Lucas 24:44
“Y él les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos.”
Comprender que las profecías mesiánicas no son textos aislados ni coincidencias religiosas, sino parte del plan eterno de Dios, revelado progresivamente en la historia y cumplido plenamente en la persona y obra de Jesucristo.
Las profecías mesiánicas muestran que Dios gobierna la historia, inspira Su Palabra y dirige todas las promesas del Antiguo Testamento hacia Cristo, el único Salvador.
La Biblia no presenta la venida de Cristo como un accidente histórico. Desde los primeros capítulos de Génesis, Dios anuncia que vendrá un Redentor.
Las profecías mesiánicas son importantes porque muestran:
Desde una perspectiva reformada bautista, no creemos en Cristo porque simplemente acumulamos evidencias externas. Creemos porque Dios, por Su Espíritu, abre nuestros ojos para ver la gloria de Cristo en Su Palabra. Sin embargo, las profecías cumplidas son evidencias poderosas que confirman que la fe cristiana no descansa en mitos, sino en la revelación histórica de Dios.
No todas las profecías mesiánicas funcionan de la misma manera.
Son aquellas que anuncian de manera explícita algo acerca del Mesías.
Ejemplo:
Miqueas 5:2
“Mas tú, Bethlehem Ephrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo.”
Aquí se anuncia el lugar de procedencia del gobernante mesiánico.
Son personas, eventos o instituciones del Antiguo Testamento que prefiguran a Cristo.
Ejemplo:
El cordero pascual apunta a Cristo.
Éxodo 12:5
“El cordero será sin defecto, macho de un año: tomaréislo de las ovejas o de las cabras.”
Cumplimiento teológico:
Juan 1:29
“El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Son promesas dadas dentro de los pactos bíblicos que encuentran su cumplimiento final en Cristo.
Ejemplo:
La promesa a Abraham.
Génesis 22:18
“En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.”
Cumplimiento:
Gálatas 3:16
“A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo.”
Génesis 3:15
“Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
Este texto aparece inmediatamente después de la caída. Adán y Eva han pecado, la muerte entra en el mundo, la comunión con Dios queda quebrantada y la humanidad queda bajo condenación.
Pero en medio del juicio, Dios anuncia gracia.
Aquí aparecen dos descendencias:
La Escritura desarrolla esta enemistad a lo largo de toda la historia bíblica:
La frase “la simiente de la mujer” apunta finalmente a Cristo. Él sería herido, pero vencería definitivamente a la serpiente.
Hebreos 2:14
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo.”
Cristo destruye al diablo no evitando la muerte, sino venciendo por medio de Su muerte.
La primera promesa bíblica no fue una orden para que el hombre se salvara a sí mismo, sino el anuncio de que Dios mismo proveería un Salvador.
La salvación es por gracia desde el principio.
Génesis 22:7-8
“Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.”
Dios manda a Abraham ofrecer a Isaac. Este episodio no enseña que Dios apruebe sacrificios humanos. Al contrario, muestra que Dios detiene la mano de Abraham y provee un sustituto.
Génesis 22:13
“Entonces alzó Abraham sus ojos, y miró, y he aquí un carnero a sus espaldas trabado en un zarzal por sus cuernos: y fue Abraham, y tomó el carnero, y ofreciólo en holocausto en lugar de su hijo.”
Aquí aparece el principio de la sustitución.
Isaac debía morir, pero otro muere en su lugar.
Este episodio apunta hacia la doctrina central del evangelio:
Cristo muere en lugar de Su pueblo.
Juan 1:29
“El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”
Cristo es el Cordero provisto por Dios.
La pregunta de Isaac sigue siendo la gran pregunta de la humanidad:
“¿Dónde está el cordero?”
El evangelio responde:
“He aquí el Cordero de Dios.”
Salmo 22:1
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor?”
Marcos 15:34
“Y a la hora de nona, exclamó Jesús a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
Salmo 22:7-8
“Todos los que me ven, escarnecen de mí; estiran los labios, menean la cabeza, diciendo: Remítese a Jehová, líbrelo; sálvele, puesto que en él se complacía.”
