Este informe presenta un análisis exhaustivo sobre la violencia de género en Colombia, explorando tres dimensiones críticas: femicidios, delitos sexuales y violencia intrafamiliar.
A través de visualizaciones de graficas y análisis estadísticos, buscamos identificar patrones, tendencias y correlaciones que permitan una comprensión profunda del fenómeno y apoyen la toma de decisiones basada en evidencia.
Período de análisis: 2024-2025
El gráfico de dona presenta la distribución comparativa de femicidios entre los años 2024 y 2025, revelando datos que requieren una interpretación cuidadosa debido a la naturaleza temporal de la información disponible. Durante el año 2024 se registraron un total de 29,290 casos de femicidios, representando el 66.9% del total acumulado en ambos años. Por su parte, el año 2025 muestra 14,464 casos hasta la fecha del mes de mayo, equivalentes al 33.1% del total conjunto.
Esta aparente reducción en los números absolutos debe contextualizarse adecuadamente considerando que el año 2025 aún está en curso al momento de la elaboración de este informe, realizado el 3 de diciembre de 2025. Por tanto, los datos de 2025 representan aproximadamente seis meses de registro, mientras que 2024 refleja el año calendario completo. Esta diferencia temporal es fundamental para comprender las cifras presentadas y evitar conclusiones prematuras sobre tendencias.
Al calcular el ritmo mensual promedio de femicidios, encontramos que durante 2024 se registraron aproximadamente 2,441 casos por mes, mientras que en 2025 el promedio mensual se sitúa alrededor de 1,315 casos. Esta comparación sugiere una potencial reducción significativa en la tasa de femicidios si la tendencia observada se mantiene constante hasta el cierre del año 2025. De continuar este patrón, el año 2025 podría concluir con aproximadamente la mitad de los casos registrados en 2024, lo cual representaría un cambio sustancial en la magnitud del problema.
No obstante, resulta imperativo mantener una perspectiva crítica y cautelosa respecto a estas observaciones preliminares. Diversos factores podrían estar influyendo en estas cifras, incluyendo cambios metodológicos en la recopilación de datos, variaciones estacionales en la incidencia de estos crímenes, modificaciones en los protocolos de clasificación de casos, o mejoras en las estrategias de prevención implementadas por las autoridades. La confirmación de una verdadera tendencia a la baja solo podrá establecerse mediante el análisis de los datos completos de 2025 una vez finalizado el año.
El análisis de la distribución geográfica de los casos de violencia intrafamiliar en Colombia revela una concentración marcadamente desigual del fenómeno a lo largo del territorio nacional. El departamento de Cundinamarca emerge como la región con la situación más crítica, registrando un total de 100,070 casos, cifra que representa aproximadamente el 45% del total acumulado entre los diez departamentos con mayor incidencia. Esta concentración extrema en un solo departamento constituye un hallazgo de primera .
La magnitud de la problemática en Cundinamarca se hace evidente al compararla con otros departamentos del país. El departamento presenta casi tres veces más casos que Antioquia, que ocupa el segundo lugar con 33,737 casos, y más de cinco veces los casos reportados en Valle del Cauca, tercero en el ranking con 19,506 casos. Esta brecha abismal no solo refleja la gravedad de la situación en Cundinamarca, sino que también sugiere la existencia de factores estructurales, demográficos o institucionales particulares que están contribuyendo a esta concentración de casos.
Es importante contextualizar estos números considerando que Cundinamarca incluye a Bogotá, la capital del país, y su extensa área metropolitana, lo cual implica una densidad poblacional significativamente superior a la de otros departamentos. Las áreas urbanas altamente pobladas típicamente presentan mayores números absolutos de casos reportados debido al simple efecto del tamaño poblacional. Sin embargo, esto no debe minimizar la gravedad del problema, sino más bien señalar la necesidad de calcular tasas per cápita para una comparación más precisa entre regiones.
