title: ‘Análisis de la violencia basada en género en Bogotá (2021): distribución por mes, hecho y localidad’ author: Juan Diego Castillo Peláez, Laura Yulieth Correa Poveda, Mariana Teresa Agudelo Salcedo date: “2025-12-01” output: html_document output: html_document —
Durante el último año marcado por la pandemia (2021), Bogotá enfrentó cuarentenas y restricciones, en donde la violencia de género encontró un campo para crecer dentro del espacio doméstico. Ese año, la capital registró 65 feminicidios, una cifra que lejos de disminuir, mostró la persistencia de esta problemática estructural. Al analizar las variables –Número de asesinatos, Lesiones personales y la localidad– de estos casos, es fundamental comprender el impacto concreto de las crisis en la vida de las bogotanas.
Las violencias basadas en género (VBG) son la manifestación material de la exclusión y las violencias disfrazadas en una sociedad patriarcal, son una exteriorización del poder simbólico en donde la vulnerabilidad de las niñas, adolescentes, mujeres y mujeres trans se agrava por su condición socioeconómica, dado a que cuando se trata de las estadísticas los factores sociales y económicos son relevantes frente a la alarmante cantidad de casos de VBG que afectan en su gran mayoría a mujeres. En este sentido es clave entender cómo las condiciones materiales, que se relaciona con el estrato de la localidad en la que ocurre el acto de violencia atraviesan está problemática y, analizar paralelo a ello dicha relación en la medida de frecuencia, tal que los datos sean el medio para entender cómo estás variables son determinantes en la probabilidad de ser vulnerable a estos actos de violencia.
Desde una perspectiva sociológica, se entiende la VBG y el acto del feminicidio no únicamente como una acción de odio interpersonal, sino de un discurso hegemónico que ha normalizado y se ha construido históricamente alrededor de la subordinación a la mujer. Rita Segato plantea el concepto de “mandato de masculinidad”, en donde argumenta que la violencia de género es un “acto de habla” performativo, en el que los hombres asesinan y violentan a los cuerpos feminizados para enviar un mensaje de poder a otros hombres, una forma de pertenecer.
El feminicidio trasciende la categoría de problemática para posicionarse como la expresión más extrema y brutal de la crisis humanitaria que representa la violencia de género. Lejos de ser un delito aislado, se configura como un fenómeno estructural y simbólico que amenaza a todas las mujeres por igual. No obstante, su impacto recae con mayor intensidad sobre ciertos grupos en situación de vulnerabilidad: mujeres en contextos de pobreza multidimensional, jóvenes —más expuestas a dinámicas de poder y posesión—, aquellas que habitan territorios donde convergen la violencia patriarcal, el conflicto armado y la debilidad estatal, así como mujeres con orientaciones sexuales o identidades de género diversas.
Las consecuencias del feminicidio son profundas y multidimensionales. En el ámbito humano generando duelos traumáticos que se extienden a lo largo de generaciones. En el plano social, normaliza la violencia como mecanismo de resolución de conflictos y de afirmación de la masculinidad.
Pregunta de investigación: ¿En qué medida la cifra de violencia basada en género (Feminicidios, lesiones personales y violencia intrafamiliar) en el año 2021 varía en Bogotá según el mes y la localidad del hecho?
Objetivo general: Correlacionar en qué medida la cifra de violencia basada en género (Feminicidios, lesiones personales y violencia intrafamiliar) en el año 2021 varía en Bogotá según el mes y la localidad del hecho.
Objetivos específicos:
Interpretar e inspeccionar la base de datos de feminicidios. (https://observatoriofeminicidioscolombia.org/reportes)
Analizar las cifras de violencia basada en género (Feminicidios, lesiones personales y violencia intrafamiliar) en el año 2021.
Clasificar cifras examinadas por mes y localidad del hecho.