Cumplimiento:
Mateo 27:43
“Confió en Dios: líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios.”
Salmo 22:15
“Secóse como un tiesto mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar; y me has puesto en el polvo de la muerte.”
Cumplimiento:
Juan 19:28
“Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.”
Salmo 22:18
“Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.”
Cumplimiento:
Juan 19:23-24
“Y como los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, para cada soldado una parte; y la túnica. Mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. Y dijeron los unos a los otros: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes.”
El Salmo 22 no es solamente una descripción del sufrimiento de David. David habla como justo sufriente, pero el Espíritu Santo lleva sus palabras más allá de su experiencia inmediata.
Cristo es el Justo sufriente definitivo.
Él no fue desamparado por pecado propio, sino porque cargó el pecado de Su pueblo.
En la cruz vemos que Cristo entró en el abandono que merecíamos, para que nosotros fuésemos recibidos por Dios.
Isaías 7:14
“Por tanto el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel.”
Mateo 1:22-23
“Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fue dicho por el Señor, por el profeta que dijo: He aquí la virgen concebirá y parirá un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado, es: Con nosotros Dios.”
La profecía de Isaías tuvo un contexto histórico inmediato, pero Mateo, inspirado por el Espíritu Santo, muestra su cumplimiento pleno en Cristo.
Cristo no es simplemente un enviado de Dios.
Él es Dios con nosotros.
Algunas lecturas judías o críticas modernas sostienen que Isaías 7:14 solo se refiere a un nacimiento cercano en los días del rey Acaz.
La respuesta cristiana es que las profecías bíblicas pueden tener un cumplimiento inicial y un cumplimiento pleno. Mateo no fuerza el texto; muestra que la señal encuentra su plenitud en el nacimiento virginal de Cristo.
Nuestra salvación no depende de que el hombre suba hasta Dios.
Dios vino a nosotros en Cristo.
Isaías 9:6-7
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán término, sobre el trono de David, y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”
Lucas 1:31-33
“Y he aquí, concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo: y le dará el Señor Dios el trono de David su padre: y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin.”
Isaías anuncia un niño que nacerá, pero ese niño recibe títulos divinos:
Esto anticipa el misterio glorioso de la encarnación:
El Mesías sería verdadero hombre y verdadero Dios.
Cristo no es solamente un maestro moral.
Él es el Rey eterno, Dios fuerte y Príncipe de paz.
La paz verdadera no nace de la política, la religión humana o la autosuperación, sino del gobierno redentor de Cristo.
Isaías 53:4-6
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.”
1 Pedro 2:24
“El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.”
Isaías 53:11
“Del trabajo de su alma verá y será saciado; con su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y él llevará las iniquidades de ellos.”
Romanos 5:18-19
“Así que, de la manera que por un delito vino la culpa a todos los hombres para condenación, así por una justicia vino la gracia a todos los hombres para justificación de vida. Porque como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así por la obediencia de uno los muchos serán constituidos justos.”
Isaías 53 es uno de los textos más claros sobre la obra sustitutiva de Cristo.
El Siervo:
Desde una perspectiva reformada, aquí se ve con claridad la doctrina de la sustitución penal:
Cristo tomó el lugar de Su pueblo, cargó su culpa, recibió el juicio que ellos merecían y obtuvo para ellos justicia delante de Dios.
Nuestra paz con Dios no descansa en nuestra obediencia imperfecta, sino en la obediencia perfecta y el sacrificio suficiente de Cristo.
Daniel 9:24-26
“Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para acabar la prevaricación, y concluir el pecado, y expiar la iniquidad; y para traer la justicia de los siglos, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sepas pues y entiendas, que desde la salida de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalem hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornarase a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, y no por sí.”
Daniel anuncia que el Mesías vendría en relación con la historia de Jerusalén y que Su vida sería quitada.
La frase “no por sí” apunta a que Su muerte no sería por causa propia, sino por otros.
Hebreos 2:9
“Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, a aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos.”
Existen diferencias entre intérpretes sobre los detalles cronológicos de las setenta semanas.