Más allá de Cundinamarca, el análisis revela la existencia de un grupo de tres departamentos que concentran la mayor parte del problema nacional de violencia intrafamiliar. Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca, en conjunto, acumulan más del 70% de todos los casos reportados entre los diez departamentos principales. Esta concentración en el denominado “triángulo de la violencia intrafamiliar” sugiere que las intervenciones focalizadas en estas tres regiones podrían tener un impacto desproporcionadamente positivo en las estadísticas nacionales.
Los departamentos restantes en el top diez presentan un patrón relativamente más homogéneo, con cifras que oscilan entre los 4,000 y 10,000 casos. Este grupo incluye a Atlántico, Bolívar, Santander, Tolima, Magdalena, Nariño y Caldas. Aunque sus números absolutos son considerablemente menores que los de los tres primeros lugares, estas cifras siguen representando un problema significativo que afecta a miles de familias en cada una de estas regiones.
Adicionalmente, es crucial considerar que un mayor número de casos reportados puede reflejar no necesariamente una mayor incidencia real de violencia, sino potencialmente un mejor funcionamiento de los sistemas de denuncia y registro en estos departamentos. Las regiones con mayor desarrollo institucional, mejor acceso a servicios de justicia y mayor concienciación social sobre la violencia de género tienden a presentar tasas más altas de reporte. Por tanto, departamentos con números aparentemente bajos podrían estar experimentando altos niveles de violencia intrafamiliar no reportada.
El análisis del perfil demográfico de las víctimas de delitos sexuales en Colombia revela patrones diferenciados de victimización según el género y la edad, evidenciando la complejidad del fenómeno y la necesidad de enfoques preventivos y de intervención específicamente adaptados a cada población vulnerable. Los datos agregados muestran un total de 55,341 casos reportados, distribuidos de manera marcadamente desigual entre géneros, con 45,341 casos correspondientes a víctimas de género femenino y 10,000 casos a víctimas de género masculino.
La primera observación de importancia crucial es la disparidad de género en la victimización. Las mujeres representan aproximadamente el 82% del total de víctimas de delitos sexuales, siendo 4.5 veces más propensas a sufrir este tipo de agresiones en comparación con los hombres. Esta sobrerrepresentación femenina no constituye un hallazgo sorprendente dado el contexto de violencia de género sistémica que caracteriza la sociedad colombiana lamentablemente.
Sin embargo, el análisis más detallado de los datos según grupos etarios revela un patrón de victimización notablemente diferente entre géneros, lo cual tiene implicaciones profundas para el diseño de políticas de prevención. En el caso de las víctimas femeninas, se observa un patrón de incremento progresivo de la victimización con la edad. Las menores de edad registran 10,042 casos, las adolescentes 11,182 casos, y las mujeres adultas presentan la cifra más elevada con 24,117 casos. Este patrón ascendente sugiere que el riesgo de sufrir delitos sexuales para las mujeres no disminuye con la edad, sino que se mantiene o incluso se incrementa en la etapa adulta.
Este hallazgo contradice la percepción común de que los delitos sexuales afectan principalmente a menores de edad, al menos en lo que respecta a las víctimas femeninas. La alta incidencia de victimización en mujeres adultas apunta hacia formas específicas de violencia sexual que ocurren en contextos de relaciones de pareja, entornos laborales, espacios públicos y situaciones de conflicto armado. La violencia sexual en el contexto de la pareja íntima, el acoso sexual laboral y las agresiones sexuales oportunistas en espacios públicos son fenómenos que afectan desproporcionadamente a mujeres adultas.
En contraste marcado con este patrón, las víctimas masculinas muestran una distribución inversa según la edad. Los menores de edad masculinos registran 2,534 casos, los adolescentes 1,606 casos y los adultos 5,860 casos. Aunque los adultos masculinos presentan el número más alto en términos absolutos, es fundamental observar que la victimización de niños varones representa una proporción significativa del total de casos masculinos, señalando la vulnerabilidad particular de este grupo poblacional frente al abuso sexual infantil.
