INTRODUCCION

El sueño es una necesidad biológica fundamental, así como un proceso fisiológico activo y altamente organizado, esencial para la homeostasis, la regeneración de tejidos y el funcionamiento adecuado del organismo (Fabres & Moya, 2021). Durante esta fase de descanso tienen lugar procesos fisiológicos complejos, tales como la modulación metabólica, la función del sistema inmunitario y la consolidación de la memoria (Fabres & Moya, 2021). Tal como señala Aguilar et al. (2017), el sueño está regulado con precisión por el sistema circadiano y los mecanismos homeostáticos; las alteraciones en estos procesos o la privación crónica de sueño conllevan graves consecuencias metabólicas, cardiovasculares y cognitivas.

Sin embargo, el sueño no puede entenderse únicamente como un fenómeno neurobiológico aislado. Desde una perspectiva antropológica y sociodemográfica, los patrones y la duración del sueño se ven influidos de manera significativa por factores sociales, económicos y culturales que determinan la estructuración del tiempo cotidiano (Fabres & Moya, 2021). Variables como la situación laboral, las jornadas de trabajo extensas, las responsabilidades familiares y de género, el nivel educativo y el tamaño del hogar actúan como factores estructurales que limitan, en diversa medida, el tiempo disponible para dormir (Fabres & Moya, 2021).

Diversas investigaciones han mostrado que el tiempo de sueño puede variar según características sociodemográficas como el sexo, la edad, la escolaridad, la situación conyugal, la condición étnica, la participación en actividades económicas y el contexto de residencia. En consecuencia, el estudio del sueño constituye una oportunidad para analizar la interacción entre procesos biológicos, condiciones sociales y prácticas culturales, uno de los principales objetos de estudio de la antropología física contemporánea.

El análisis de este fenómeno biocultural es de vital importancia para el estado de Quintana Roo. Dado que la economía estatal está fuertemente orientada hacia el sector turístico y de servicios, son habituales las jornadas laborales extensas y el trabajo por turnos, factores que afectan directamente el ritmo circadiano de la población. Asimismo, la rápida urbanización en ciudades como Cancún y Playa del Carmen incrementa los tiempos de desplazamiento, lo que reduce el tiempo disponible para la regeneración biológica y agudiza las desigualdades sociodemográficas.

A partir de los datos de la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo 2024, este estudio examina las desigualdades en la duración semanal del sueño entre los habitantes de Quintana Roo. Mediante métodos estadísticos, específicamente, comparaciones de medias y regresión lineal múltiple, el estudio identifica los determinantes asociados significativamente a la duración del descanso y analiza sus implicaciones socioculturales.

Quintana Roo

Quintana Roo se encuentra en el extremo oriental de México, en la península de Yucatán. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2021) el estado presenta un nivel de urbanización extremadamente alto y asimétrico: el 88,6 % de la población reside en asentamientos urbanos, mientras que solo el 11,4 % vive en zonas rurales. Esta elevada concentración en centros urbanos, como Cancún, Playa del Carmen y Cozumel, que han experimentado un crecimiento exponencial impulsado por el turismo, da lugar a dinámicas espaciales complejas. Los largos desplazamientos diarios entre las zonas residenciales de la periferia urbana y las áreas hoteleras reducen directamente el tiempo disponible para el ocio y el necesario para satisfacer la necesidad biológica de sueño.

La población total de Quintana Roo en 2020 alcanzó los 1.857.985 habitantes, de los cuales el 50,4 % eran hombres y el 49,6 % mujeres (INEGI, 2021). La estructura por edades refleja una población predominantemente joven y en sus años de mayor productividad, con una edad mediana de solo 28 años. En cuanto a la diversidad étnica y lingüística, el 11,7 % de la población de 3 años en adelante habla una lengua indígena. El censo también indica que el 3,3 % de la población total del estado se identifica como afrodescendiente (Panorama sociodemográfico de 2020, 2021).

Este perfil demográfico joven, que incluye una amplia fuerza laboral activa integrada en procesos de rápida urbanización, expone a los individuos de diversos subgrupos a presiones culturales y a largas jornadas laborales que afectan la higiene del sueño. Las transiciones culturales y la integración forzosa en la economía de servicios pueden alterar el reloj biológico cerebral y el sistema circadiano natural, el cual constituye una característica evolutiva de nuestra especie (Aguilar et al., 2017).

El análisis de las características de la vivienda en Quintana Roo también revela un alto nivel de acceso a la tecnología y a la conectividad, lo cual interfiere directamente en el descanso: el 90,3 % de los hogares cuenta con teléfono móvil y el 51,8 % dispone de acceso a internet (INEGI, 2021). Desde una perspectiva neurocientífica, la exposición nocturna prolongada a pantallas que emiten luz azul artificial inhibe la secreción de melatonina, alterando así los mecanismos homeostáticos de sincronización circadiana responsables de favorecer las fases de sueño profundo y reparador (Aguilar et al., 2017).

Así, los indicadores socioeconómicos más recientes del INEGI muestran que el entorno urbano y tecnológico de Quintana Roo actúa como un fuerte filtro cultural que limita la necesidad biológica de descanso de sus habitantes y la moldea de diversas maneras (Fabres & Moya, 2021).

