De las vacas de Galapa al Barrio El Prado: un recorrido crítico por los grandes mitos historiográficos de la Puerta de Oro de Colombia, siguiendo a Jaime Colpas Gutiérrez y Sergio Paolo Solano.
El origen de la ciudad y las vacas galaperas
El mito del progreso y la civilización
El urbanismo moderno y sus leyendas
Sección central · 5 mitos analizados · Colpas Gutiérrez & Solano
Domingo Malabet y la historia que se convirtió en leyenda
La élite barranquillera y la construcción de un relato grandioso
Urbanismo, capital extranjero y la ilusión de El Prado
Filmografía, literatura, música y cuentas imperdibles
Referencias académicas y fuentes consultadas
Archivo histórico — Paseo bolivar año 1939
En el último decenio del siglo pasado, se rompió con la tradición de escasa atención al estudio del pretérito de la ciudad. Esta negligencia reflejaba la débil inclinación de la élite barranquillera hacia las disciplinas humanas, hecho que el periódico Rigoletto denunciaba ya en 1902: en Barranquilla no había campo para las actividades que no fueran mercantiles o mecánicas.1
El objetivo de este análisis es identificar y examinar los principales mitos de la historia de Barranquilla, esos relatos que, según el historiador J. Plum, han sido creados como ideologías para controlar individuos o motivar sociedades.2 Germán Colmenares señala que la historia sólo puede alcanzar sus virtualidades como conocimiento en la medida en que contribuya a limpiar la corrupción de «engañosas visiones de un pasado con finalidad».3
Según Peter Burke, cuando los historiadores profesionales aluden a los «mitos», por lo general se refieren a relatos del pasado que pueden ser considerados como falsos, o en ciertas maneras engañosos: un relato simbólico sobre el pasado cuya función es explicar o justificar algunos aspectos de la realidad actual.4
Por su parte, Marc Bloch argumenta que hubo épocas mitómanas en que las generaciones prer románticas, llevadas a venerar el pasado, fueron naturalmente impulsadas a inventarlo.5
La historiografía de Barranquilla proliferó en textos plagados de mitos que circularon como memorias, crónicas, revistas y periódicos. Esos mitos se conectaron al proceso de modernización truncado del subdesarrollo que Marshall Berman describe como alimentado de fantasías y espejismos.6
El historiador Sergio Paolo Solano precisa que en la corta historiografía barranquillera son recurrentes tres temas: los orígenes de la ciudad, su contribución a la independencia y su condición de centro de la navegación a vapor por el río Magdalena.7
| 1780 | 2.934 habitantes — pequeño sitio de vecinos libres |
| 1835 | 5.359 habitantes — aldea en crecimiento comercial |
| 1843 | 5.651 habitantes |
| 1852 | 6.114 habitantes |
| 1865 | 7.462 habitantes |
| 1870 | 11.595 habitantes — umbral de la modernización |
Este es el «ídolo de la tribu de los historiadores»: la obsesión por los orígenes. Así como la ciudad eterna Roma tiene su loba amamantando a Rómulo y Remo, Barranquilla tuvo durante décadas su propia leyenda: unas sedientas vacas condujeron a los primitivos pobladores procedentes de Galapa hacia una ubérrima laguna en los caños del río Magdalena.
Esta tesis mitológica fue expuesta por Domingo Malabet en 1892 y divulgada por mucho tiempo en los escasos textos de la historiografía romántica de Vergara y Baena, Montoya, Sojo Zambrano, Páez Polo, así como en crónicas de Manrique, Goenaga y las memorias de Rebollo.8
Esta falsa noción fue desmontada por la hipótesis académica del historiador José Agustín Blanco Barros, quien demostró que en el proceso genésico de Barranquilla intervienen:9
A pesar de la demostración de Blanco Barros, el mito fundacional sigue difundiéndose cada «Siete de Abril» en universidades, escuelas, colegios, emisoras y artículos de prensa. El mito tiene una función social: legitimar el origen, crear identidad.