Basandonos en la base del Observatorio Colombiano de Feminicidios —sistema de información de Republicanas Populares— que, a partir de la prensa local, regional y nacional, rastrea casos de feminicidios y violencias contra la mujere en el conjunto nacional. De las cuales tomamos en cuenta las siguientes variables:
Variables |
Descripción | Pertinencia, calidad y limitaciones | |
|---|---|---|---|
| Asesinatos (feminicidios) | Asesinatos (feminicidios) |
|
|
| Lesiones personales | Casos de VBG, en los que se evidencia la agresión física contra la integridad de la mujer. |
|
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| Violencia intrafamiliar | Casos de VBG física, psicológica, simbólica y verbal entre miembros de un mismo círculo familiar. |
|
| Variables | Descripción |
|---|---|
| Hechos | Indican el tipo de violencia que vivio la víctima: “Asesinato”, “Lesiones personales” y “Violencia Intrafamiliar”. |
| Localidad | Identifica cual es el lugar donde ocurrieron los hechos: Usaquén= 01, Chapinero=02, Santa Fe=03, San Cristóbal=04, Usme= 05, Tunjuelito= 06, Bosa=07, Kennedy=08, Fontibón= 09, Engativa=10, Suba=11, Barrios Unidos= 12, Teusaquilla= 13, Los Mártines= 14, Antonio Nariño= 15, Puente Aranda=16, La Candelaria= 17, Rafael Uribe Uribe= 18, Ciudad Bolivar= 19, Sin Localización= 99. |
| Mes | Indica el lapso temporal en que sucedierpon los hechos: Enero, Febrero, Marzo, Abril, Junio, Julio, Agosto, Septimebre, Octubre, Noviembre, Diciembre. |
| Casos | Cantidad de casos presentados. |
CASOS <- hechos_de_interes$Casos
prop.table(table(CASOS))
FRECABS <- table(CASOS, useNA="no") #FRECUENCIA ABSOLUTA#
CASOSVALIDOS <- sum(FRECABS) #N CASOS VALIDOS#
minimo <- min(CASOS)
maximo <- max(CASOS)
MEDIACASOS <- mean(CASOS) #MEDIA#
MEDIANACASOS <- median(CASOS)#MEDIANA#
DESVIACIONESTANDARCASOS <- sd(CASOS)#DESVIACIÓN ESTANDAR#
psych::describe(hechos_de_interes)
## vars n mean sd median trimmed mad min max range skew
## Localidad* 1 531 10.19 5.48 10 10.17 7.41 1 20 19 0.04
## Año 2 531 2021.00 0.00 2021 2021.00 0.00 2021 2021 0 NaN
## Mes* 3 531 6.53 3.46 7 6.54 4.45 1 12 11 -0.02
## Hecho* 4 531 2.31 0.69 2 2.39 1.48 1 3 2 -0.49
## Casos 5 531 68.17 75.54 40 53.12 44.48 1 360 359 1.71
## kurtosis se
## Localidad* -1.16 0.24
## Año NaN 0.00
## Mes* -1.23 0.15
## Hecho* -0.83 0.03
## Casos 2.47 3.28
n = 531 → Tenemos 531 registros/observaciones
min = 1 → El código numérico más bajo de localidad es 1
max = 20 → El código numérico más alto de localidad es 20
mean = 10.19 → El código promedio de localidad es 10.19
median = 10→ La localidad del medio en la distribución ordenada es la 10
sd = 5.48→ Los códigos de localidad varían en promedio ±5.48 unidades del promedio
n = 531→ 531 registros (mismo número para todas las variables)
min = 1 → Enero (mes 1)
max = 12 → Diciembre (mes 12)
mean = 6.53 → El mes promedio es aproximadamente junio/julio
median = 7 → El mes del medio es julio
sd = 3.46 → Los meses varían ±3.46 meses del promedio
n = 531 → 531 registros
min = 1 → Código más bajo para tipo de hecho
max = 3 → Código más alto para tipo de hecho
mean = 2.31 → El tipo de hecho promedio está entre el código 2 y 3
median = 2 → El hecho del medio es el código 2
sd = 0.69 → Poca variabilidad (los hechos se concentran en pocas categorías)
Tenemos 531 registros que cubren las 20 localidades de Bogotá (Colombia) y los 12 meses del año 2021, lo que nos garantiza una base sólida para analizar variaciones geográficas y temporales de los casos de violencia de género. La distribución de los datos muestra una representación equilibrada a lo largo del año –Mes– (media=6.53, mediana=7) y entre las localidades (media=10.19, mediana=10), permitiendo identificar patrones significativos en la violencia de género.