Metodología

Este estudio adopta un enfoque cuantitativo, con un objetivo correlacional-explicativo y un diseño no experimental y transversal. La fuente de datos fue el conjunto de datos oficial de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024 (INEGI,2025), un instrumento diseñado e implementado de manera oficial por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) mediante un método de muestreo probabilístico por conglomerados estratificados. El objetivo principal de la encuesta fue registrar cómo la población de 12 años y más distribuye su tiempo entre trabajo remunerado, trabajo doméstico, trabajo de cuidados no remunerado y necesidades biológicas básicas. Para los fines específicos de este trabajo, la unidad de análisis se limitó a una submuestra de la población del estado de Quintana Roo.

Para el análisis se seleccionó como variable dependiente la duración semanal del sueño en horas “tsem_a”; la cual registra el total de horas que los individuos destinaron a dormir a lo largo de la semana de referencia. Como variables independientes de carácter sociodemográfico, económico y territorial se seleccionaron las siguientes subcategorías:

Sexo: Clasificada en hombres y mujeres.

Edad: Agrupada en ciclos de vida que comprenden de 12 a 17 años, de 18 a 29 años, de 30 a 49 años, de 50 a 59 años, de 60 a 74 años y 75 años o más.

Nivel escolar: Categorizada según el máximo nivel alcanzado en básica o menos, media superior, secundaria y superior.

Situación conyugal: Dividida en soltera, en unión, separada/divorciada y viuda. Autoadscripción indígena y afrodescendiente: Variables dicotómicas (Sí / No) basadas en la identidad cultural autopercibida.

Condición de discapacidad: Variable dicotómica (Sí / No) que identifica la presencia de limitaciones severas para realizar actividades cotidianas.

Condición de actividad económica: Clasificada según el estatus ocupacional en ocupado, desocupado, que haceres del hogar o cuidado familiar, estudiante, jubilado o pensionado y otra situación.

Tamaño de localidad: Eje de densidad demográfica estratificado en localidades de menos de 2,500 habitantes, 2,500 a 14,999 habitantes, 15,000 a 99,999 habitantes, y 100,000 habitantes o más.

El procesamiento y análisis de los datos se llevó a cabo utilizando el entorno informático y lenguaje de programación R y R-Studio. La estrategia metodológica se estructuró en tres fases progresivas: Se calcularon las medidas de tendencia central (medias) y de dispersión para el tiempo semanal de sueño de acuerdo con cada una de las variables sociodemográficas. Paralelamente, se construyeron gráficas de intervalos de confianza al 95% (95% IC) para realizar una primera aproximación visual a las diferencias entre los subgrupos de la población de Quintana Roo.

Para evaluar si las diferencias observadas en las medias del tiempo de sueño eran estadísticamente significativas, se ejecutaron pruebas de hipótesis bivariadas y multivariadas. Debido a las asimetrías en la distribución del tamaño de los subgrupos y la variabilidad interna de los datos, se evaluó estrictamente el supuesto de homocedasticidad (igualdad de varianzas). En los casos donde los grupos presentaban tamaños homogéneos y varianzas similares, se tomaron como válidas la prueba t de Student para dos grupos y el ANOVA clásico para más de dos grupos. Por su parte, ante el incumplimiento de la homocedasticidad, se optó por aplicar la prueba de Welch (t de Welch y ANOVA de Welch) como estadísticos robustos que ajustan los grados de libertad para garantizar la validez del valor de p y evitar falsos positivos (Error Tipo I). Asimismo, se reportó el tamaño del efecto a través de la eta cuadrada y la d de Cohen para distinguir la relevancia sustantiva de los hallazgos más allá de su significancia estadística.

Finalmente, se estimó un modelo de regresión lineal múltiple tomando como variable dependiente el tiempo semanal de sueño. Este modelo permitió evaluar de manera simultánea el impacto neto de todas las características sociodemográficas mencionadas, controlando el efecto de confusión entre las variables. A partir de este modelo, se analizaron la dirección y magnitud de los coeficientes estimados “beta”, el coeficiente de determinación R^2 global y se identificó qué variable ejerce la asociación dominante sobre el descanso en el contexto estructural de Quintana Roo.

Resultados

El análisis de las características sociodemográficas de la muestra poblacional de Quintana Roo revela una representación de sexo altamente equilibrada: el 50,6 % de los 2.011 individuos son mujeres y el 49,4 % son hombres. El grupo de edad más numeroso es la cohorte de 20 a 44 años, que representa el 30,4 % de la muestra.

En cuanto al nivel educativo, la mayor proporción, 30,7 % (617 individuos), corresponde a personas con educación secundaria, seguida de cerca por aquellas con educación media superior, con un 29,0 % (583 individuos). Las personas con educación universitaria constituyen el 22,3 % (448 individuos), mientras que el 18,1 % (363 individuos) cuenta con educación primaria o inferior.

La gran mayoría de la muestra está empleada (65,0 % o 1.308 individuos). Por el contrario, el 16,5 % (331 personas) se dedica a las labores del hogar o al cuidado de familiares, el 12,8 % (258 personas) son estudiantes, y las personas desempleadas, pensionistas y aquellas en otras situaciones vitales representan una proporción muy reducida.