La existencia de 2,534 casos de abuso sexual contra niños varones constituye un problema de gran magnitud que frecuentemente permanece invisibilizado debido a estigmas sociales particulares que dificultan la denuncia. Los niños y adolescentes varones víctimas de abuso sexual enfrentan barreras adicionales para revelar la victimización debido a normas de masculinidad que asocian la victimización sexual con debilidad o cuestionamiento de la orientación sexual. Esta situación sugiere que las cifras reportadas podrían representar solo una fracción de la incidencia real del problema.
Es importante destacar que los 5,860 casos de delitos sexuales contra hombres adultos también representan una realidad significativa que merece atención específica. Estos casos pueden incluir violencia sexual en contextos de conflicto armado, abuso en instituciones cerradas como prisiones o centros de detención, y agresiones en otros contextos de vulnerabilidad. La victimización sexual masculina en general está fuertemente subregistrada debido a estigmas sociales profundamente arraigados, lo que sugiere que las cifras reales podrían ser considerablemente superiores a las reportadas.
El análisis de las circunstancias en las que ocurren los femicidios en Colombia revela una problemática fundamental de registro y clasificación que dificulta significativamente la comprensión total del fenómeno y, consecuentemente, el diseño de políticas públicas efectivas de prevención. La categoría “sin información” concentra 28,494 casos, equivalentes al 65% del total de femicidios registrados. Esta proporción extraordinariamente elevada de casos sin clasificación contextual representa una limitación severa para el análisis y constituye en sí misma un hallazgo preocupante sobre las capacidades institucionales de investigación y registro de estos crímenes.
La ausencia de información contextual en casi dos tercios de los casos impide identificar los factores de riesgo específicos, los patrones de victimización y las circunstancias que preceden a estos crímenes. Esta carencia de datos limita dramáticamente la capacidad del Estado para desarrollar estrategias preventivas basadas en evidencia y para implementar intervenciones focalizadas en los contextos de mayor riesgo. Además, plantea interrogantes sobre la calidad de las investigaciones criminales, los protocolos de clasificación empleados por las autoridades y la capacitación del personal encargado del registro de estos casos.
Dentro del 35% de casos que sí cuentan con clasificación contextual, totalizando 15,658 casos, emergen patrones diversos que sugieren la multiplicidad de contextos en los que ocurren muertes violentas de mujeres. La categoría “autolesión voluntaria” encabeza este grupo con 4,336 casos, una clasificación que requiere análisis crítico y escrutinio cuidadoso. La inclusión de un número tan elevado de casos bajo esta categoría en una base de datos de femicidios resulta problemática por múltiples razones y podría estar ocultando casos de violencia de género.
Es ampliamente reconocido en la literatura especializada sobre violencia de género que muchos casos de feminicidio son disimulados o presentados erróneamente como suicidios por parte de los perpetradores. Adicionalmente, el suicidio de mujeres en contextos de violencia de género sistemática debe ser analizado como una manifestación extrema de dicha violencia, no como un acto completamente desvinculado de la violencia ejercida por otros. La presencia de 4,336 casos clasificados como “autolesión voluntaria” demanda una revisión exhaustiva de los protocolos de investigación y clasificación para garantizar que no se estén subregistrando femicidios bajo categorías inadecuadas.
Las siguientes categorías más frecuentes revelan la intersección entre violencia de género y otras formas de violencia presentes en el contexto colombiano. El “ajuste de cuentas” con 1,673 casos y el “sicariato” con 1,549 casos señalan la participación de organizaciones criminales en las muertes violentas de mujeres. Estos números reflejan cómo las mujeres en Colombia enfrentan no solo la violencia de género tradicional, sino también violencia derivada de conflictos armados, criminalidad organizada y disputas territoriales por control de economías ilícitas.
