Basada en Isaías 44:1–4, 8, 24–25; Números 23:23; Isaías 49:24–26 (RVC)
El mensaje central de estos pasajes es la seguridad absoluta que el pueblo de Dios tiene en el Señor: Él es el Creador, el Redentor, el Protector, el Sustentador y el Dios que cumple Su palabra. La confianza del creyente no es un ejercicio emocional sino la respuesta racional y espiritual a la fidelidad de un Dios que no cambia.
En Isaías 44:1–2 (RVC), el Señor inicia diciendo:
«Escucha ahora, Jacob, siervo mío… yo te formé, yo te ayudé.»
Antes de hablar de promesas, Dios afirma quiénes somos en Él: siervos escogidos, formados y sostenidos por Sus manos. En un mundo lleno de incertidumbre, este reconocimiento divino es una roca firme. Nuestra confianza se fortalece al recordar que no nos hicimos solos; fuimos hechos, formados y llamados por Dios mismo.
Luego, Isaías 44:3 añade una promesa poderosa que trasciende generaciones:
«Derramaré agua sobre el sequedal… Derramaré mi Espíritu sobre tu generación y mi bendición sobre tus descendientes.»
Aquí se enlaza de forma hermosa con la afirmación de Hechos 2:39:
«Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos…»
Dios no sólo sostiene al creyente —sostiene también a los hijos de Su pueblo— y promete bendecirlos, vivificarlos y guiarlos. Esta verdad alimenta la confianza de cualquier padre o líder espiritual: los hijos del pueblo de Dios no están a merced del mundo; están bajo la promesa del Dios del pacto.
En Isaías 44:8 (RVC) el Señor declara:
«No temáis, ni tengáis miedo… ¿Hay otro Dios fuera de mí? No, no hay otra Roca.»
La confianza nace de reconocer la unicidad y la solidez del Dios que nos guarda. No hay otra roca, no hay otro sostén. Cuando Él dice “No temas”, no lo hace como un consejo emocional sino como una garantía que brota de Su omnipotencia y soberanía.
En Isaías 44:24–25, Dios recuerda:
«Yo soy el Señor, tu Redentor… Yo hice todas las cosas… Yo deshago las señales de los falsos profetas…»
El argumento es claro: Si Él creó los cielos y la tierra, ¿habrá algo imposible? Si Él redime, ¿hay atadura que no pueda romper? Si Él frustra los planes de los falsos, ¿habrá conspiración humana capaz de prevalecer contra Su pueblo?
Aquí se enlaza con Números 23:23 (RVC):
«Contra Jacob no vale ningún maleficio, ni contra Israel vale ninguna adivinación.»
El Señor no permite que ningún poder oculto, ninguna palabra malvada, ninguna manipulación espiritual o humana tenga dominio sobre sus escogidos. Nuestro bienestar no depende de fuerzas inciertas, sino del Dios soberano que vela por su pueblo.
Isaías 49:24–26 (RVC) responde a una pregunta difícil:
«¿Puede alguien arrebatarle al guerrero su botín?»
La respuesta divina es contundente:
«Yo contenderé con tus adversarios… yo salvaré a tus hijos… y toda carne sabrá que yo, el Señor, soy tu Salvador.»
Este texto une la defensa personal, la liberación espiritual y la salvación de los hijos. Lo que parece imposible para los hombres —rescatar lo que el enemigo ha tomado— es totalmente posible para el Señor.
Confianza para ti: Dios te formó, te llamó y te sostiene. No temas. Él es tu Roca.
Confianza para tu familia: El Espíritu de Dios se derrama no solo sobre ti, sino sobre tus hijos. Dios mismo los guarda, los atrae y los sostiene.
Confianza ante la oposición: Ninguna palabra malvada, ninguna obra de engaño, ninguna estrategia humana tiene poder sobre los hijos de Dios.
Confianza en la restauración: Lo que parece perdido, Dios lo recupera. Lo que parece imposible, Él lo hace posible.
Los pasajes juntos construyen una declaración de esperanza:
El pueblo de Dios puede vivir confiado, porque su vida y la vida de sus hijos están en manos del Dios que forma, bendice, protege, defiende y salva.
Él es nuestra Roca. Él es nuestro Redentor. Él es el Dios cuya promesa alcanza a los hijos de Su pueblo. Por tanto, no hay razón para temer, sino para descansar en Su fidelidad eterna.
A continuación se transcriben todos los pasajes bíblicos mencionados, transcritos completamente en versión RVC, listos para una lectura inicial antes de la reflexión.