La mayoría de la población encuestada reside en áreas metropolitanas; el 75,1 % (1.511 personas) vive en asentamientos de más de 100.000 habitantes. El resto de la población se distribuye en asentamientos de tamaño mediano, con un 9,1 % (182 personas) que vive en zonas rurales de menos de 2.500 habitantes.

En términos de autoidentificación, el 40,6 % (809 personas) de la muestra declara ser de ascendencia africana, y el 3,0 % (61 personas) se identifica como africano. Además, el 3,6 % (72 personas) manifiesta tener alguna discapacidad.

Cuadro 1. Distribución de las características sociodemográficas en Quintana Roo
Variable Categoría n %
Sexo Hombre 994 49.4
Sexo Mujer 1017 50.6
Grupo de edad 12-17 240 11.9
Grupo de edad 18-29 470 23.4
Grupo de edad 30-44 611 30.4
Grupo de edad 45-59 454 22.6
Grupo de edad 60-74 182 9.1
Grupo de edad 75 y mas 54 2.7
Autoadscripción indígena No 1185 59.4
Autoadscripción indígena SI 809 40.6
Autoadscripción afrodescendiente No 1950 97.0
Autoadscripción afrodescendiente 61 3.0
Nivel escolar Básica o menos 363 18.1
Nivel escolar Media superior 583 29.0
Nivel escolar Secundaria 617 30.7
Nivel escolar Superior 448 22.3
Situación conyugal En unión 1051 52.3
Situación conyugal Separada/Divorciada 182 9.1
Situación conyugal Soltera 691 34.4
Situación conyugal Viuda 87 4.3
Condición de discapacidad Con discapacidad 72 3.6
Condición de discapacidad Sin discapacidad 1939 96.4
Condición de actividad económica Desocupada 12 0.6
Condición de actividad económica Estudiante 258 12.8
Condición de actividad económica Jubilada o pensionada 52 2.6
Condición de actividad económica Ocupada 1308 65.0
Condición de actividad económica Otra situación 50 2.5
Condición de actividad económica Quehaceres del hogar o cuidado familiar 331 16.5
Tamaño de localidad 100,000 y más 1511 75.1
Tamaño de localidad 15,000 - 99,999 188 9.3
Tamaño de localidad 2,500 - 14,999 130 6.5
Tamaño de localidad Menos de 2,500 182 9.1
Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 (ENUT 2024).

Al analizar el tiempo promedio de sueño semanal por grupo “tssem_a” en el Cuadro 2, observamos diferencias interesantes en los hábitos de sueño de distintos segmentos de la población de Quintana Roo; en promedio, las mujeres duermen más que los hombres: 53,09 horas semanales frente a 51,62 horas, una diferencia de casi una hora y media a la semana.

Quienes dedican más tiempo al descanso se encuentran en los extremos opuestos del espectro de edad: los adultos de 75 años o más duermen un promedio de 56,34 horas semanales, seguidos por los adolescentes de 12 a 17 años, con 56,07 horas. Por el contrario, las personas en edad laboral duermen menos, especialmente aquellas de entre 45 y 59 años, que registran solo 50,93 horas semanales.

Este factor tiene un impacto significativo. De todos los grupos del estado, las personas empleadas actualmente son las que menos duermen, con un promedio de 50,96 horas semanales. En cambio, quienes se clasifican en la variable “Otra situación” duermen 58,85 horas y los estudiantes reportan más horas de sueño. Aunque se percibe una tendencia clara: a mayor nivel educativo, menor es el tiempo de sueño. Las personas con educación primaria o inferior duermen 53,74 horas semanales, mientras que aquellas con educación superior duermen, en promedio, solo 50,63 horas.

Martínez et al. (2023) analizan cómo las elevadas exigencias intelectuales y las largas jornadas de estudio nocturno alteran la higiene del sueño. Su investigación explica que las personas que afrontan mayores cargas académicas experimentan niveles más altos de somnolencia diurna y una reducción significativa del tiempo total de descanso, dado que la cultura actual equipara erróneamente estudiar más con dormir menos.

Quienes residen en pequeñas comunidades rurales, con menos de 2.500 habitantes, descansan más, en un promedio de 54,04 horas semanales en comparación con los habitantes de zonas urbanas de más de 100.000 personas, que duermen una media de 52,06.

En cuanto a la afrodescendencia, los individuos que se autoabscriben como afrodescendientes duermen en una media de 51.45, mientras que los que no se autoabscriben como tal duermen en una media de 52.39. La autopercepción indígena no muestra prácticamente variaciones; ambos grupos rondan las 52.3 horas. Sin embargo, las personas con discapacidad reportan dormir 55.16 horas, más que las personas sin discapacidad, 52.26 horas.

