañada de tamaños del efecto pequeños o moderados, no desestima el fenómeno; al contrario, refleja la severa subrepresentación y dispersión de las minorías en las muestras macro estadísticas urbanas. Aquí se demuestra formalmente que en la Ciudad de México el sueño no está regido por constantes biológicas internas, sino que se encuentra fragmentado por las asimetrías socioeconómicas que el propio instrumento estadístico tiende a diluir en sus promedios.

Cuadro 4. Modelo de regresión lineal múltiple para el tiempo semanal de sueño en Ciudad de México
Variable Categoría β EE p
Sexo Hombre (referencia)
Mujer 0.02 0.42 0.954
Grupo de edad 12-17 (referencia)
18-29 -5.71 1.11 <0.001
30-44 -5.54 1.25 <0.001
45-59 -6.99 1.26 <0.001
60-74 -7.22 1.30 <0.001
75 y más -2.50 1.49 0.093
Nivel escolar Básica o menos (referencia)
Media superior -1.19 0.74 0.107
Secundaria -1.02 0.76 0.177
Superior -1.19 0.74 0.109
Situación conyugal En unión (referencia)
Separada/Divorciada -0.69 0.68 0.313
Viuda 0.13 0.93 0.888
Soltera 0.55 0.52 0.292
Autoadscripción indígena No (referencia)
-0.47 0.71 0.504
Autoadscripción afrodescendiente No (referencia)
-1.19 1.50 0.428
Condición de discapacidad Con discapacidad (referencia)
Sin discapacidad -2.22 0.88 0.012
Condición de actividad económica Ocupada (referencia)
Desocupada 5.58 1.82 0.002
Estudiante 0.15 0.94 0.873
Jubilada o pensionada 3.78 0.87 <0.001
Otra situación 6.98 1.38 <0.001
Quehaceres del hogar o cuidado familiar 2.93 0.64 <0.001
Tamaño de localidad 100,000 y más (referencia)
15,000 - 99,999 0.86 1.39 0.539
2,500 - 14,999 -3.71 2.64 0.159
Menos de 2,500 -2.92 1.27 0.022
Indicadores globales del modelo
Indicador Valor
0.095
R² ajustado 0.085
F 9.460
Observaciones 2103.000

El modelo presenta un R^2=0.095, esto significa matemáticamente que el conjunto de variables sociodemográficas explica de manera directa el 9.5% de la variabilidad total del tiempo de sueño semanal en la muestra de la Ciudad de México. Aunque el 90.5% restante de la varianza se deba a la plasticidad somática individual y a factores microambientales no capturados por la encuesta, alcanzar casi el 10% de poder explicativo en un fenómeno del comportamiento biocultural tan multifactorial como el sueño es un hallazgo contundente. Esta capacidad predictiva del modelo queda respaldada por la alta significancia global del estadístico F=9.460 (p<0.001), lo que demuestra que las presiones estructurales de la urbe no se distribuyen al azar, sino que imponen un orden matemático real sobre el descanso de los cuerpos. Sexo (Referencia: Hombre) Impacto: β=0.02 horas; Error Estándar (“EE” )=0.42; p=0.954. Influencia: Nula e insignificante.
Desde la antropología: al controlar todas las variables (ingreso, jornada laboral, edad), pertenecer al sexo femenino o masculino no predice el tiempo de sueño. Esto tumba cualquier determinismo biológico o fisiológico basal respecto al género y el descanso en la CDMX; las diferencias observadas en crudo en la sociedad responden a la división social del trabajo y los cuidados, no a una divergencia cromosómica o metabólica interna.

Grupo de Edad (Referencia: 12-17 años) 18-29 años: β=-5.71” horas” (“EE” =1.11;p<0.001). 30-44 años: β=-5.54” horas” (“EE” =1.25;p<0.001). 45-59 años: β=-6.99” horas” (“EE” =1.26;p<0.001). 60-74 años: β=-7.22” horas” (“EE” =1.30;p<0.001). 75 años y más: β=-2.50” horas” (“EE” =1.49;p=0.093). Influencia: conforme el individuo entra a la vida adulta, el tiempo de descanso sufre una caída drástica y estadísticamente muy significativa, alcanzando su punto de mayor precarización temporal entre los 45 y los 74 años, donde se pierden alrededor de 7 horas semanales de sueño en comparación con la adolescencia. A partir de los 75 años, la pérdida deja de ser estadísticamente significativa (p=0.093) debido a la salida del mercado productivo. Desde la antropología: Observamos la huella matemática del desarrollo ontogénico y el desgaste social. La adolescencia (12-17) protege su ventana somática de reparación. La adultez encarna la transición hacia el estrés sostenido: jornadas de trabajo acumuladas, transporte metropolitano y la presión económica de la crianza. El cuerpo de mediana edad en la CDMX es un organismo crónicamente privado de descanso por la estructura de su grupo social.