1 »Ahora escucha, Jacob, siervo mío; Israel, a quien yo he escogido.
2 Así dice el Señor, quien te hizo, quien te formó desde el vientre y te ayudará: “No temas, Jacob, siervo mío; Jesurún, a quien yo he escogido.
3 Porque derramaré agua sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida. Derramaré mi Espíritu sobre tu generación, y mi bendición sobre tus descendientes.
4 Ellos brotarán entre la hierba, como sauces junto a las corrientes de agua.”
8 »No temáis ni tengáis miedo. ¿No te lo hice saber, y desde antiguo te lo anuncié? Ustedes son mis testigos. ¿Hay otro Dios fuera de mí? No, no hay otra Roca; no conozco ninguna.»
24 Así dice el Señor, tu Redentor, el que te formó desde el vientre: «Yo soy el Señor, que lo hago todo, que extendí solo los cielos y afirmé por mí mismo la tierra;
25 que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago retroceder a los sabios y convierto en necedad su sabiduría.
23 Contra Jacob no vale ningún maleficio, ni contra Israel vale ninguna adivinación. A su debido tiempo se dirá de Jacob y de Israel: “¡Miren lo que Dios ha hecho!”
24 ¿Puede alguien arrebatarle al guerrero su botín? ¿Puede alguien quitarle al tirano sus cautivos?
25 Pero así dice el Señor: «Sí, al guerrero se le arrebatará su botín, y al tirano se le quitarán sus cautivos. Yo contenderé con tus adversarios, y yo salvaré a tus hijos.
26 A los que te despojen, yo les haré comer sus propias carnes; se embriagarán con su propia sangre, como si fuera vino nuevo. Y toda carne sabrá que yo, el Señor, soy tu Salvador y tu Redentor, el Poderoso de Jacob.»
39 Porque para ustedes es la promesa, y para sus hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llame.»
A continuación se presenta una respuesta pastoral, bíblica y equilibrada, que ayuda a orientarnos. No se basa en “reprender situaciones” como si tuviéramos un poder autónomo, sino en afirmar la confianza en el Señor, la identidad en Cristo y la soberanía de Dios, que es lo que realmente necesitamos para vencer el temor.
Muchas personas, sinceramente temerosas, piensan que repetir frases como “reprendo esto”, “reprendo aquello” o “declaro tal cosa” tiene algún efecto espiritual. Pero la Escritura enfatiza otra cosa:
Por eso, es mejor centrarse en textos que construyan confianza, identidad, descanso y seguridad, no en fórmulas de reprensión.
La siguiente es una selección muy clara y poderosa, organizada por tema, para que se lean, se memoricen y se mediten diariamente.
«El Señor es quien te guarda; el Señor es tu sombra protectora… El Señor te guardará de todo mal; Él guardará tu vida.»
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo.»
«El nombre del Señor es torre fuerte; a ella corre el justo, y está seguro.»
«Pero Dios… nos dio vida juntamente con Cristo… y nos hizo sentar junto a Él en los lugares celestiales.»
«No recibieron un espíritu de esclavitud para vivir otra vez con miedo, sino el Espíritu de adopción.»
«Ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios.»
«Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.»
«No se turbe su corazón, ni tenga miedo.»
«Dios es nuestro refugio y fortaleza… Por eso no temeremos, aunque la tierra sea removida.»
«Yo soy el Señor… que deshago las señales de los adivinos… y convierto en necedad la sabiduría de los sabios.»
«Contra Jacob no vale ningún maleficio, ni contra Israel vale ninguna adivinación.»
Lo que nos falta no es “poder para reprender”, sino conocer, confiar y descansar en el Dios que reina.
En cada situación que nos acontece:
Es normal buscar palabras fuertes. Pero la Escritura nos enseña que la verdadera confianza no viene de reprender cosas, sino de descansar en quién es Dios y en lo que Cristo ya ha hecho. Nuestro llamado no es a controlar circunstancias con palabras, sino a confiar en el Dios soberano que nos guarda.”
Lo importante es pasar del miedo emocional a la confianza doctrinal.
“Señor,
afianza nuestro corazón en tus promesas.
Recuérdanos que somos tuyos, que estamos escondidos con Cristo en Dios, y que nada puede tocarnos sin tu permiso soberano y amoroso.
Quita el temor, trae tu paz y ancla nuestras almas en tu verdad. En el nombre de Jesucristo. Amén.”