Cuadro 2. Estadísticas descriptivas del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas en Quintana Roo
Variable Categoría n Media s LI 95% LS 95%
Sexo Hombre 994 51.62 8.62 51.08 52.16
Sexo Mujer 1017 53.09 8.59 52.56 53.62
Grupo de edad 12-17 240 56.07 7.69 55.09 57.05
Grupo de edad 18-29 470 51.61 9.03 50.79 52.43
Grupo de edad 30-44 611 51.67 8.11 51.02 52.31
Grupo de edad 45-59 454 50.93 7.94 50.20 51.67
Grupo de edad 60-74 182 54.14 8.96 52.83 55.45
Grupo de edad 75 y mas 54 56.34 12.39 52.95 59.72
Autoadscripción indígena No 1185 52.37 8.89 51.86 52.87
Autoadscripción indígena SI 809 52.35 8.26 51.78 52.92
Autoadscripción afrodescendiente No 1950 52.39 8.65 52.01 52.78
Autoadscripción afrodescendiente 61 51.45 8.09 49.38 53.52
Nivel escolar Básica o menos 363 53.74 9.11 52.80 54.68
Nivel escolar Secundaria 617 52.84 8.66 52.16 53.53
Nivel escolar Media superior 583 52.33 8.37 51.65 53.01
Nivel escolar Superior 448 50.63 8.28 49.86 51.40
Situación conyugal En unión 1051 51.63 8.15 51.13 52.12
Situación conyugal Separada/Divorciada 182 51.36 8.16 50.17 52.55
Situación conyugal Viuda 87 54.25 10.93 51.92 56.58
Situación conyugal Soltera 691 53.51 9.00 52.84 54.18
Condición de discapacidad Con discapacidad 72 55.16 12.72 52.17 58.15
Condición de discapacidad Sin discapacidad 1939 52.26 8.43 51.88 52.63
Condición de actividad económica Desocupada 12 53.93 9.96 47.60 60.26
Condición de actividad económica Estudiante 258 55.29 8.04 54.31 56.28
Condición de actividad económica Jubilada o pensionada 52 53.80 9.10 51.26 56.33
Condición de actividad económica Ocupada 1308 50.96 8.28 50.51 51.41
Condición de actividad económica Otra situación 50 58.85 12.92 55.18 62.52
Condición de actividad económica Quehaceres del hogar o cuidado familiar 331 54.35 8.16 53.47 55.24
Tamaño de localidad 100,000 y más 1511 52.06 8.82 51.61 52.50
Tamaño de localidad 15,000 - 99,999 188 53.33 8.11 52.16 54.49
Tamaño de localidad 2,500 - 14,999 130 52.17 8.26 50.74 53.60
Tamaño de localidad Menos de 2,500 182 54.04 7.67 52.92 55.16
Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 (ENUT 2024).

Comparación del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas.

Los resultados del Cuadro 3 permiten evaluar si las diferencias observadas en las medidas del tiempo semanal de sueño tienen diferncias significativas. Así mismo, estos resultados complementan la información presentada en la gráfica de intervalos de confianza al 95%, la cual permite visualizar la magnitud y dirección de las diferencias observadas entre grupos.

Al examinar la Gráfica 1. Media del tiempo de sueño semanal por sexo, se observa que las mujeres duermen, en promedio, más horas que los hombres, mostrando intervalos de confianza que se encuentran visualmente separados. Al aplicar las pruebas de hipótesis en el Cuadro 3, tanto la prueba t de Student estándar como la de Welch arrojan un resultado idéntico (t = -3.82; p < 0.001), lo que confirma que la diferencia de medias es altamente significativa a nivel estadístico. Las mujeres acumulan casi una hora y media más de descanso a la semana en comparación con los varones (53.09 horas frente a 51.62 horas). Sin embargo, al analizar la relevancia práctica de este hallazgo mediante la d de Cohen, se obtiene un valor de -0.171. Metodológicamente, un efecto de esta magnitud se clasifica como pequeño. Esto significa que, si bien la estructura social de Quintana Roo genera una disparidad real y medible en el tiempo de descanso según el género, la fuerza o el impacto práctico de esta variable por sí sola es sutil en el comportamiento cotidiano de la población, lo cual coincide con lo señalado por Torres Soto et al. (2026), quienes sugieren que las desigualdades de género suelen manifestarse más en la calidad y fragmentación del sueño que en una privación absoluta del volumen total de horas disponibles para dormir.

A diferencia de la variable por sexo, los factores etnoculturales con respecto al tiempo de sueño en Quintana Roo no resultaron estadísticamente significativos. La “Gráfica 2. Media del tiempo de sueño semanal por condición de indígena” y la “Gráfica 3. Media del tiempo de sueño semanal por condición de afrodescendiente” muestran un patrón común de solapamiento de los intervalos de confianza entre las categorías de respuesta correspondientes “Sí” y “No”.

En cuanto a la autoidentificación indígena, el Cuadro 3 muestra una coincidencia exacta entre la prueba t de Student y la prueba t de Welch (p = 0,974). Los grados de libertad reflejan la estabilidad de la muestra (1992 frente a 1815,58), lo que confirma la homocedasticidad y la diferencias significativa nula.

Respecto a la autoidentificación afrodescendiente, el Cuadro 3 muestra un intervalo de confianza considerablemente más amplio para el grupo “Sí”, lo que indica visualmente la subrepresentación de esta población en la muestra. El Cuadro 3 refleja este desequilibrio: al utilizar la prueba t de Welch, los grados de libertad disminuyen drásticamente de 2009 a 64,37. Esta reducción significativa confirma la fuerte heterocedasticidad. Al emplear el estadístico robusto de Welch, la diferencia sigue siendo no significativa (p = 0,373, d = 0,109). Estos resultados sugieren que, en el marco de la ENUT 2024, las identidades étnicas en el estado no constituyen barreras directas ni implican dinámicas socioculturales diferenciadas que alteren cuantitativamente el tiempo total disponible para dormir.