La tabla de contingencia de cuatro entradas construida a partir de las variables Localidad, Mes, Hecho y Casos permite analizar de manera integrada la distribución general y temporal de los eventos registrados en la base de datos, una vez excluidos los delitos sexuales. Al observar la estructura general de la tabla, se evidencia que las localidades no participan de manera uniforme en la ocurrencia de los hechos: algunas concentran registros de manera reiterada en varios meses, lo que sugiere la existencia de patrones persistentes o factores estructurales que incrementan el riesgo en esos territorios. En contraste, otras localidades presentan apariciones esporádicas o aisladas, lo que indica niveles más bajos de incidencia o dinámicas menos constantes a lo largo del año. Asimismo, se identifican localidades que muestran incrementos marcados en meses específicos, lo que da cuenta de picos coyunturales que podrían relacionarse con circunstancias temporales particulares.
En relación con el tipo de hecho, la tabla permite distinguir qué categorías son más frecuentes en cada localidad y en cada periodo mensual. En algunas zonas, un tipo específico de hecho —por ejemplo, el feminicidio— domina la distribución, mientras que en otras localidades la presencia es más diversificada. Esta heterogeneidad sugiere que la naturaleza del riesgo no solo varía en intensidad, sino también en forma, dependiendo del contexto territorial y del momento del año. Además, se observan combinaciones donde ciertos tipos de hechos se concentran en meses concretos, lo que podría estar vinculado a dinámicas temporales específicas o a la presencia de factores de riesgo asociados a periodos determinados.
En cuanto a los casos, la tabla confirma que la mayor parte de los registros corresponden a eventos con un solo caso, lo que es consistente con la naturaleza individualizada de la violencia letal en la mayoría de los incidentes. La predominancia de esta categoría sugiere que la distribución del fenómeno está marcada por hechos aislados más que por eventos de múltiples víctimas. No obstante, en algunas combinaciones específicas de localidad, mes y tipo de hecho es posible identificar eventos con más de un caso, los cuales representan situaciones de mayor gravedad, como hechos múltiples o incidentes en los que coexisten diversas formas de violencia.
En conjunto, la tabla de contingencia permite comprender de forma detallada la interacción entre territorio, temporalidad, tipo de hecho y magnitud del evento. Al integrar estas cuatro dimensiones, se facilita la identificación de patrones de riesgo, concentraciones críticas y variaciones relevantes, ofreciendo así un panorama analítico completo que sirve como base para la interpretación estadística y para la formulación de estrategias de prevención e intervención focalizada.
Tabla_Contingencia <- table(hechos_de_interes$Localidad.fac,hechos_de_interes$Mes.fac,hechos_de_interes$Hecho.fac,hechos_de_interes$Casos)
View(Tabla_Contingencia)
Análisis Gráfica Mes: Se evidencia que hay un pico superior de casos en los meses de Febrero, Julio, Septiembre y Octubre. Lo que nos lleva a las siguientes conclusiones:
En febrero no se presentan festividades importantes en el territorio Colombiano, por lo que este pico se podría relacionar con el fin de un período de vacaciones de enero o el estrés asociado al inicio del año escolar.