«En el siglo XXI, no hay derecho para que este mito siga difundiéndose en universidades y escuelas.» — Colpas Gutiérrez, 2004
Barranquilla, al contrario de Cartagena o Santa Marta —puertos coloniales— surgió como pequeño sitio de vecinos libres a fines del siglo XVII. Por esa razón no ocupó la atención de los histiógrafos dedicados a la «república de blancos», para quienes las poblaciones surgidas sin capitulaciones «carecían de historia».10
El historiador James Scobie observa que en el medio urbano aparentemente primitivo de mediados del siglo XIX, la Revolución Industrial sembró las semillas del cambio en varias ciudades costeras: Tampico en México, Colón en Panamá, Barranquilla en Colombia, Bahía Blanca en Argentina.11
El ascenso de Barranquilla, que en cincuenta años desde la inauguración del ferrocarril a Sabanilla (1871) la convirtió en puerto aéreo, marítimo y fluvial, fue considerado único. La lucha de su élite estuvo permeada por los mitos de la ciudad pionera, el progreso y la civilización.12
Ferrocarril Sabanilla año 1871
Los autores de Barranquilla su Pasado y su Presente siguieron el modelo positivista de Augusto Comte: la ley que rige el progreso natural de la civilización a través de los logros del comercio, la industria y las ciencias.13
Estos mitos excluyeron a amplios sectores populares. Barriadas como Rébolo, San Roque y Barrio Abajo fueron excluidas del beneficio del alcantarillado, la pavimentación y las zonas verdes.14
La revista Mejoras iconizaba las obras materiales como gestas del progreso: pavimentación, acueducto, avenidas, barrios residenciales de la élite. Ocultaba el subdesarrollo de la ciudad popular.15
Karl C. Parrish y Samuel Hollopeter, representantes de los banqueros de Chicago y gerente de las Empresas Públicas Municipales respectivamente, son los arquetipos de la inversión gringa que se apoderó de las economías dependientes de Latinoamérica.16
Parrish se propuso cambiarle a la tradicional ciudad su aspecto premoderno para darle una moderna fisonomía. El modelo urbanístico fue idealizado por los patricios de la élite «como los legendarios banqueros y mercaderes de las ciudades italianas renacentistas».17
Con la epopéyica urbanización El Prado se le dio fisonomía a las unidades barriales clasistas que se distanciaron de la ciudad promiscua y policlasista del siglo XIX.18
En 1925, el Acuerdo N°14 formalizó un empréstito municipal con la Central Trust Company of Illinois Chicago por la suma de US$4.000.000. Bajo sus disposiciones, el director general de las Empresas Públicas Municipales debía ser un ingeniero extranjero de reconocida posición: ese era Samuel Hollopeter.
Carlos Marichal menciona que en Colombia se dieron 21 empréstitos provinciales y municipales en esa década.19
La «epopéyica» Barranquilla Parrish se distanció de la urbe premoderna semirural con sus aletargadas unidades barriales del continuo popular-urbano: casas primitivas con patios de zinc, calles incomunicadas, donde imperaban joselito carnaval, la cocá, el corroncho, la butifarra, la bacanía caribeña y la leyenda del Pájaro Verde.20
Este discontinuo proceso de rostros contrarios era como caras de la misma moneda: la riqueza por una, la pobreza por la otra. La ciudad popular fue marginada por la mitología del progreso, sujetada al poder de la élite burocrática andina y a la mítica ESCADTA —luego AVIANCA.
En 1954, la revista El Economista publicó una entrevista con Hollopeter donde este afirmó que el crecimiento era tan rápido que el municipio no había podido resolver sus problemas, descartando a la vez el mito del estancamiento: «la ciudad ha atravesado dificultades pero no puede hablarse de un estancamiento en su progreso».21
La nueva historiografía del siglo XXI debe hacer realidad el manifiesto de Historia a Debate: «El primer compromiso político de los historiadores debería reivindicar, ante la sociedad y el poder, la función ética de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales.»22
Sergio Paolo Solano precisa que la escasa atención al estudio del pasado de la ciudad «también era la expresión de la débil inclinación que mostró la élite barranquillera hacia las disciplinas humanas».23
Solano identifica a los «protohistoriadores» —Malabet, Rebollo, Nieto, González Rubio, Hoenigsberg, Goenaga, Rash Isla, Palacios, De la Espriella— como pioneros de una historiografía aún atada a los relatos de las élites.
Frente a los mitos, Colpas Gutiérrez propone un relato historiográfico alternativo que incluya:
Un retrato íntimo de la cultura vallenata y sus raíces en el Caribe colombiano. Explora la identidad musical de la región a través de la historia de un músico legendario, revelando cómo la tradición oral convive con la modernidad barranquillera.