El análisis de la condición de discapacidad constituye el aspecto metodológico más importante del estudio y pone de manifiesto la importancia de seleccionar la prueba adecuada. En la “Gráfica 4. Media del tiempo de sueño semanal por condición de discapacidad”, el intervalo de confianza para las personas con discapacidad es considerablemente más amplio y presenta mayor dispersión en comparación con el grupo sin discapacidad; esto refleja visualmente que la duración del sueño varía significativamente entre individuos, debido al dolor, la medicación o afecciones médicas específicas, y que el tamaño del grupo es reducido.

Si esta variable se hubiera estimado incorrectamente utilizando la prueba t de Student clásica, el Cuadro 3 habría arrojado un valor p de 0,005, lo que habría indicado erróneamente una diferencia altamente significativa. Sin embargo, debido a la diferencia significativa en las varianzas y en los tamaños de los grupos, los grados de libertad de Welch se reducen a 73,34. Al aplicar la t de Welch, el valor de significación real cambia a p = 0,059. Dado que esta cifra supera el umbral estándar de 0,05, concluimos que la diferencia no hay diferencias significativas e incluso el efecto medido por la d de Cohen es pequeño a moderado.

Al considerar variables sociodemográficas multivariadas, la edad y el capital humano se perfilan como los predictores más sólidos del descanso. La “Gráfica 5. Media del tiempo de sueño semanal por edad” muestra una clara curva en forma de U. Los adolescentes de entre 12 y 17 años presentan la mayor duración media de sueño, cercana a 56 horas semanales; se observa una disminución significativa durante la adultez temprana y media (18–59 años), etapa que se caracteriza por una elevada carga de exigencias laborales y familiares, seguida de un aumento en la vejez (60 años o más), el sueño vuelve a subir tras el retiro laboral, aunque el grupo de 75 y más muestra una barra muy amplia, reflejando que la salud en la vejez avanzada genera situaciones de descanso muy diversas.

La prueba ANOVA estándar no resultó adecuada para analizar esta variable, ya que presupone un comportamiento uniforme entre los grupos de edad y no contempla que los patrones de sueño de los adolescentes difieren considerablemente de los de los adultos mayores. El cuadro 3 refleja esta diferencia; en ella, la prueba de Welch ajusta los grados de libertad a 394,6. Se constató que la relación era altamente significativa (p < 0,001), La edad explica el 4.1% de la variación total del tiempo de sueño en Quintana Roo. Es un efecto entre pequeño y moderado, lo que demuestra que la etapa de la vida es un factor determinante para el descanso.

La educación escolar está estrechamente vinculada a la edad y ejerce una presión restrictiva sobre el descanso. La “Gráfica 6. Media del tiempo de sueño semanal por escolaridad” muestra una pendiente descendente: cuanto mayor es el nivel educativo alcanzado, menor es el tiempo que el individuo dedica a dormir cada semana. La población sin educación primaria o formal registra el promedio más alto de tiempo de descanso, mientras que la población con educación terciaria presenta el más bajo.

El Cuadro 3 muestra una reducción a la mitad de los grados de libertad en el ANOVA de Welch, 1024,09 frente a 2007, lo que sugiere nuevamente que el número de individuos en cada nivel educativo es muy desigual y que sus respuestas varían en función de su perfil vital. El uso del ANOVA de Welch para corregir este sesgo confirma que el nivel educativo es altamente significativo (p < 0,001). En cuanto a la eta cuadrada, el nivel escolar explica el 1.5% de la varianza del tiempo de sueño. Es un efecto pequeño pero altamente significativo.

Desde una perspectiva sociodemográfica, este hallazgo refleja directamente los trabajos de Martínez et al. (2023) y Aguilar et al. (2017): la transición hacia la educación superior y los perfiles laborales cualificados exige una inversión extraordinaria de tiempo en tareas cognitivas y desplazamientos, lo que obliga a los individuos a sacrificar horas de sueño biológico para satisfacer la demanda de capital humano.

El contexto geográfico también influye en la distribución de la población dentro del estado. La “Gráfica 7. Media del tiempo de sueño semanal por tamaño de localidad” muestra cómo la densidad de población influye en las rutinas. Las áreas rurales (Menos de 2,500 habitantes) registran el promedio de sueño más alto del estado, superando las 54 horas semanales, lo que se asocia a estilos de vida sincrónicos con los ciclos naturales y menor exposición al estrés urbano. Por el contrario, las grandes urbes (100,000 habitantes y más, como Cancún o Playa del Carmen) y las zonas semiurbanas intermedias muestran una reducción notable del descanso, debido a los ritmos de vida de la economía de servicios y el turismo, caracterizados por turnos nocturnos y distancias de transporte largas.

Esta diferencia en el tamaño de la muestra y la diversidad de estilos de vida hace necesario el uso de la prueba ANOVA de Welch; en el Cuadro 3, el análisis robusto de Welch confirma que el entorno residencial afecta significativamente la duración del sueño (p < 0,001), pero según eta cuadrada, explica solo el 0.6% de la varianza. El efecto es pequeño, lo que indica que el lugar de residencia influye, pero se ve fuertemente mediado por los roles laborales de las personas.

