la afirmación de que el genocidio en Gaza es “bíblico” es una distorsión grave de la Escritura. Se examinará esto en tres niveles:

  1. La hermenéutica correcta de los textos del Antiguo Testamento,
  2. La ética del Nuevo Pacto, y
  3. La aplicación teológica al conflicto contemporáneo.

1. El error hermenéutico fundamental: Confundir la teocracia israelita con el Estado moderno de Israel

El contexto de los “herem” (guerras de conquista)

Los textos más citados para justificar violencia son Josué 6-11, donde Dios ordena destruir completamente a ciertos pueblos cananeos. Pero nota estos elementos irrepetibles y únicos:

Aspecto Teocracia Israelita (AT) Estado Moderno
Autoridad Revelación directa y audible de Dios (Josué recibía órdenes específicas) Autoridad civil/secular
Objetivo teológico Juicio divino contra idolatría extrema (Gn 15:16; Dt 9:4-5) Intereses geopolíticos/nacionales
Ámbito Territorial específico de Canaán Gaza, Líbano, Irán (territorios no prometidos)
Medio Milagros confirmatorios (muros de Jericó, sol detenido) Ejércitos convencionales
Sacerdocio Josué como profeta con autoridad directa Líderes políticos sin carisma profético

La Confesión de Fe de 1689, capítulo 1, sección 6, establece que “todo el consejo de Dios, concerniente a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente contenido en la Escritura”. Los mandatos específicos de conquista fueron particulares, no principios universales para todo pueblo en todo tiempo.

El principio de “sui generis”

Los reformados bautistas sostienen que Israel en el AT fue una teocracia única —un estado sacerdotal donde Dios reinaba directamente— que prefiguraba el Reino de Cristo. La Confesión de Fe de 1689, capítulo 19, distingue cuidadosamente entre la ley moral (permanente), ceremonial (abolida en Cristo) y judicial (vinculada a la teocracia israelita y no obligatoria para las naciones).

Los mandatos de conquista pertenecen a la administración judicial particular de Israel, no a la ley moral eterna. Aplicarlos al Estado de Israel de 1948 en adelante es confundir los dos pactos (Antiguo y Nuevo) y violar el principio de Sola Scriptura interpretada correctamente.


2. La ética del Nuevo Pacto: La ley del amor y la justicia

Jesús y la reinterpretación de la violencia

El Sermón del Monte (Mateo 5-7) revoluciona la ética del pueblo de Dios:

“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” — Mateo 5:38-39

“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.” — Mateo 5:44

Nota crucial: Jesús no anula la justicia divina, sino que traslada su ejecución a Dios (Rom 12:19: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”).

La iglesia —y por extensión, ningún estado que pretenda actuar en nombre de Dios— no tiene autorización para ejecutar juicios divinos mediante violencia.

Pablo y la ética para las naciones

Romanos 12 es explícito para la iglesia, pero Romanos 13 habla del estado. Sin embargo, nota la limitación:

“Si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.” — Romanos 13:4

El estado tiene espada para castigar el mal dentro de su jurisdicción, no para guerras de conquista religiosa o limpieza étnica. La justicia bélica (jus ad bellum y jus in bello) requiere proporcionalidad y distinción entre combatientes y civiles —principios que el genocidio y la limpieza étnica violan flagrantemente.

La identidad del pueblo de Dios: De etnia a fe

Gálatas 3:28-29 destruye cualquier fundamento teológico para el etnonacionalismo:

“No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y conforme a la promesa, herederos.”

El pueblo de Dios ya no se define por sangre sino por fe en Cristo.

El Estado de Israel moderno es una nación política, no el Israel teocrático del AT, y mucho menos la “nueva Israel” que es la iglesia (Gálatas 6:16: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios”).


3. Análisis específico de las afirmaciones sobre Gaza, Líbano e Irán

Sobre Gaza y los palestinos

Los palestinos no son cananeos. Son población semita (muchas familias cristianas y musulmanas con raíces en la tierra por siglos). Aplicar Josué a ellos requiere:

  1. Identificar a los palestinos como objetos de juicio divino específico — imposible sin revelación profética directa (cesada según la Confesión de Fe 1689, 1.1).
  2. Ignorar que los cananeos fueron destruidos por idolatría extrema (incluyendo sacrificio infantil) — una acusación que no puede hacerse generalizadamente contra toda una población civil.
  3. Violentar el principio de distinción — en Josué, la destrucción era total pero dirigida; en Gaza, la tasa de civiles muertos (mujeres, niños, ancianos) demuestra que no hay distinción bíblica.