Las “riñas” aparecen como circunstancia en 1,132 casos, una categoría que también requiere análisis cuidadoso. Las riñas pueden incluir desde conflictos interpersonales espontáneos hasta escaladas de violencia en contextos de relaciones de pareja. Sin una investigación detallada de cada caso, resulta imposible determinar cuántos de estos casos involucran elementos de violencia de género y cuántos corresponden a otros tipos de conflictos.
Las circunstancias relacionadas con el conflicto armado y la violencia organizada, incluyendo “grupos alzados en armas” con 268 casos y “enfrentamientos armados” con 254 casos, revelan la particular vulnerabilidad de las mujeres en contextos de guerra y conflicto. Las mujeres en zonas de conflicto enfrentan riesgos específicos de violencia sexual y asesinato como estrategia de guerra, control territorial o intimidación de comunidades.
Finalmente, la categoría “lesiones involuntarias” con 956 casos presenta ambigüedad adicional en cuanto a su pertinencia en un análisis de femicidios. Esta clasificación podría incluir desde casos de negligencia médica hasta accidentes domésticos, y su inclusión en las estadísticas de femicidios requiere justificación y clarificación metodológica.
| Medio o Arma Utilizada | Cantidad de Casos | Porcentaje |
|---|---|---|
| SIN EMPLEO DE ARMAS | 135601 | 81.9% |
| CONTUNDENTES | 27473 | 16.6% |
| ARMA BLANCA / CORTOPUNZANTE | 2298 | 1.4% |
| ARMA DE FUEGO | 214 | 0.1% |
| NO REPORTADO | 2 | 0% |
El análisis de los instrumentos o medios empleados en casos de violencia intrafamiliar proporciona información valiosa sobre las características y dinámicas de este tipo de agresiones, revelando patrones que tienen implicaciones significativas para el diseño de estrategias de prevención e intervención. Los datos muestran que en 135,601 casos, equivalentes al 81.9% del total registrado, no se empleó ningún tipo de arma en la comisión de la violencia. Esta proporción extraordinariamente elevada constituye el hallazgo central de este análisis y define la naturaleza predominante de la violencia intrafamiliar en Colombia.
La violencia ejercida sin empleo de armas implica agresión física directa mediante el uso del propio cuerpo del agresor: golpes con puños o manos abiertas, patadas, empujones, jalones de cabello, estrangulamiento, sacudidas violentas y otras formas de contacto físico lesivo. Este tipo de violencia, aunque no involucre instrumentos externos, puede causar lesiones graves e incluso la muerte de las víctimas, particularmente cuando se ejerce de manera repetida y en contextos de asimetría de poder físico entre agresor y víctima.
La preponderancia de la violencia sin armas sugiere varias características distintivas de la violencia intrafamiliar que la diferencian de otras formas de violencia interpersonal. En primer lugar, indica que la violencia intrafamiliar típicamente no es premeditada en el sentido de preparación deliberada de instrumentos de agresión, sino que surge de manera más espontánea en el contexto de interacciones cotidianas dentro del hogar. Esto no implica que sea impulsiva o incontrolable, ya que la literatura especializada demuestra que la violencia intrafamiliar sigue patrones cíclicos y está relacionada con dinámicas de poder y control, pero sí sugiere que el agresor utiliza principalmente su superioridad física sin necesidad de recurrir a armas.
En segundo lugar, el alto porcentaje de violencia sin armas refleja la proximidad física y emocional característica de las relaciones intrafamiliares. A diferencia de la violencia que ocurre entre desconocidos o en contextos públicos, donde el uso de armas puede estar motivado por la necesidad de compensar distancia física o generar intimidación inmediata, la violencia intrafamiliar ocurre en espacios privados donde el agresor tiene acceso directo y continuo a la víctima, haciendo innecesario el empleo de armas para ejercer control y causar daño.