El tiempo de sueño está ligado a la situación laboral, tal como se muestra en la “Gráfica 8. Media del tiempo de sueño semanal por condición de actividad económica”. La población ocupada (con empleo activo) es el grupo con menor tiempo de sueño en todo el estado (apenas rebasando las 50.5 horas semanales). Los estudiantes y las personas en otra situación muestran los niveles más altos de descanso (alrededor de 55-58 horas). Un hallazgo clave es el grupo de quehaceres del hogar y del cuidado familiar, que muestra un descanso limitado (aprox. 54 horas) y una barra sumamente estrecha, evidenciando la rigidez e inevitabilidad de las jornadas de cuidado doméstico no remunerado. La condición de actividad económica explica el 5.6% de la variabilidad del sueño. Es el tamaño del efecto más alto de todo el estudio. Esto significa que la situación laboral es el principal eje que organiza el tiempo de descanso de la población.

Por último, la estructura familiar. La “Gráfica 9. Media del tiempo semanal de sueño por situación conyugal por persona” muestra las variaciones en el tiempo promedio de sueño en función del estado civil. Las personas en unión (casadas o en unión libre) y las Separadas/Divorciadas tienen los niveles de sueño más bajos (cercanos a 51.5 horas semanales), debido a las presiones de mantener un hogar y la crianza. Las personas viudas reportan el descanso promedio más alto (cercano a 54.5 horas); esto no se debe necesariamente al estado civil en sí, sino a un efecto de colinealidad con la edad (la mayoría de las personas viudas son adultos mayores que ya se retiraron de la actividad laboral). Los solteros quedan en una posición intermedia con mayor autonomía sobre sus tiempos.

Mediante un análisis de datos robusto, la prueba de Welch confirma que el estado civil es un determinante social altamente significativo (p < 0,001); este condiciona la duración global del sueño de la población al estructurar las tareas domésticas, el cuidado de los miembros de la familia y el trabajo doméstico no remunerado. El estado civil o conyugal explica el 1.3% de la variación del sueño (efecto pequeño).

Al combinar la literatura con datos estadísticos de Quintana Roo, se percibe que la duración semanal del sueño es el resultado de una compleja interacción biosocial. Si bien los factores estrictamente biológicos o de identidad, como la autoidentificación étnica o la discapacidad, no muestran un efecto limitante claro y uniforme del tiempo de sueño, el orden social, las necesidades económicas y las variables que estructuran el ciclo vital, en particular, el sexo, la edad, la educación y la actividad económica, actúan como verdaderos reguladores externos del reloj biológico, determinando quién puede descansar, cómo y durante cuánto tiempo en la sociedad contemporánea.

Cuadro 3. Pruebas de comparación del tiempo semanal de sueño según características sociodemográficas
Variable Prueba Estadístico gl p Tamaño del efecto Medida
Sexo t de Student -3.824 2009 <0.001 -0.171 d de Cohen
Sexo t de Welch -3.823 2007.56 <0.001 -0.171 d de Cohen
Autoadscripción indígena t de Student 0.032 1992 0.974 0.001 d de Cohen
Autoadscripción indígena t de Welch 0.033 1815.58 0.974 0.001 d de Cohen
Autoadscripción afrodescendiente t de Student 0.841 2009 0.4 0.109 d de Cohen
Autoadscripción afrodescendiente t de Welch 0.897 64.37 0.373 0.109 d de Cohen
Condición de discapacidad t de Student 2.802 2009 0.005 -0.336 d de Cohen
Condición de discapacidad t de Welch 1.918 73.34 0.059 -0.336 d de Cohen
Grupo de edad ANOVA clásico 17.326 5, 2005 <0.001 0.041 η²
Grupo de edad ANOVA de Welch 18.054 5, 394.6 <0.001 NA No aplica
Nivel escolar ANOVA clásico 9.845 3, 2007 <0.001 0.015 η²
Nivel escolar ANOVA de Welch 9.880 3, 1024.09 <0.001 NA No aplica
Situación conyugal ANOVA clásico 8.940 3, 2007 <0.001 0.013 η²
Situación conyugal ANOVA de Welch 8.243 3, 305.02 <0.001 NA No aplica
Condición de actividad económica ANOVA clásico 23.607 5, 2005 <0.001 0.056 η²
Condición de actividad económica ANOVA de Welch 20.476 5, 87.07 <0.001 NA No aplica
Tamaño de localidad ANOVA clásico 3.743 3, 2007 0.011 0.006 η²
Tamaño de localidad ANOVA de Welch 4.372 3, 324.84 0.005 NA No aplica

Factores asociados al tiempo semanal del sueño: Modelo de regresion lineal multiple.

Para obtener una comprensión integral de la interacción simultánea de estos factores y aislar el efecto neto de cada uno de ellos sobre la duración semanal del sueño en Quintana Roo, se estimó un modelo de regresión lineal múltiple. El análisis de los estadísticos resumen del modelo presente en el Cuadro 4 reveló un coeficiente de determinación de R² = 0,079; esto sugiere que las variables independientes analizadas explican el 7,9 % de la varianza total en la duración semanal del sueño de la población de Quintana Roo. Aunque esta proporción pueda parecer estadísticamente baja, resulta bastante significativa y habitual en las ciencias sociales y la antropología, dado que el 92,1 % restante de la variabilidad en la duración del sueño se atribuye a factores biológicos individuales, condiciones que afectan a la calidad de vida y aspectos de salud registrados durante la encuesta.