Sobre Líbano e Irán

Estos territorios nunca fueron parte de la tierra prometida. Líbano (Sidón, Tiro) tenía tratados de paz con Israel en tiempos de Salomón. Irán (Persia) fue instrumento de Dios para liberar a los judíos (Ciro, Esdras 1:1-4).

Invocar textos bíblicos para justificar ataques a estas naciones es eisegesis (leer en el texto lo que no está) — una violación del principio reformado de Sola Scriptura interpretada por Tota Scriptura.

El mal uso del semitismo contra Iran

La imagen resume muy bien una idea clave para enseñar Génesis 10: Sem como ancestro común, con dos líneas diferenciadas:

  1. Elam → región asociada al actual Irán

  2. Arfaxad → Abraham → Isaac → Jacob/Israel

Esto permite explicar con claridad que el término “semita”, desde Génesis 10, no debe reducirse únicamente a Israel, sino que tiene un marco genealógico más amplio dentro de los descendientes de Sem.

Es un detalle fascinante que muchos pasan por alto. Génesis 10 (la Tabla de las Naciones) revela que tanto Israel como Irán comparten raíces semíticas, pero por ramas distintas. Permíteme construir el árbol genealógico bíblico. Aquí tienes el árbol genealógico. Permíteme ahora explicarte las implicaciones teológicas de este dato que, como bien dices, es interesantísimo.


4. Perspectiva reformada bautista: El amillennialismo y la soberanía de Dios

La mayoría de los reformados bautistas históricos son amileniales o postmilenarios, no premileniales dispensacionalistas. Esto significa:

  • No hay “derecho divino” del Estado de Israel a la tierra basado en pactos abrahámicos sin condiciones. Las promesas territoriales se cumplieron históricamente (Josué 21:43-45) y espiritualmente en Cristo (2 Cor 1:20).
  • La iglesia es el Israel de Dios (Gál 6:16), heredera de las promesas espirituales, no étnicas.
  • Dios es soberano sobre todas las naciones (Salmo 2; Daniel 2; 4:17, 25, 32), no solo sobre Israel.

La Confesión de Fe de 1689, capítulo 3, sección 1, declara que Dios “decretó desde la eternidad, para su propia gloria, todas las cosas que sucederán”. Esto incluye la historia de Palestina, pero no da a ningún estado humano carta blanca para el genocidio.


5. La justificación bíblica verdadera: Justicia, no venganza

Lo que la Biblia sí enseña sobre el conflicto

  1. La imago Dei: Todo ser humano, palestino, israelí, libanés o iraní, porta la imagen de Dios (Génesis 1:27). Matar civiles intencionalmente es atentar contra Dios.
  2. La justicia para el oprimido: Dios demanda justicia para el extranjero, la viuda y el huérfano (Deuteronomio 24:17-22; Miqueas 6:8).
  3. El llamado al arrepentimiento: La iglesia debe llamar a todas las naciones —incluyendo Israel y Hamas— al arrepentimiento y a Cristo (Hechos 17:30).

El error del cristianismo nacionalista

La justificación del genocidio como “bíblica” es una manifestación del idolatría del estado-nación. Cuando cualquier nación —Israel, Estados Unidos, Rusia, o cualquier otra— se coloca por encima de la ética del Reino de Cristo, se comete idolatría. La Confesión de Fe de 1689, capítulo 22, condena toda adoración falsa, incluyendo la adoración de la patria o la etnia.


Conclusión pastoral

Desde una perspectiva reformada bautista, fiel al texto bíblico y a la Confesión de Fe de 1689:

La afirmación de que el genocidio en Gaza es “bíblico” es falsa, peligrosa y herética. Distorsiona la Escritura, confunde los pactos, idolatra la nación-estado y niega la centralidad de Cristo y su Reino.

Lo que es bíblico es: - Llorar con los que lloran (palestinos e israelíes inocentes) - Buscar la paz y perseguirla (Salmo 34:14) - Hacer justicia, amar misericordia, y andar humildemente con Dios (Miqueas 6:8) - Proclamar el evangelio a todas las naciones, sabiendo que en Cristo no hay griego ni judío, siervo ni libre, varón ni mujer (Gálatas 3:28)