La segunda categoría más frecuente corresponde a objetos contundentes, empleados en 27,473 casos que representan el 16.6% del total. Esta categoría incluye una amplia gama de objetos del hogar que pueden ser utilizados como instrumentos de agresión: palos, bates, sartenes, platos, botellas, piedras, ladrillos, herramientas, electrodomésticos y prácticamente cualquier objeto sólido que pueda ser empuñado y utilizado para golpear. La prevalencia de este tipo de armas ilustra cómo el entorno doméstico proporciona múltiples objetos que pueden ser transformados en instrumentos de violencia durante episodios de agresión.
El uso de objetos contundentes generalmente se asocia con escaladas de violencia dentro del ciclo de abuso, donde el agresor incrementa progresivamente la intensidad y letalidad de las agresiones. Estos casos tienden a producir lesiones más graves que la violencia sin armas, incluyendo fracturas, traumatismos craneoencefálicos, lesiones de órganos internos y otras complicaciones que incrementan el riesgo de consecuencias fatales o secuelas permanentes para las víctimas.
Las armas blancas o cortopunzantes aparecen en 2,298 casos, representando el 1.4% del total. Esta categoría incluye cuchillos, navajas, tijeras, fragmentos de vidrio y otros objetos con capacidad de cortar o perforar. Aunque proporcionalmente menos frecuentes que las categorías anteriores, estos casos presentan un nivel de peligrosidad significativamente superior debido a la letalidad inherente de este tipo de instrumentos. Las lesiones producidas por armas blancas pueden resultar en hemorragias graves, daños a órganos vitales y tienen mayor probabilidad de causar la muerte de la víctima.
Las armas de fuego representan la categoría menos frecuente con apenas 214 casos, equivalentes al 0.1% del total. Esta baja prevalencia contrasta con el uso de armas de fuego en otros contextos de violencia en Colombia, donde tienen una presencia más significativa. La escasa utilización de armas de fuego en violencia intrafamiliar puede explicarse por varios factores, incluyendo el menor acceso a estas armas en comparación con otros instrumentos, el ruido que producen y que puede alertar a vecinos, y el hecho de que la violencia intrafamiliar típicamente busca el control y sometimiento de la víctima más que su eliminación inmediata.
Sin embargo, cuando se emplean armas de fuego en contextos de violencia intrafamiliar, la probabilidad de consecuencias fatales se incrementa dramáticamente. Estos casos frecuentemente representan puntos culminantes de ciclos prolongados de violencia o situaciones donde la víctima intenta separarse del agresor, momento identificado como de máximo riesgo en la literatura especializada sobre violencia de género.
| Departamento | Violencia Intrafamiliar | % VI | Delitos Sexuales | % DS | Total Combinado |
|---|---|---|---|---|---|
| CUNDINAMARCA | 100,070 | 44.3 | 19,535 | 39.1 | 119,605 |
| ANTIOQUIA | 33,737 | 14.9 | 7,817 | 15.6 | 41,554 |
| VALLE | 19,506 | 8.6 | 4,415 | 8.8 | 23,921 |
| SANTANDER | 10,510 | 4.7 | 2,191 | 4.4 | 12,701 |
| ATLÁNTICO | 8,634 | 3.8 | 1,816 | 3.6 | 10,450 |
| BOLÍVAR | 8,428 | 3.7 | 1,663 | 3.3 | 10,091 |
| BOYACÁ | 8,418 | 3.7 | 1,148 | 2.3 | 9,566 |
| TOLIMA | 6,805 | 3.0 | 2,133 | 4.3 | 8,938 |
| NARIÑO | 5,837 | 2.6 | 1,586 | 3.2 | 7,423 |
| META | 4,411 | 2.0 | 1,603 | 3.2 | 6,014 |
| CAUCA | 4,069 | 1.8 | 1,346 | 2.7 | 5,415 |
| HUILA | 4,112 | 1.8 | 1,234 | 2.5 | 5,346 |
| CESAR | 3,984 | 1.8 | 1,312 | 2.6 | 5,296 |
| MAGDALENA | 3,723 | 1.6 | 1,017 | 2.0 | 4,740 |
| NORTE DE SANTANDER | 3,475 | 1.5 | 1,147 | 2.3 | 4,622 |
El análisis de correlación entre violencia intrafamiliar y femicidios a nivel departamental revela una asociación estadística positiva y robusta entre ambos fenómenos, con un coeficiente de correlación de Pearson que indica una relación fuerte y sistemática. Este hallazgo proporciona evidencia cuantitativa de que los departamentos que experimentan altos niveles de violencia intrafamiliar también tienden a presentar cifras elevadas de femicidios, sugiriendo que ambas manifestaciones de violencia de género comparten factores causales comunes y constituyen expresiones interrelacionadas de un mismo problema estructural.