Nivel Escolar (Referencia: Básica o menos) Media superior: β=-1.19” horas” (p=0.107). Secundaria: β=-1.02” horas” (p=0.177). Superior: β=-1.19” horas” (p=0.109). Influencia: Estadísticamente insignificante en todas sus categorías (p>0.05). Desde la antropología: aunque a nivel puramente descriptivo parecía que a mayor escolaridad se dormía menos (Gráfica 6), la regresión revela que la educación no quita el sueño por sí misma. El verdadero causante no es el título académico, sino la inserción laboral y las horas de jornada laboral que ese estatus escolar conlleva. Al controlar el trabajo, el impacto de la escuela se disipa.

Situación Conyugal (Referencia: En unión) Separada/Divorciada: β=-0.69” horas” (p=0.313). Viuda: β=0.13” horas” (p=0.888). Soltera: β=0.55” horas” (p=0.292). Influencia: Estadísticamente insignificante (p>0.05). Desde la antropología: al analizar el comportamiento neto de la situación conyugal respecto al grupo de referencia, observamos que ninguna de las transiciones civiles altera de forma directa el tiempo de descanso: las personas separadas o divorciadas registran un sutil descenso, las viudas un aumento marginal, y las solteras apenas un incremento, esta falta de significancia matemática revela una homogeneización del nicho doméstico ante la presión macro ambiental. Nos indica que los contratos de parentesco, las alianzas conyugales y las estructuras de cohabitación, o la ausencia de ellas, quedan completamente neutralizados cuando los cuerpos habitan el mismo espacio.

Autoadscripción Étnica (Referencia: No) Indígena (Sí): β=-0.47” horas” (“EE” =0.71;p=0.504). Afrodescendiente (Sí): β=-1.19” horas” (“EE” =1.50;p=0.428). Influencia: No estadísticamente significativa. Desde la antropología: en el modelo multivariado, el impacto directo de la etnicidad se diluye estadísticamente. Esto demuestra que la opresión sobre el cuerpo indígena o afrodescendiente en entornos urbanos no opera de forma mágica o esencialista a través de su identidad, sino a través de su exclusión socioeconómica e inserción precarizada en el mercado laboral. Cuando el modelo ajusta las condiciones de empleo, la raza/etnicidad matemática se neutraliza, mostrando que el desgaste es sistémico y de clase productiva.

Condición de Discapacidad (Referencia: Con discapacidad) Sin discapacidad: β=-2.22” horas” (“EE” =0.88;p=0.012). Influencia: Estadísticamente significativa (p<0.05). Desde la antropología: los cuerpos “sin discapacidad” duermen netamente 2.22 horas menos a la semana en comparación con quienes presentan alguna discapacidad. Esto refleja el fenómeno adaptativo de la exclusión: las personas con discapacidad en la CDMX sufren de una marginación estructural que las segrega de las dinámicas de empleo rígidas y de los extenuantes traslados metropolitanos diarios, lo que “libera” tiempo biológico de sueño obligado en el espacio doméstico, a costa de su autonomía e inserción económica.

Condición de Actividad Económica / Ocupación (Referencia: Ocupada) Desocupada: β=+5.58” horas” (“EE” =1.82;p=0.002). Estudiante: β=+0.15” horas” (p=0.873). Jubilada o pensionada: β=+3.78” horas” (“EE” =0.87;p<0.001). Otra situación: β=+6.98” horas” (“EE” =1.38;p<0.001). Quehaceres del hogar / cuidado: β=+2.93” horas” (“EE” =0.64;p<0.001). Influencia: Altamente significativa en casi todos los rubros en comparación con la población activamente empleada. Las personas desocupadas (+5.58” h” ), jubiladas (+3.78” h” ) o en “otra situación” (+6.98” h” ) expanden masivamente su tiempo de descanso biológico. Incluso el trabajo reproductivo del hogar y cuidado, pese a su gran carga, defiende cerca de 3 horas más de sueño semanal (+2.93” h” ) que el empleo formal de mercado. Los estudiantes no muestran diferencias significativas frente a los ocupados (p=0.873). Desde la antropología: el mercado de trabajo en la CDMX actúa como una maquinaria de expropiación del tiempo orgánico. Estar inserto en la población ocupada significa someter al cuerpo al yugo de la productividad, reduciendo la variabilidad biológica y forzando niveles de sueño precarizados. Al romper temporal o definitivamente con este rubro productivo (por desempleo, jubilación o dinámicas fuera del mercado), el organismo experimenta una liberación temporal que le permite reclamar sus horas basales de reparación metabólica, como lo es el sueño.