Muestra las tensiones de género, raza y clase que atraviesan el Caribe colombiano. Visibiliza las voces populares excluidas —exactamente lo que Colpas Gutiérrez pide a la historiografía barranquillera.
Recorre la historia de la legendaria urbanización de Karl C. Parrish, declarada Bien de Interés Cultural. Imprescindible para entender el «mito Parrish» y su legado arquitectónico en el imaginario barranquillero.
Barranquilla aparece bajo el nombre «Ganga». Una crónica mordaz de la élite barranquillera de principios del siglo XX que expone sus contradicciones, sus sueños parisinos y su realidad tropical.
Testimonio fundamental de la Barranquilla de los años 30 y 40, con sus barrios, personajes y transformaciones urbanas. Narra desde adentro la tensión entre la ciudad de las élites y la ciudad popular.
La obra que desmontó el mito fundacional de las vacas galaperas con fuentes verificables. Lectura obligada para todo barranquillero crítico.
La voz de Totó la Momposina encarna la memoria viva del Caribe que los mitos del progreso intentaron opacar. Su obra conecta las tradiciones africanas, indígenas y españolas que forman la verdadera base cultural de Barranquilla.
Marcó un punto de inflexión en la música caribeña colombiana al fusionar el vallenato con el rock. Vives reivindicó la identidad cultural costeña en un momento en que Colombia redescubría su diversidad.
Un himno popular que celebra la identidad mestiza, festiva y carnavalesca de la ciudad —esa que la historiografía oficial ignoró mientras idealizaba el progreso portuario.
Cuenta dedicada a recuperar la memoria fotográfica de Barranquilla a través de postales, fotografías y documentos de archivo.
El archivo Parrish digital ofrece acceso abierto a documentos, planos y fotografías del Barrio El Prado. Un recurso académico invaluable para verificar y cuestionar el mito desde fuentes primarias.
La revista donde fue publicado el artículo fundacional de Colpas Gutiérrez. Sus números recogen décadas de investigación crítica sobre el Caribe colombiano.
Colpas Gutiérrez, Jaime. «Mitos en la Historia de Barranquilla: Análisis Crítico de los Problemas Historiográficos de una Ciudad del Caribe Colombiano». Historia Caribe, N°9, Universidad del Atlántico, Barranquilla, 2004, pp. 67-88.
Solano, Sergio Paolo. «La Historiografía sobre Barranquilla». En: Historia General de Barranquilla. Sucesos. Barranquilla: Academia de la Historia de Barranquilla, 1997.
Blanco Barros, José Agustín. El Norte de Tierradentro y los Orígenes de Barranquilla. Bogotá: Banco de la República, 1987.
Vergara y Baena, José Ramón; Baena, Fernando. Barranquilla su Pasado y su Presente. Barranquilla: Banco Dugand, 1922.
Manrique, Ramón. Barranquilla y sus Gentes. Barranquilla: Editorial del Norte, 1943.
Goenaga, Miguel. Lecturas Locales. Barranquilla: folletos varios, 1945-1953.
Pardo Fuenmayor, Francisco (Paco Lince). Confesiones. Barranquilla: Tipografía la Luz, 1926.
Burke, Peter. El Renacimiento. Barcelona: Editorial Crítica, 1999.
Bloch, Marc. Introducción a la Historia. México: FCE, 1982.
Berman, Marshall. Todo lo sólido se desvanece en el Aire. México: Siglo XXI, 1998.
Colmenares, Germán. «La Batalla de los Manuales en Colombia». Historia y Espacio. Cali: Universidad del Valle, N°15, abril de 1994.
Scobie, James. «El Crecimiento de las ciudades latinoamericanas, 1870-1930». En: Historia de América Latina. Barcelona: Editorial Crítica, 1991.
Rippy, Fred. El Capital Norteamericano y la Penetración Imperialista en Colombia. Bogotá: El Ancora Editores, 1981.
Rigoletto. Barranquilla, 1902, N°1.
Mejoras. Barranquilla, N°9-11, diciembre de 1936 – enero de 1937.
El Economista. Barranquilla, N°2 y 3, diciembre de 1954.
El Liberal. Barranquilla, 7 de abril de 1922.
Manifiesto Historia A Debate. Historia Caribe, Barranquilla, 2001, N°6.