El coeficiente de correlación obtenido sugiere que existe una relación lineal positiva considerable entre las variables analizadas. Esto significa que, en términos generales, por cada incremento en los casos de violencia intrafamiliar en un departamento, se observa un aumento correspondiente en el número de femicidios. Esta relación no implica necesariamente causalidad directa, es decir, no significa que cada caso de violencia intrafamiliar conduzca inevitablemente a un femicidio, sino que ambos fenómenos coexisten de manera sistemática en los mismos contextos geográficos y sociales.
La representación gráfica de esta relación mediante el diagrama de dispersión permite visualizar claramente el patrón identificado. Cundinamarca emerge nuevamente como un caso extremo, posicionándose en el cuadrante superior derecho del gráfico con aproximadamente 100,000 casos de violencia intrafamiliar y varios miles de femicidios. Esta posición refleja la doble crisis que enfrenta este departamento, donde tanto la violencia intrafamiliar como los femicidios alcanzan niveles dramáticamente superiores a los de cualquier otra región del país.
Antioquia y Valle del Cauca ocupan posiciones intermedias en el gráfico, manteniendo la proporcionalidad sugerida por la línea de tendencia. Estos departamentos, aunque presentan cifras absolutas considerablemente menores que Cundinamarca, continúan mostrando cargas significativas de ambos tipos de violencia. Los departamentos con menores cifras absolutas, como Tolima, Santander y Atlántico, se agrupan en la región inferior izquierda del gráfico, pero mantienen la relación proporcional general entre violencia intrafamiliar y femicidios.
La línea de regresión trazada en el gráfico proporciona una representación visual de la relación lineal entre las variables y permite observar cómo la mayoría de los departamentos se distribuyen relativamente cerca de esta línea, reforzando la robustez de la correlación identificada. Los departamentos que se desvían significativamente de la línea de tendencia merecen atención especial, ya que podrían estar experimentando dinámicas particulares que los hacen atípicos en comparación con el patrón nacional.
La interpretación teórica de esta correlación debe considerar los múltiples factores compartidos que pueden estar contribuyendo simultáneamente a ambos fenómenos. En primer lugar, tanto la violencia intrafamiliar como los femicidios están profundamente arraigados en normas culturales patriarcales que normalizan el control masculino sobre las mujeres y legitiman el uso de violencia como mecanismo de ejercicio de poder dentro de las relaciones interpersonales. Los contextos sociales donde estas normas están más arraigadas tienden a presentar prevalencias elevadas de ambas formas de violencia.
En segundo lugar, ambos fenómenos están relacionados con factores de desigualdad de género en múltiples dimensiones: económica, política, social y cultural. Los departamentos con mayores brechas de género en acceso a recursos, oportunidades y poder de decisión tienden a experimentar niveles más elevados de violencia contra las mujeres en todas sus manifestaciones. La violencia intrafamiliar y los femicidios pueden entenderse como expresiones extremas de estas desigualdades estructurales.