Tamaño de Localidad / Geografía (Referencia: 100,000 y más habitantes) 15,000 - 99,999 hab: β=0.86” horas” (p=0.539). 2,500 - 14,999 hab: β=-3.71” horas” (p=0.159). Menos de 2,500 hab: β=-2.92” horas” (“EE” =1.27;p=0.022). Influencia: Vivir en las áreas netamente rurales (menos de 2,500 habitantes) de la periferia metropolitana disminuye significativamente el tiempo de sueño en 2.92 horas semanales en comparación con la centralidad urbana. Desde la antropología: este hallazgo expone la realidad de la segregación e injusticia de la relación tiempo-espacio. Los habitantes de los márgenes rurales de la CDMX pagan un impuesto biológico altísimo para conectarse con la centralidad económica de la ciudad. El desgaste se traduce en horas de vigilia obligada destinadas a traslados intermodales larguísimos y precarizados antes del amanecer, encarnando la geografía de la desigualdad en la propia fatiga muscular y celular.

Discusión de los resultados.

La integración de los análisis descriptivos, comparativos e inferenciales demuestra que el tiempo semanal de sueño en la Ciudad de México es un rasgo fenotípico modulado por la ecología política de la ciudad. El modelo de regresión lineal múltiple explica directamente el 9.5% de la variabilidad total del descanso (R^2=0.095; F=9.460; p<0.001), lo que confirma que la fatiga no se distribuye al azar, sino que está rígidamente estructurada por el entorno socioeconómico. El eje Edad, Trabajo y Territorio El mercado laboral y el ciclo vital actúan como los principales expropiadores de tiempo biológico en la urbe: La ontogenia capturada: la curva descriptiva en “U” se formaliza en la regresión. La inserción en la adultez productiva penaliza drásticamente al organismo, alcanzando su punto crítico entre los 45 y 59 años con una pérdida neta de -6.99” horas” semanales frente a la adolescencia. Fisiológicamente, este desplome encarna la carga de esta generación que sacrifica su ventana de reparación celular para sostener la productividad económica y el cuidado familiar. La condición “Ocupada” impone la mayor restricción temporal de la muestra (“Media”=48.98” h” ). Al romper con esta rigidez horaria (categorías como “Otra situación”, β=+6.98” h” ), el cuerpo se libera de los sincronizadores sociales externos, permitiendo que la variabilidad homeostática natural emerja. Injusticia espacial: Habitar en localidades rurales periféricas (menos de 2,500 habitantes) resta significativamente -2.92” horas” de sueño semanales en comparación con la centralidad urbana. Este hallazgo evidencia la crono-segregación: el costo de los traslados intermodales extenuantes de la periferia se inscribe directamente como fatiga muscular y celular en los cuerpos de los márgenes geográficos. Luego el modelo multivariado desmitifica explicaciones esencialistas al neutralizar el impacto directo del sexo (p=0.954), la adscripción étnica (p>0.05) y la situación conyugal (p>0.05): Ausencia de determinismo biológico y civil: Pertenecer a determinado sexo o estructurar alianzas de parentesco (casado, soltero, divorciado) carece de fuerza biológica propia para alterar el descanso neto. Las presiones macro ambientales de la CDMX homogenizan el nicho doméstico y anulan la capacidad reguladora de las esferas privadas. Las variables de identidad étnica dejen de ser significativas al ajustar el modelo demuestra que el racismo estructural o la exclusión escolar no operan en abstracto sobre el sueño. Se materializan a través de vías físicas y tangibles: la inserción en empleos precarizados y la segregación residencial periférica.

Conclusiones.

El análisis del tiempo semanal de sueño en la Ciudad de México, a partir de los microdatos de la ENUT 2024, permite afirmar que el descanso nocturno no es un fenómeno biológico autónomo ni una constante fisiológica universal. Es, antes bien, un rasgo fenotípico plástico cuya expresión cuantitativa está profundamente condicionada por la ecología política, económica y cultural del entorno urbano que lo contiene.