Septiembre y Octubre puede llegar a tener el pico más significativo, a causa de que, en octubre está la Semana de Receso escolar y la celebración de Halloween. Estos períodos, pueden conllevar a pasar mayor tiempo de convivencia familiar (que en casos de violencia intrafamiliar puede provocar un alza en los casos), y aumento de consumo de diferentes sustancias —alcohol, drogas— en fiestas y reuniones sociales, sustancias que toman un rol estimulante de actos violentos como: lesiones personales y riñas, que se presentan en diferentes espacios tanto público como privados.
Algo que es importante destacar es que durante el mes de Diciembre no es el que cuenta con la tasa más alta durante el año, que según el pensar popular la alta ingesta de alcohol y la ocurrencia de reuniones familiares como Navidad, 7 de velitas y Año Nuevo—el ajetreo y el desorden que causan estas festividades— harían que en esta época se cometieron más cantidad de casos. A pesar de esto, su frecuencia sigue siendo alta y por lo tanto alarmante. Es posible que muchos de los eventos cometidos durante esta época del año se registren en los primeros días de Enero, lo que podría explicar por qué Enero es un mes con alta frecuencia de casos basados en violencia de género.
Análisis Gráfica Localidad: La concentración de hechos en localidades como 07-Bosa, 08-Kennedy, 11-Suba y 19-Ciudad Bolívar no solo refleja que son las más pobladas, sino que también sugiere que las poblaciones con mayores carencias socioeconómicas están más expuestas a (son más propensas a reportar) hechos de violencia como lesiones personales y violencia intrafamiliar.
La menor frecuencia en 01- Usaquén y 02- Chapinero no debe interpretarse como una ausencia del problema, sino como una posible manifestación diferente del mismo, con altas probabilidades de subregistro que ocultan la verdadera magnitud de fenómenos como la violencia doméstica en estratos altos.
Análisis Gráfico Hecho: en esta gráfica de barras –frecuencias relativas– de la variable “Hecho”. Lo que logramos observar es que, para el conjunto de datos analizado, la “violencia intrafamiliar“ y las “lesiones personales” son los problemas predominantes en términos de volumen o frecuencia. Los asesinatos, aunque son un hecho grave, ocurren con una frecuencia considerablemente menor en comparación.
El análisis cuantitativo de los casos de violencia basada en género (VBG) en Bogotá durante 2021 pone de manifiesto patrones geográficos y temporales que evidencian la intersección entre la desigualdad estructural y la violencia patriarcal. Los datos indican que las localidades con los índices más altos de pobreza multidimensional —como Bosa (07), Kennedy (08), Suba (11) y Ciudad Bolívar (19)— son también las que reportan más casos de violencia intrafamiliar y lesiones personales. Esto no significa necesariamente que haya más violencia en estas áreas, sino que hay una mayor visibilidad y reporte, gracias a una combinación de factores como la alta densidad poblacional, una mayor presencia de instituciones y, posiblemente, un menor estigma al denunciar en contextos de vulnerabilidad socioeconómica. En contraste, zonas de estratos socioeconómicos más altos como Usaquén (01) y Chapinero (02) muestran cifras notablemente más bajas, lo que probablemente oculta un subregistro significativo, relacionado con el estigma, la privatización de la violencia y las barreras de acceso a la justicia que enfrentan las víctimas en estos entornos.
En términos temporales, se observan picos de casos en febrero, julio, septiembre y octubre, lo que sugiere una conexión entre la dinámica de la VBG y los ciclos sociales, educativos y festivos. El aumento en febrero podría estar relacionado con el estrés postvacacional y el inicio del año escolar, mientras que los picos de septiembre y octubre coinciden con los recesos escolares y celebraciones como Halloween, que pueden intensificar la convivencia forzada en el hogar y el consumo de alcohol, factores que suelen detonar la violencia. Es interesante notar que diciembre —un mes tradicionalmente asociado a reuniones familiares y consumo de alcohol— no presenta el pico más alto, lo que podría explicarse por un retraso en el reporte de casos que finalmente se registran en enero.