En tercer lugar, la debilidad institucional en términos de prevención, protección, investigación y sanción de la violencia de género afecta simultáneamente ambos fenómenos. Los departamentos con sistemas de justicia ineficientes, servicios de protección a víctimas insuficientes y altos niveles de impunidad para perpetradores de violencia de género tienden a presentar cifras elevadas tanto de violencia intrafamiliar como de femicidios. La impunidad perpetúa ciclos de violencia al transmitir el mensaje de que la violencia contra las mujeres no tiene consecuencias serias para los agresores.
Adicionalmente, existe una relación de continuidad entre violencia intrafamiliar y femicidio que puede estar contribuyendo directamente a la correlación observada. La literatura internacional sobre violencia de género ha documentado extensamente que la violencia intrafamiliar frecuentemente sigue un patrón de escalada progresiva, donde la frecuencia, intensidad y peligrosidad de las agresiones aumentan con el tiempo. En este contexto, el femicidio puede representar el punto culminante fatal de un historial prolongado de violencia intrafamiliar.
Estudios de casos de femicidios en diversos contextos han revelado que una proporción significativa de las víctimas había experimentado violencia intrafamiliar previa, frecuentemente documentada mediante denuncias o registros de servicios de salud. Esto sugiere que el femicidio no suele ser un evento aislado, sino más bien la expresión más extrema y letal de un continuo de violencia que comienza con formas aparentemente menos graves pero que progresa hacia manifestaciones cada vez más peligrosas.
El análisis exhaustivo de los datos sobre violencia de género en Colombia ha revelado patrones sistemáticos y preocupantes que demandan atención urgente y respuestas coordinadas desde múltiples sectores. La violencia contra las mujeres en el país se manifiesta a través de múltiples formas interrelacionadas, incluyendo femicidios, delitos sexuales y violencia intrafamiliar, que comparten raíces estructurales comunes y afectan de manera desproporcionada a ciertos grupos poblacionales y regiones geográficas específicas.
La concentración geográfica de los casos en departamentos como Cundinamarca, Antioquia y Valle del Cauca indica que ciertos contextos territoriales presentan factores de riesgo particularmente elevados que requieren intervenciones focalizadas y recursos específicamente asignados. Esta concentración no responde únicamente a factores demográficos de tamaño poblacional, sino que refleja dinámicas sociales, culturales e institucionales que favorecen la perpetuación de la violencia de género.
El análisis del perfil de vulnerabilidad ha revelado que diferentes grupos etarios enfrentan riesgos diferenciados según el tipo de violencia y el género. Las mujeres adultas constituyen el grupo más afectado por delitos sexuales, mientras que los niños varones presentan particular vulnerabilidad frente al abuso sexual infantil. Esta diferenciación por edad y género requiere el desarrollo de estrategias preventivas específicamente adaptadas a las características de cada población vulnerable.
La identificación de correlaciones significativas entre diferentes tipos de violencia de género, particularmente entre violencia intrafamiliar y femicidios, proporciona evidencia de que estas manifestaciones no son fenómenos aislados sino expresiones interconectadas de un continuo de violencia que comparte factores causales comunes. Esta interrelación sugiere que las intervenciones exitosas en un área tienen potencial de generar impactos positivos en otras manifestaciones de violencia de género.
Finalmente, el análisis ha revelado limitaciones significativas en la calidad de los datos disponibles, particularmente en lo referente a la clasificación contextual de femicidios y la estandarización de protocolos de registro. Estas deficiencias limitan la capacidad de comprensión cabal del fenómeno y deben ser abordadas prioritariamente para fundamentar adecuadamente el diseño de políticas públicas basadas en evidencia.
Informe elaborado por: Juan Felipe Perez
Corredor
Institución: SENA - TIC Colombo Alemán,
Ficha TAD-11
Fecha: Diciembre 2025
Contacto: juan13perez1422@gmail.com