Que la bendición y gracia y el oportuno socorro de nuestro Señor sea siempre con todas ustedes, con sus hijos e hijas y nietos y la gracia y presencia de nuestro bendito Espíritu Santo, y nuestro Señor resplandezca, primero en nuestros corazones y en su piedad podamos ver su misericordia y cuidados. Amén
Alma mía, en Dios solamente reposa, Porque de él es mi esperanza. Salmo 62:5
El Salmo 62 es uno de los testimonios más profundos de confianza pura en el Señor. No es un salmo de lucha ni de petición urgente; es un salmo de reposo, de alma quieta, de certeza interna. En medio de presiones, enemigos y circunstancias que parecen más fuertes que el salmista, la respuesta no es agitación, sino un descanso sólido, contundente y sereno en Dios.
En este salmo, especialmente en el verso 5, resuena una declaración que atraviesa toda la Escritura:
“Alma mía, espera solamente en Dios, porque de Él es mi esperanza.” (Salmo 62:5, RVC)
Aquí aparece un genitivo precioso: “De Él es mi esperanza”. No simplemente “mi esperanza está en Él”, sino “mi esperanza procede de Él”, es decir: Dios es la fuente, el origen, la sustancia y la garantía de mi esperanza.
Con este matiz, el salmo se entrelaza de manera perfecta con los textos que hemos visto anteriormente.
En Isaías 44 el Señor recuerda que Él mismo nos formó, nos hizo y nos ayudará. El Salmo 62 afirma lo mismo desde la experiencia personal:
Viene de Dios, porque Él es quien nos llamó, nos sostiene y nos preserva.
Cuando David dice:
“Porque de Él es mi esperanza”, está diciendo: «Mi esperanza no depende de mí; depende del Dios que me formó».
Isaías 44:3 promete que Dios derramará Su Espíritu sobre “tu generación y tus descendientes”. Isaías 49:25 añade: “Yo salvaré a tus hijos.”
Y Hechos 2:39 confirma: “para ustedes es la promesa y para sus hijos…”
El Salmo 62 afirma que Dios es Roca (vv. 2 y 6), y una roca no solo soporta nuestro peso: soporta el peso de toda la casa, generación tras generación.
La esperanza que viene de Dios:
Es un legado divino, una promesa firme que alcanza a nuestros hijos.
Esto es especialmente importante para quienes sienten temor por sus familias en tiempos inciertos.
Números 23:23 declara:
“Contra Jacob no vale ningún maleficio.”
Es decir: no existe poder oculto, mal intento, conspiración ni manipulación que pueda afectar el destino que Dios ya determinó para su pueblo.
El Salmo 62 afirma lo mismo con otras palabras:
“Él es mi roca y mi salvación; no resbalaré.” (vv. 2 y 6)
La relación es evidente: La esperanza que viene de Dios no puede ser dañada por fuerzas externas porque Dios mismo es el protector, la roca, el refugio y la defensa.
Isaías plantea una pregunta humana:
“¿Puede alguien arrebatarle al guerrero su botín?”
Es decir: “¿Se puede recuperar lo que ya fue perdido?”
La respuesta divina es contundente:
“Sí… yo salvaré a tus hijos.”
El Salmo 62 coincide:
Lo que parece irrecuperable para el ser humano, es totalmente posible para Dios. Por eso David puede decir:
“Él es mi refugio.” (v. 8)
Cuando el salmista dice:
“De Él es mi esperanza”,
está afirmando que la esperanza no es una emoción subjetiva ni un estado psicológico optimista: es una obra de Dios en el corazón del creyente.
Por eso el salmo insiste:
Esta esperanza:
La esperanza bíblica es:
El resultado de conocer quién es Dios, y vivir rendidos a Su soberanía.
Y ahí se conecta directamente con tus hermanas en Estados Unidos:
No necesitan fórmulas para “reprender” lo que temen. Necesitan recordar quién es Dios y quiénes son ellas en Cristo. Necesitan la esperanza que viene de Él, no la que se intenta fabricar.
El Salmo 62, leído a la luz de Isaías 44, Números 23:23 e Isaías 49:24–26, enseña:
La esperanza del creyente no es frágil porque no procede del creyente; es sólida porque procede de Dios mismo.
Por eso el salmista ordena a su propio corazón:
“Alma mía, espera solamente en Dios, porque de Él es mi esperanza.”
Que esta verdad nos ilumine a todos: no estamos a merced de las circunstancias, sino guardados por el Dios que es Roca, Refugio, Redentor, Protector y Esperanza eterna.