La violencia intrafamiliar y las lesiones personales son los problemas más comunes, mientras que los feminicidios, aunque menos frecuentes, representan la forma más extrema y mortal de esta cadena de violencia. Esto demuestra que la violencia de género no es un incidente aislado, sino un proceso que suele comenzar con agresiones psicológicas y físicas en el entorno privado.
La VBG es un fenómeno espacialmente estratificado. La distribución geográfica y demográfica de los casos pone de manifiesto la desigualdad en Bogotá. Las localidades que enfrentan mayores carencias socioeconómicas no solo reportan más casos, sino que también muestran cómo se entrelazan diferentes formas de violencia: la VBG se ve intensificada por la exclusión económica, la falta de oportunidades y la debilidad de las instituciones. Esto respalda la idea de Rita Segato de que la violencia de género es un acto de poder que se ejerce sobre cuerpos feminizados, pero su manifestación material está influenciada por el contexto socioeconómico.
Los picos mensuales indican que la VBG en el año 2021 está conectada a ritmos sociales y a festividades, no solo al confinamiento por la pandemia. Esto sugiere que la violencia tiende a intensificarse en momentos de transición, estrés o celebración, donde las dinámicas de poder en el hogar se reconfiguran e intensifican, y la agresión se normaliza como un mecanismo de control. La menor frecuencia de casos en diciembre no minimiza su gravedad; más bien, nos invita a considerar la violencia desde una perspectiva temporal que puede ser menos visible, dado a que los casos pueden ser reportados en enero y las cifras de violencia siguen siendo alarmantes.
La baja frecuencia de casos en áreas de estratos altos no significa que no haya violencia, sino que hay una mayor ocultación debido al estigma, la dependencia económica y la necesidad de preservar el honor familiar. El subregistro es un síntoma de la normalización de la violencia: Esto se refleja en cómo el patriarcado se adapta a diferentes contextos de clase: en algunos se manifiesta de manera más visible, mientras que en otros se silencia bajo códigos morales y otras formas disfrazadas de violencia.
Aunque los feminicidios son menos comunes que otras formas de VBG, su existencia representa la culminación de un continuum de violencia que a menudo comienza en el ámbito familiar. Esto refuerza la urgencia de implementar políticas públicas que aborden las etapas iniciales de la violencia, no solo su desenlace trágico.
A partir de los patrones encontrados en la distribución geográfica y temporal de la violencia basada en género en Bogotá durante 2021, se abren diversas líneas de investigación que permiten profundizar en la dimensión sociológica y cuantitativa del fenómeno. Un primer eje consiste en examinar la relación entre el subregistro y la estratificación social, ya que las localidades con mayores recursos económicos suelen aparecer con cifras bajas de violencia, lo cual podría explicarse no por una ausencia real del problema, sino por dinámicas de ocultamiento y estigma. Investigar esta brecha implica articular variables como el estrato, el acceso a instituciones, la escolaridad y la confianza en la justicia, permitiendo estimar la magnitud de la violencia no registrada y comprender cómo se distribuye socialmente la disposición a denunciar.
Otra línea relevante es comparar los años previos, durante y posteriores a la pandemia para analizar las variaciones en la VBG entre 2019 y 2023. Esta perspectiva temporal más amplia permitiría evaluar si los picos detectados en meses específicos son estructurales o responden a coyunturas derivadas del confinamiento, el teletrabajo, la reapertura económica o el estrés social acumulado. El uso de series temporales o modelos ARIMA con intervención ayudaría a identificar rupturas o continuidades asociadas a estos procesos.
A su vez, se vuelve fundamental profundizar en la relación entre precariedad económica, pobreza multidimensional e informalidad laboral como factores estructurales que modelan la violencia. La idea del continuum de violencia, propuesta por Segato, se refuerza al observar cómo las carencias materiales limitan la autonomía y la capacidad de respuesta de las víctimas. Vincular indicadores como el IPM, la informalidad o el nivel de escolaridad a los datos de VBG permitiría dimensionar las formas en que las desigualdades económicas intensifican la vulnerabilidad de las mujeres.