Sin embargo, el punto central es claro:
La cruz no fue un fracaso.
La muerte del Mesías estaba dentro del decreto sabio y soberano de Dios.
Miqueas 5:2
“Mas tú, Bethlehem Ephrata, pequeña para ser en los millares de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días del siglo.”
Mateo 2:1
“Y como fue nacido Jesús en Bethlehem de Judea en días del rey Herodes, he aquí unos magos vinieron del oriente a Jerusalem.”
Miqueas afirma dos verdades:
La primera verdad muestra Su humanidad histórica.
La segunda apunta a Su preexistencia divina.
Jesús no comenzó a existir en Belén.
El Hijo eterno de Dios asumió naturaleza humana en el tiempo.
Zacarías 9:9
“Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalem: he aquí, tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna.”
Mateo 21:6-9
“Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos. Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino. Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David: Bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas.”
El Mesías entra como Rey, pero no con arrogancia militar.
Entra humilde.
Esto contradice las expectativas humanas de poder.
El reino de Cristo no avanza por violencia carnal, sino por justicia, verdad, mansedumbre y redención.
Cristo es Rey, pero Su gloria se revela en humildad.
El cristiano no debe confundir el poder del reino con triunfalismo humano.
Zacarías 12:10
“Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalem, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron; y harán llanto sobre él, como llanto sobre unigénito, afligiéndose sobre él como quien se aflige sobre primogénito.”
Juan 19:34-37
“Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. Y el que lo vio, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.”
Este texto es profundamente cristológico.
Dios dice: “mirarán a mí, a quien traspasaron.”
Juan aplica esta profecía a Cristo crucificado.
Esto muestra:
La verdadera conversión ocurre cuando el pecador mira con fe y arrepentimiento al Cristo crucificado.
Lucas 24:25-27
“Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían.”
Jesús no interpretó Su muerte como accidente.
Dijo que era necesario.
Esa necesidad no era política ni meramente histórica.
Era necesidad divina, profética y redentora.
La cruz era el centro del plan eterno de Dios.
Respuesta:
Los apóstoles no inventaron una lectura artificial. Interpretaron el Antiguo Testamento a la luz de Cristo resucitado, bajo la inspiración del Espíritu Santo.
Cristo mismo les enseñó a leer la Ley, los Profetas y los Salmos como testimonio de Él.
Respuesta:
Es cierto.
Pero esto no niega su cumplimiento mesiánico.
Muchas profecías bíblicas tienen un patrón de cumplimiento progresivo:
Respuesta:
Algunas son amplias, pero otras son extraordinariamente concretas:
El valor apologético no está en una sola profecía aislada, sino en la convergencia de muchas líneas proféticas en una sola persona.
Las profecías mesiánicas son una huella de la soberanía de Dios en la historia.
Dios prometió un Salvador.
Dios preparó la historia para Su venida.
Dios anunció detalles de Su persona y obra.
Dios cumplió esas promesas en Jesucristo.
Por tanto, la Biblia no es una colección de especulaciones religiosas. Es la revelación progresiva del Dios que decreta, promete, gobierna y cumple.
Dios no improvisa.
Dios no olvida.
Dios no falla.
Predicar la Biblia sin mostrar a Cristo es dejar incompleta la intención de la Escritura.
Si Dios cumplió con precisión lo prometido acerca de la primera venida de Cristo, también cumplirá lo prometido acerca de Su segunda venida.
La cruz no fue el plan B de Dios.
Cristo fue anunciado desde Génesis.
Lucas 24:27
“Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales en todas las Escrituras lo que de él decían.”
Señor Dios Todopoderoso, te damos gracias porque tu Palabra es verdadera, fiel y suficiente. Gracias porque desde el principio prometiste un Redentor, y en la plenitud del tiempo enviaste a tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Abre nuestros ojos para ver a Cristo en toda la Escritura. Afirma nuestra fe, fortalece nuestra confianza en tu Palabra y llévanos a adorar con reverencia al Cordero que fue provisto por ti para quitar nuestro pecado. Amén.
En el próximo estudio veremos qué enseñó Jesús acerca de la Biblia:
Textos principales: