Me hago este bello ejercicio de decirme estos versos, estos escritos, Cuando la vida me golpea, me empuja y me saca de mi nicho.
Detengo mi paso, me siento, me recuesto bajo la sombra de un árbol Y al sendero atravesado hecho un sutil vistazo, Y veo, y a lo lejos saludo a… Un niño que anduvo descalzo, A un hermano que no suelta a sus hermanos de la mano A un agricultor, joven y anciano; Que deposita su esperanza en las lluvias; Que harán reventar el grano.
Veo a un extranjero y a la vez un paisano, Veo el cálido abrazo de un ser amado, Veo un vino tinto que vino de años guardado, Veo hambre que sacie con frijol y arroz; Por días, por meses, por años…
Veo a un jugador, un animador, escritor y soprano Un albañil, pescador, maestro y artesano. Veo un tipo llorándole y cantándole al riachuelo que refresca su ganado, Veo lo mucho y lo tan poco que ha ganado y que lo tiene bien ganado.
Veo un sujeto extraño que habla con pocos y habla con tantos, le habla a los sordos y escucha a los callados. Y que habla por los codos cuando está borracho, lo más insípido es que escucha a demonios sinceros y ángeles engañados.
Veo a un maniático que en días calurosos… Observa la gota de sangre secándose en el asfalto En días lluviosos… Observa a la muchedumbre dar pasos firmes sobre un charco, y que por las noches… Observa el pudor que destila de un barrio trasnochado.
Veo un romántico que se perdió en la city por perseguir el frenesí de unos labios carmesí. Ese mismo romántico es capitán de un navío pirata que navega sobre nubes que arden en lumbres por noches de incertidumbre, Que descansa plácidamente sobre cumbres que deslumbran entre las oscuridades y penumbras. Y me recuerdo siempre que el diamante antes ser diamante primero fue carbón. Por eso te daré las gracias si me pides un favor. No me preocupa lo que recibo, me preocupa más lo que doy.
Con eso tomo un respiro, me fumo un cigarrillo, mi bondad afiló, me estremezco y con la espalda erguida…retomó mi camino, dejando huellas torcidas, huellas distintas, dejando caminos torcidos, caminos distintos.
Tratando de contemplar el viento. Y de dominar los gajes de mi ego. Intento transmitir mi verdadera ciencia, La xenofilia, significa lo que implica amor a la diferencia.
Si vienen con amor, encontrarán el mío con moño, Porque vivo de la primavera aprendiendo del otoño.
Aunque duela y se reniega el pasado, Yo vivo de las experiencias. Así que… No me pidan que no hable de la tortilla, Si fue solo eso, Y una rebanada de queso Lo único que había para veintitantos almuerzos. No exagero, era una rebanada Porque tenía que alcanzar para toda una camada.
Contemplando desde lejos y bajo, Cómo desciende un Dios sol sobre un cerro, Hasta aterrizar a orillas de un lago. En esas aguas, el sol se lava su cabello. La comida del pobre El pobre bebe fe como si le estuviesen quitando el vaso, El pobre desayuna y si bien le va, posiblemente almuerza y cena. El pobre labura y come lo que Dios le sirve en el plato. Esperanza, dolor y amor. Con eso el pobre se alimenta.
Y no lo digo yo, revisa las noticias, lo hablan los políticos. No nos vayamos muy lejos, pregúntale a tu vecino, ¿cuántos días de trabajo le cuesta un plato digno?
Mientras que hay inconscientes llamados ricos, Que ni enterados están que comen de nuestros cultivos, Que se aprovechan del pueblo y los acribillan, Llamándoles pobres ratas de alcantarilla.
Le encuentro más valor a tres monedas de níquel, Que me alcanza para el fresco de tamarindo. Que todo el dinero que atora tu tarjeta platino, Ni con todo eso te compras la libertad con la que el humilde vive.
Y esto no lo consideres queja, reclamo, ni tampoco chiste, Está hecho para que ambas partes se identifiquen De ambas partes hay algo que aprender; Del rico a poder a tener, Y del pobre a poder agradecer.
En los senderos empedrados de la muy romántica Antigua, resguardada bajo las faldas del Volcán de Agua, dos almas entrelazan sus caminos, Cómo si el destino estuviera tejiendo güipiles, los entrelazaba con hilos. Ella, tiene la gracia de las flores que adornan La Merced, él, tiene la firmeza de las piedras del temple Santa Catalina.
Se conocieron deambulando en un mercado, ambos bizcados por los colores de tejidos y los cuadros, Y estaban medio sordos por los ecos de una marimba, Percibían sus olores, aunque había atoles y tortillas en cada esquina.
Un choque de miradas fue la premisa de un amor más duradero que la flor de agave, En cada caricia se dibujaba el reflejo de una luna llena En el lago de Atitlán, cada encuentro pintaba en sus memorias un lindo dejavu, pues su amor lo alumbra y lo alimenta la luz blanca de la luna de de Xelajú.
El tiempo pasó, y en su cariño mutuo creció enraizado en la tierra fértil, en su primavera.
Juntos, construyendo recuerdos, compartiendo sueños, como dos quetzales en vuelo, ojalá Que su canto sincronizado Empiece desde lo más alto de la Danta, Atreviese toda Guatemala Y que su silbido descanse encima de aguas saladas.
Dicen que los ojos son el espejo del alma, Y tú iris guarda, un secreto en la mirada, Una luz tan viva, tan pulcra y blanca de color, En tus pestañeos nace un alba que da vigor.
Al fondo de tus pupilas habita una porción, Un cachito al menos del corazón del sol, Me ciegas de bondad, de dulzura y de lealtad, Parecen el faro de Alejandría, en la oscuridad del mar.
Bajaste a la tierra acompañada de tu cielo, Por eso llevas las estrellas en tus lunares, Eso explica la forma y color de tu cabello, Con razón siempre brillas sin aretes ni collares.
Se me eriza la piel al verte, ya sé ¿Será porque tienes un manantial y yo tenga sed? ¿O tal vez mi instinto de oso busca en tus ojos la miel? ¿O quizá porque me activas la vitamina D? ¿Serás ese sueño que despierto soñé?