En relación con esto, una línea futura de investigación consiste en modelar el escalamiento de la violencia, evaluando cómo los casos de violencia intrafamiliar y lesiones personales pueden derivar en feminicidio. El uso de modelos logit, probit o análisis de riesgo relativo permitiría comprobar cuantitativamente que el feminicidio no es un evento abrupto, sino la culminación de una cadena de agresiones que opera en el tiempo. De igual manera, resulta pertinente avanzar hacia análisis espaciales más sofisticados que identifiquen clusters territoriales de violencia mediante herramientas como Moran’s I o Getis-Ord. Con ello es posible vincular la concentración de casos a fenómenos como la segregación urbana, las fronteras invisibles y la desigual distribución de instituciones y servicios públicos.
Asimismo, las fluctuaciones mensuales identificadas sugieren que la VBG está influenciada por ciclos escolares, festividades y dinámicas laborales. Por lo tanto, otra línea de investigación consiste en analizar la estacionalidad de la violencia, integrando información sobre vacaciones, recesos, consumo de alcohol y períodos de mayor estrés económico. Esto permitiría diseñar políticas públicas con enfoque temporal, dirigidas a los meses de mayor riesgo. En paralelo, incorporar una mirada interseccional resulta clave para comprender cómo variables como edad, identidad de género, orientación sexual o condición migrante afectan diferencialmente la exposición a la violencia, la capacidad de denuncia y la respuesta institucional.
Finalmente, es necesario contrastar la violencia que ocurre en el espacio doméstico con aquella que se desarrolla en el espacio público, analizando cómo cada entorno activa diferentes formas de control, riesgo y vulnerabilidad. Al mismo tiempo, resulta pertinente evaluar la capacidad institucional de cada localidad, midiendo variables como la disponibilidad de comisarías, casas refugio, personal capacitado y tiempos de atención. Esta línea permitiría identificar desigualdades territoriales en la respuesta estatal y comprender cómo la fortaleza o debilidad institucional modula la visibilidad, el reporte y la atención de la violencia basada en género.
Organización Mundial de la Salud. (2013). Global and regional estimates of violence against women: Prevalence and health effects of intimate partner violence and non-partner sexual violence. https://apps.who.int/iris/handle/10665/85239
Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.
Segato, R. L. (2003). La argamasa jerárquica: violencia moral, reproducción del mundo y eficacia simbólica del derecho.
Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: contrato y status en la etiología de la violencia (Vol. 334). Brasília: Universidade de Brasília, Departamento de Antropologia.
Observatorio de feminicidios Colombia(2021) https://observatoriofeminicidioscolombia.org/reportes
IPSIA PSICOLOGÍA. CENTRO DE PSICOTERAPIAS AVANZADAS, El estrés
después de las vacaciones en Colombia (enero-febrero) se conoce como
síndrome postvacacional y se manifiesta con síntomas como cansancio,
falta de concentración, irritabilidad y ansiedad. https://www.psicologosmadrid-ipsia.com/estres-como-afecta-la-vuelta-de-vacaciones-a-la-rutina/#:~:text=S%C3%ADntomas%20del%20estr%C3%A9s%20postvacacional,que%20est%C3%A9n%20contribuyendo%20al%20malestar.
Castillo, Camilo A. (2025). Durante estas fechas se presentan varios
hechos que incrementan la violencia y la delincuencia, por un lado, se
incrementa el consumo de drogas y alcohol, las rumbas privadas y en
sitios públicos lo que hace que se produzcan riñas y por tanto los
lesionados y muertos”, dice Acero. https://www.eltiempo.com/bogota/halloween-en-bogota-por-que-hubo-aumento-de-homicidios-629600#:~:text=indic%C3%B3.,y%20muertos%22%2C%20dice%20Acero.