El análisis de los coeficientes estimados beta, suponiendo que el resto de las variables permanecen constantes, aporta información relevante sobre cómo las estructuras sociales influyen físicamente en el tiempo de sueño. La condición de actividad económica parece ser la variable con la asociación más fuerte y el impacto más significativo en el sueño. En comparación con la categoría de referencia (ocupadas), aquellas que realizan tareas domésticas o cuidan a familiares duermen 2,48 horas más a la semana (b = 2,48; p < 0,001), mientras que las personas incluidas en la categoría “Otra situación” presentan un aumento de 6,40 horas semanales en el tiempo de descanso (b = 6,40; p < 0,001).

Este resultado arroja luz sobre el profundo contexto sociocultural y económico de Quintana Roo, un estado donde las dinámicas regionales están impulsadas en gran medida por el turismo masivo y los servicios de hostelería. La fuerza laboral local está sujeta a horarios extenuantes, largos desplazamientos entre las zonas periféricas urbanas y las áreas hoteleras, así como a turnos nocturnos rotativos. Según Aguilar et al. (2017), estas exigencias del mercado actúan como factores disruptivos agresivos y artificiales que alteran la sincronización circadiana, obligando a la clase trabajadora a sacrificar sistemáticamente el sueño biológico esencial para satisfacer las necesidades de la economía local. En cambio, quienes se encuentran fuera del mercado laboral regulado disponen de más tiempo para satisfacer esta necesidad neurofisiológica. Asimismo, la edad juega un papel crucial: los grupos de edad productiva (especialmente de los 18 a los 59 años) presentan las reducciones de sueño más drásticas en comparación con los jóvenes de 12 a 17 años, destacando el tramo de 45 a 59 años con la mayor pérdida temporal (b = -3.47; p = 0.001).

Por otra parte, el modelo multivariante reveló que, al controlar el efecto del empleo y la edad, el sexo mantiene un impacto directo y significativo: las mujeres duermen, en promedio, 0.92 horas más a la semana que los hombres (b = 0.92; p = 0.026). A su vez, la situación conyugal mostró ser relevante, observándose que las personas solteras logran acumular 1.27 horas más de sueño semanal en comparación con quienes se encuentran en unión libre o casados (b = 1.27; p = 0.022).

Finalmente, cabe señalar que variables como el tamaño de la localidad (por ejemplo, zonas rurales con menos de 2,500 habitantes ( b = 1.03; p = 0.133) y el nivel escolar (nivel superior: b = -1.07; p = 0.118) carecen de significancia estadística en este modelo ajustado. Esto implica que las diferencias observadas originalmente en los análisis bivariados para la educación o la ruralidad no se deben a estos factores por sí mismos, sino a cómo se distribuyen los individuos dentro del mercado laboral y sus estructuras sociodemográficas concomitantes.

Cuadro 4. Modelo de regresión lineal múltiple para el tiempo semanal de sueño en Quintana Roo
Variable Categoría β EE p
Sexo Hombre (referencia)
Mujer 0.92 0.41 0.026
Grupo de edad 12-17 (referencia)
18-29 -3.10 0.96 0.001
30-44 -2.43 1.06 0.022
45-59 -3.47 1.09 0.001
60-74 -1.09 1.25 0.384
75 y mas -0.95 1.71 0.581
Nivel escolar Básica o menos (referencia)
Media superior -0.19 0.63 0.762
Secundaria -0.10 0.59 0.862
Superior -1.07 0.68 0.118
Situación conyugal En unión (referencia)
Separada/Divorciada -0.01 0.68 0.987
Viuda 0.39 1.05 0.713
Soltera 1.27 0.56 0.022
Autoadscripción indígena No (referencia)
SI 0.09 0.40 0.822
Autoadscripción afrodescendiente No (referencia)
-0.22 1.10 0.839
Condición de discapacidad Con discapacidad (referencia)
Sin discapacidad -0.66 1.10 0.550
Condición de actividad económica Ocupada (referencia)
Desocupada 2.97 2.44 0.224
Estudiante 1.10 0.92 0.232
Jubilada o pensionada 1.72 1.34 0.199
Otra situación 6.40 1.34 <0.001
Quehaceres del hogar o cuidado familiar 2.48 0.59 <0.001
Tamaño de localidad 100,000 y más (referencia)
15,000 - 99,999 0.87 0.65 0.184
2,500 - 14,999 -0.19 0.78 0.811
Menos de 2,500 1.03 0.68 0.133
Indicadores globales del modelo
Indicador Valor
0.079
R² ajustado 0.068
F 7.300
Observaciones 1994.000

Discusión

Los resultados del estudio aportan pruebas contundentes de que la duración semanal del sueño en Quintana Roo no está determinada por factores biológicos aislados ni por la etnia, sino por la rígida estructura socioeconómica del estado. El hecho de que la situación de actividad económica presentara el mayor tamaño del efecto de todo el estudio (eta^2 = 0,056), y de que la población ocupada registrara el menor tiempo de descanso (50,96 horas semanales), refleja la dinámica de una región cuya economía depende del turismo y del servicio al cliente. Estas actividades imponen turnos extenuantes y horarios nocturnos que alteran directamente los ritmos circadianos. Si a esto se suma la menor duración del sueño observada en municipios con más de 100.000 habitantes, se hace evidente el impacto de la acelerada urbanización en ciudades como Cancún y Playa del Carmen. Los largos desplazamientos diarios entre las zonas residenciales y los corredores hoteleros actúan como un filtro cultural destructivo que reduce las horas necesarias para la regeneración fisiológica básica.