En conjunto, los resultados de este análisis ilustran con claridad la propuesta central de la Antropología Física contemporánea respecto al sueño: los procesos biológicos de restauración metabólica, regulación hormonal y consolidación cognitiva que ocurren durante el descanso son reales, necesarios e irremplazables, pero el tiempo que los cuerpos humanos pueden efectivamente destinarles no está determinado por la biología interna. Está determinado por el lugar que ese cuerpo ocupa en la estructura social, por el territorio que habita dentro de la jerarquía urbana y por el rol que desempeña en el sistema productivo.

La Ciudad de México opera como un laboratorio natural de esta interacción. Su densidad demográfica, su segregación socioespacial, sus tiempos de traslado y su economía formal e informal configuran un gradiente de presiones ambientales que fragmentan el descanso de manera diferenciada y predecible. El sueño, en este contexto, no es simplemente el tiempo que el organismo dedica a recuperarse. Es el espacio donde la biología negocia, con frecuencia en condiciones de desventaja, frente a las exigencias de la economía y la geografía urbana.

¿Existen diferencias en el tiempo semanal de sueño según las características sociodemográficas de la población residente en la Ciudad de México? Sí, existen diferencias estadísticamente significativas en el tiempo semanal de sueño según varias características sociodemográficas, aunque su magnitud e importancia varían considerablemente entre variables. El análisis descriptivo reveló que la media general de sueño semanal en la muestra oscila alrededor de las 50 horas, con desviaciones estándar que en casi todas las categorías se sitúan entre 7 y 14 horas, lo que evidencia una alta variabilidad interna que refleja la heterogeneidad adaptativa de los cuerpos ante el estrés urbano. Las pruebas de comparación de medias del Cuadro 3 permiten identificar con precisión qué variables producen diferencias reales y cuáles no. Variables con diferencias estadísticamente significativas: la condición de discapacidad mostró la separación más nítida de toda la muestra: los intervalos de confianza al 95% de ambos grupos no se solapan en absoluto; el grupo de edad produjo diferencias altamente significativas (p<0.001 en ANOVA clásico y de Welch), con una curva en forma de U que sitúa a los adolescentes de 12 a 17 años y a los adultos de 75 años y más en los extremos superiores del descanso, aproximadamente 56 horas semanales, mientras que el grupo de 45 a 59 años marca el valle más profundo de toda la distribución, por debajo de las 50 horas semanales. La condición de actividad económica también produjo diferencias muy significativas (p<0.001), con la población ocupada registrando la media más baja y homogénea de la muestra, cerca de las 49 horas semanales. El nivel escolar mostró diferencias significativas (p<0.001), con una tendencia descendente clara: a mayor escolaridad, menor tiempo de sueño. La autoadscripción indígena alcanzó significancia estadística en la prueba clásica (p=0.042), con la población indígena durmiendo en promedio menos de 49.27 horas semanales frente a las 50.66 horas del grupo no indígena. Y por último, la situación conyugal mostró diferencias significativas (p<0.001), con el grupo viudo en el pico superior con 53.20 horas semanales y el grupo separado o divorciado en el punto más bajo con aproximadamente 49 horas, mientras que la población soltera ocupa una posición intermedia estadísticamente independiente de los demás grupos.

¿Cuáles de estas características mantienen una asociación significativa con el tiempo semanal de sueño cuando se consideran simultáneamente mediante un modelo de regresión lineal múltiple? Al introducir todas las variables simultáneamente en el modelo de regresión lineal múltiple, el panorama se transforma de manera relevante: varias asociaciones que parecían significativas en el análisis bivariado pierden su efecto independiente, mientras que otras se consolidan como predictores genuinos del tiempo de sueño. Las variables que mantienen asociación significativa en el modelo multivariado fueron el grupo de edad, que conserva su poder predictivo de forma contundente; la condición de actividad económica se confirma como el predictor estructural más relevante del modelo; la condición de discapacidad mantiene su asociación significativa en el modelo ajustado; el tamaño de localidad adquiere significancia en el modelo multivariado para el segmento más rural. Variables que pierden significancia al controlar las demás fueron el nivel escolar, pese a mostrar diferencias claras en el análisis bivariado, pierde completamente su efecto en el modelo multivariado; la situación conyugal también pierde significancia al ajustar las demás variables; el sexo biológico confirma en el modelo multivariado lo que ya mostraba el análisis bivariado; y las autoadscripciones indígena y afrodescendiente también pierden significancia en el modelo ajustado (p=0.504 y p=0.428 respectivamente).

Referencias

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