Asimismo, la marcada curva en forma de U observada en relación con la edad y el nivel educativo permite comprender el sueño como un recurso biocultural sujeto a limitaciones a lo largo de la vida. Mientras que los adolescentes y los adultos mayores de 75 años, debido a una mayor independencia o a la jubilación, logran mantener un promedio superior a las 56 horas de sueño semanales, las personas en edad reproductiva y laboral presentan el mayor déficit. Esta presión se intensifica notablemente a medida que aumenta el nivel educativo; la significativa tendencia descendente, que revela que los grupos de población con mayor formación duermen menos (50,63 horas) que aquellos con estudios basicos o inferiores (53,74 horas), confirma empíricamente los argumentos de Martínez et al. (2023). La cultura imperante de competencia académica y acceso a profesiones altamente cualificadas exige postergar sistemáticamente necesidades biológicas básicas en favor de la acumulación de capital humano, normalizando así la fatiga diurna y los desequilibrios homeostáticos en todos los ámbitos laborales.

Desde una perspectiva metodológica y crítica, es fundamental señalar que factores como la autopercepción indígena o afroamericana no mostraron un efecto significativo en la duración total del sueño. Esto sugiere que, al menos según las mediciones cuantitativas de la ENUT 2024, la identidad cultural no actúa directamente como un determinante de las horas de sueño. No obstante, la condición de discapacidad aportó los hallazgos analíticos más relevantes del estudio. La aplicación rigurosa de la prueba t de Welch permitió evitar el error de tipo I mediante el ajuste de los grados de libertad para tener en cuenta la heterocedasticidad significativa y los distintos tamaños de muestra. El valor p resultante de 0,059 sugirió que, a pesar de la considerable varianza observada y de las individuales asociadas al dolor crónico o a tratamientos médicos, la diferencia respecto a la población sin discapacidad no resultaba estadísticamente concluyente a nivel poblacional. Esto pone de relieve la necesidad de trascender los análisis puramente lineales y descriptivos para avanzar hacia modelos multivariantes robustos, capaces de aislar eficazmente los verdaderos determinantes de las horas de sueño.

Conclusiones

En conclusión, este estudio aporta pruebas estadísticas sólidas de que la duración del sueño en el estado de Quintana Roo está socialmente estratificada según los roles económicos, la edad y las exigencias de la urbanización. Aunque el modelo de regresión lineal múltiple arrojó un coeficiente de determinación de R^2 = 0,079, esta varianza explicada del 7,9 % resulta altamente significativa desde una perspectiva sociocultural y antropológica. Esto indica que, tras controlar las variables biológicas de confusión, las estructuras macroeconómicas del entorno, como la situación laboral y la residencia en centros metropolitanos, actúan como potentes reguladores externos de la fisiología humana, reduciendo sistemáticamente la duración biológica del sueño de los individuos.

Una limitación importante del estudio es que los datos de la ENUT 2024 registran la duración del sueño estrictamente en términos cuantitativos (en horas) y omiten indicadores cualitativos críticos, tales como la fragmentación del sueño, la calidad del mismo y la presencia de trastornos respiratorios o del ritmo circadiano. Las futuras investigaciones en antropología física deberían emplear métodos mixtos que combinen conjuntos de datos a gran escala con estudios diarios de sueño cualitativos. En última instancia, estos resultados exigen una actuación urgente por parte de los responsables de políticas públicas y laborales en Quintana Roo; es necesario reevaluar las condiciones del transporte público urbano y ajustar los horarios laborales en el sector turístico para mitigar la privación crónica de sueño y proteger así la salud cardiovascular, cognitiva y metabólica de los habitantes del estado.

Bibliografia

Aguilar, L., Caballero, S., Ormea, V., Aquino, R., Yaya, E., Portugal, A., Gomez, J., Zavaleta, J., & Muñoz, A. (2017). Neurociencia del sueño: Rol en los procesos de aprendizaje y calidad de vida. Apuntes de Ciencia & Sociedad, 7(2). https://doi.org/10.18259/acs.2017015

Fabres, L., & Moya, P. (2021). Sueño: Conceptos generales y su relación con la calidad de vida. Revista Médica Clínica Las Condes, 32(5), 527-534. https://doi.org/10.1016/j.rmclc.2021.09.001

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2021). Panorama sociodemográfico de Quintana Roo 2020. INEGI.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2025, 28 de agosto). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024. https://www.inegi.org.mx/programas/enut/2024/

Martinez, C., Chacon, A., & Marquez, V. (2023). Calidad del sueño en estudiantes de ingeniería. Minerva, 4(10), 56-66. https://doi.org/10.47460/minerva.v4i10.96

Universidad del Caribe. (s. f.). Quintana Roo como Territorio. 50 Aniversario QRoo. https://www.unicaribe.mx/50-aniversario-qroo/quintana-roo-como-territorio